Estrada, patético y zalamero funcionario de la 4T
Con sus acciones, el titular de la Auditoría Superior del estado, José Uriel Estrada Martínez, parece que se aleja de quien le tendió la mano para empoderarlo como funcionario de la Cuarta Transformación y hoy hasta deja sus funciones como servidor público para agradar al coordinador de los comités de defensa de Morena, y tendérsele a los pies como alfombra.
La política debe estar apartada de las funciones que asume un funcionario, cualquiera que sea su nivel, más cuando se tiene una función específica que debe proyectar la transparencia con la que ejerce su responsabilidad.
El caso del auditor es patético. Deshonra y mancilla la imagen que el propio gobernador ha procurado respetar y es la de cuidar las formas y el fondo en sus acciones para que no se critique que tenga las manos metidas en el proceso electoral.
Cierto, se podrá argumentar que alcaldes con licencia se les vio en los mítines proselitistas que encabezó el precandidato único de Chiapas por la coalición Juntos Haremos Historia, Eduardo Ramírez Aguilar, pero ello dista mucho del cargo público que tiene Estrada Martínez.
Su presencia en los eventos que el todavía presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República presidió en los municipios de Huitiupán, El Bosque y Simojovel el pasado lunes, lo exhiben como un ser ambicioso, que no conoce ni respeta las normas, con tal de hacerse visible y que lo tomen en cuenta para la próxima administración, o de paso, que se le haga realidad para que se pueda colar en alguna diputación por el método de representación proporcional.
Al auditor se le vio haciendo esfuerzos sobrehumanos para colarse en la primera fila. Para él, el lunes, día hábil en su ejercicio como servidor público, no le importó y caminó atrás de la comitiva que acompañaba al líder de la coalición de siete partidos que se juntaron con la intención de llevarlo a la gubernatura de Chiapas.
Estuvo en modo servil y no se inmutó a los comentarios de sus “allegados” que no dejaron de llamarlo un hombre rastrero que deshonra su propia integridad sólo por el hecho de conseguir un “hueso”.
Por lo que hace, le queda a la perfección el calificativo de zalamero, buscándole besar los pies al precandidato, sometiéndose a la voluntad que éste asuma con su persona. Pero no se trata de ello, lo que debe importar es que hay cientos de chiapanecos a la espera de que la Auditoría Superior del Estado asuma su papel de auditor.
Reclaman que el funcionario transparente las cuentas públicas de los alcaldes y alcaldesas, y principalmente de aquellos que son en la vida real sus compadres y algunos otros, su amigo de todas las confianzas y ya en el peor de los casos, compañeros que se cuidan las espaldas tras acordar “moches” para que no sean llevados ante la justicia por las irregularidades financieras cometidas durante este trienio.
En algunas de las fotografías que circularon en las redes sociales y se plasmaron en los medios de comunicación impresos, se le ve al auditor un par de metros atrás del precandidato, haciendo hasta lo imposible por no ser sacado del círculo en que se encuentra.
El hecho no tuviera relevancia si no fuera porque el sujeto no tenía nada que hacer en dicho evento político, asumiendo una actitud “complaciente y aduladora”, dice el diccionario tradicional.
Sin duda que el liderazgo que hoy demuestra tener el precandidato morenistas no significa que lo vaya a acuerpar, que lo vea como uno de sus hombres de confianza en su gabinete de ganar la elección el 2 de junio próximo. Al contrario, comprueba que tipos como el auditor no son de fiar, pues la lealtad que le debió estar demostrando al gobernador Rutilio Escandón Cadenas lo expone como un traidor.
Ayer aduló al mandatario chiapaneco, hoy, cuando aún no concluye su mandado, replica lo de Judas, lo traiciona para buscar acomodo en la próxima administración. Indigna, por donde se le quiera ver, la posición que asume este funcionario de marras.
La verdad es que no se concibe con qué cara pueda presentarse ante el mandatario y sus jefas del Congreso del Estado, donde realmente depende su función mediocre como servidor público de la cuarta transformación.










