Trabajo de la CNDH, un reflejo de lo que es Chiapas, con su ombudsman

Ahora que la presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra, rindió su informe de actividades y anunció la desaparición de la institución porque ésta ya no da respuesta a la ciudadanía, en su accionar hay más preguntas que respuestas al nulo trabajo en defensa de quienes son violentados, asediados y hasta torturados, aunque esta última palabra ya desapareció del diccionario por la sencilla razón de que “ya no hay tortura” en el país.

La nota nacional, sin duda, tiene un efecto dominó para la mayoría de las comisiones estatales, supuestamente defensoras de los derechos humanos, pues en muchas entidades esta responsabilidad del Estado ha quedado a deber.

La señora se molestó porque el ex panista y ex morenista y ahora senador plural, Germán Martínez, le dijo que ojalá hubiese tenido tantita iniciativa de su señora madre para defender las causas de los más necesitados.

Fuera de esta comparación que motivó una respuesta de la ombudsman, quien dijo que ahora, quienes en su vida la denostaron (a su madre) fueron omisos, se coludieron con el poder y con los opresores de este país, el fondo del tema es que la propia “defensora” de los derechos humanos salga con la criminal afirmación de que tiene que desaparecer la CNDH.

Propone otra instancia, pero al final, lo que se ha visto es que no atiende su chamba como es debido, es entreguista, responde a indicaciones supremas, y, por lo tanto, el único desamparado ha sido el ciudadano, el común y corriente que todos los días lucha por salir avante y al que regularmente le toca la peor parte.

En realidad, el fondo de la supervivencia o desaparición de la CNDH, como la de otros tantos organismos autónomos, es político y por tanto apenas se escriben los primeros capítulos de una novela que será algo así como el libro “En busca del tiempo perdido”, considerado el más extenso de la literatura o el más conocido, pero que pocos se animan a leerlo, “Don Quijote de la Mancha”.

Este reflejo del descuido en la atención ciudadana que día a día buscar ser cobijada también se traslada al estado de Chiapas, donde el presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, Juan José Zepeda Bermúdez, “nada de a muertito”. No se nota la presencia ni el trabajo de esta institución en el serial de atropellos a los ciudadanos.

Reelecto en el cargo, Zepeda Bermúdez vive agazapado en un escritorio donde sólo se dedica a ver sus series preferidas, porque eso de atender y encabezar una verdadera defensa de los derechos humanos de la población vulnerada, nunca se verá de su parte.

Por ello la diatriba que enarbola públicamente es una falsa imagen de un funcionario o servidor público en el confort, que ve pasar el tiempo sin despeinarse. No hay tal confianza de la sociedad como él pregona menos que se haya fortalecido el compromiso de la transparencia.

No se ve que esté presente para atender los problemas de desplazamiento forzado por la violencia que hubo en la zona de Chicomuselo, ni se le ha escuchado decir una sola palabra sobre este hecho, que, sin duda, a todas luces se reprueba, pero que ni eso ha podido pronunciar el ombudsman.

Los comunicados oficiales nunca citan la presencia del personal de las visitadurías que tiene en su organigrama la CEDH. Las cifras estratosféricas que enumeran sobre la atención en derechos humanos es una verdadera ofensa para el ciudadano.

O que tome como objetivos institucionales asistir a las mesas de seguridad estatal para tomar el café, o como dicen en los hogares cuando un niño no ha cumplido la edad para estar en la escuela, que vaya de oyente, no significa que se trabaje.

Zepeda asegura que tiene el respaldo del gobernante en turno para hacer su trabajo, pues se equivoca porque en esta actividad autónoma no tiene nada que ver el mandatario pues sería tanto como avalar su pésimo desempeño en una institución donde lo que debe prevalecer, sobre todas las cosas, es que se respeten los derechos humanos de los chiapanecos, y eso no se vislumbra por ningún lado.

Si quiere se pueden empezar a poner ejemplos, pero sólo concluiremos con uno que debería ser de suma importancia: cuántas solicitudes ha presentado al Congreso del Estado para llamar a cuentas a los alcaldes omisos en la aceptación de una recomendación o en la violación de los derechos humanos que tienen los cientos de trabajadores a los que se les ha mancillado, pisoteándoles sus derechos. Si la CEDH ha hecho esto en pro, entonces agachamos la cabeza, pero como no es así, el presidente seguirá viendo tele, y que el mundo ruede. Total, qué más da.

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