Para tener la lengua larga hay que tener la cola corta
En la edición de ayer miércoles, esta casa editorial documentó con pruebas, los actos de corrupción que el alcalde de Tuxtla Gutiérrez, Carlos Morales Vázquez, ha realizado con las empresas Integralegal, Sociedad Civil, y Negossia (Instituto de Especialización Profesional Universitas SC), donde en una de éstas aparece como propietario Francisco Ignacio Castillo Acevedo, padre de Marcela Castillo, candidata que impulsa el presidente para la diputación del noveno distrito electoral federal.
Los documentos que se publican demuestran el conflicto de interés en estos contratos por casi seis años que se han concertado puntualmente y donde la suma millonaria se la dejamos para que usted mismo haga cuentas: 208 mil 800 pesos para una y 108 mil pesos para otra, ambas cantidades se erogaban cada mes, sin contratiempos.
Los servicios eran en materia laboral para proporcionar apoyo legal y jurídico que requiera el ayuntamiento en defensa y contingencia”, y la otra para “asesorar al alcalde en servicios de consultoría científica y técnica”. Suena risible que las dos tengan la misma dirección, asentada en los contratos con el Ayuntamiento: 17 poniente sur 406, en la colonia Xamaipak.
Cierto es que nadie debe estar impedido para ofrecer sus servicios a cualquier cliente, lo cuestionable es que el Ayuntamiento se ha gastado más en pagar a estas dos empresas que en lo que pudiera haber resuelto liquidar los laudos laborales con los ex trabajadores.
Fuera de ello, puede gastarse el dinero que quiera y como quiera, lo malo es que ese recurso no es del alcalde sino del pueblo, del que paga sus impuestos para tener mejores servicios urbanos y no que el dinero se tire a las alcantarillas porque a Morales Vázquez le ocupa y preocupa dejar a su persona de confianza que le tape todas sus transas.
Por cierto, eso no dicen algunos de sus jilgueros que cuestionaron en sus redes sociales la publicación, aduciendo que ésta es ruin. La publicación dolió tanto que algunos personeros afines a estos dos secuaces, sólo se dejaron llevar por la imagen que sustentó la información, misma que fue rescatada de las redes sociales, y que en realidad ejemplifica la dupla corrupta que representan Carlos Morales y Aquiles Espinosa.
No se trata, tampoco, de que, porque se está en campaña política o inmiscuidos en el proceso electoral, no se difunda y al mismo tiempo, se exhiba los actos desleales que se pactaron desde hace seis años, pensando en juntar la paga para cuando hubiese procesos electorales, como sucedió en 2021 y sucederá este 2024.
Es muy fácil señalar con el dedo que se cae en la vulgaridad al publicar actos de corrupción para financiar la campaña política de Aquiles Espinosa y Marcela Castillo. Definitivamente se equivocan quienes así lo piensan y lo dicen, pues sus ojos y su escaso conocimiento no visualiza que el verdadero acierto es que se está comprobando con documentos el conflicto de interés en que incurre el Ayuntamiento de Tuxtla y las dos empresas que le “brindan” servicios al municipio.
No hay que dejarse engañar, la publicación cuestiona y al mismo tiempo, por lógica, critica la forma en que opera Carlos Morales para hacerse de recursos públicos para sus alfiles que le puedan tapar sus fechorías realizadas a lo largo de los seis años que lleva al frente del Ayuntamiento.
Esos que se jalan los cabellos acaso han dicho algo sobre los casi 10 millones de pesos que costó la rehabilitación del Parque de La Marimba. Se habrán preguntado si dizque cambiar piso al área lleva una inversión tan onerosa.
Que les pregunten a los empresarios que están ubicados a la redonda del parque si efectivamente valió la pena la supuesta remodelación de este espacio de convivencia social o ya que andamos en esto de la criticada al vapor, porque no cuestiona a una arquitecto o ingeniero para que le evalúe si efectivamente la “magna” obra vale lo que dicen que se invirtió.
Cierto es que no tenemos la verdad absoluta, pero el esfuerzo y profesionalismo se plasma en cada uno de las entregas periodísticas. De hecho, basta con que nos tapen la boca si se demuestra que la candidata a diputada federal no es ahijada del alcalde y el prestador del servicio, Francisco Ignacio, no es su compadre. Este detalle, sin duda no solo huele sino apesta a tufo. Eso se denomina conflicto de interés. Por tanto, la corrupción está a la vista pues para lanzar al estrellato de la noche a la mañana a una desconocida debe tener su fondo económico y este es el caso perfecto de Marcela Castillo.
O también se es ingenuo para callarse que el todavía priista Aquiles Espinosa García y el alcalde tuxtleco, perdón, de Ocozocoautla, Carlos Morales, “no tiran la casa por la ventana” para su promoción descarada y disfrazar reuniones con colonos cuando el primero era todavía secretario de Movilidad y Transporte. Por esto y por muchas cosas más, “para tener la lengua larga hay que tener la cola corta”. Así de fácil










