Buen inicio, que ERA haya tendido puentes de unidad con la prensa
Un buen gesto el realizado por Eduardo Ramírez Aguilar para reunir a los miembros de la prensa en la capital chiapaneca. Un encuentro significante porque el que seguramente será el nuevo gobernador de Chiapas está consciente que debe ser aliado de los medios de comunicación, pues un gobierno que se desentiende de éste estaría destinado a caminar sin reflectores, sin identidad, y, sobre todo, sin credibilidad en sus acciones.
Sin embargo, lo más importante que los compañeros de la prensa le plantearon al candidato de la coalición Juntos Haremos Historia es que no se finja una libertad de expresión, pues se ha tenido la experiencia de que una vez que llegan al poder, la cerrazón al acceso a la información oficial es la particularidad que ejercen, pues se niega la entrada a los eventos institucionales y al registró de los acontecimientos que se presentan durante la administración estatal.
No basta con que las administraciones públicas tengan una relación institucional con las jerarquías o dueños de los medios de comunicación sean estos impresos, radio, televisión y en los nuevos tiempos, con periodistas independientes, páginas virtuales y redes sociales.
La mejor referencia de que un gobierno va por el camino correcto o el equivocado, es por la participación de los representantes de los medios de comunicación, y no es que éstos sean dueños de la verdad, pero sí el referente para que se conozcan hechos que conducen a transparentar el funcionamiento de los servidores públicos, que se respeten los programas sociales, que haya honestidad.
Ramírez Aguilar sabe que los comunicadores o periodistas no son enemigos del gobierno, al contrario, los hombres y mujeres que ejercen esta noble profesión, sólo cumplen con su función de informar de manera objetiva, pero también el candidato tenía que saber de propia voz, las peripecias con lo que la inmensa mayoría padece al no tener prestaciones laborales, derechos en sus funciones dentro de la casa editorial en la que laboran.
Si Ramírez Aguilar asumió el compromiso de no ser el enemigo de los medios de comunicación, entonces tiene más valía su apertura hacia éstos y no necesariamente se tiene que interpretarse ésta como una relación comercial entre gobierno y la prensa, sino en no trastocar esa libertad para informar sin cortapisas, sin obstáculos.
Al final del día, no se ha logrado comprender que el compromiso inicial es con los lectores, con los radioescuchas, con el auditorio de televisión o con la interacción que ejercen las redes sociales. Cada uno de estos sectores ejerce su función y debe respetarse pues en la medida en que haya mayor interdependencia, las relaciones toscas u ofensivas tendrán que irse compenetrando en su realidad.
En los gobiernos pasados, cuando el PRI llevaba la batuta, los encuentros con los medios de comunicación en todos sus niveles era un aliciente para tirar las cartas a la mesa y desde ahí trabajar en cordialidad. Es decir, se generaba información, se publicaba la postura del gobierno sobre equis suceso y a la par se permitía que el medio difundiera la versión no oficial.
En época remotas, el periodista tenía la ventaja de acceder a la oportunidad que brindaba el gobierno de darles viviendas, por citar un ejemplo, pero ello quedó para la historia, pues incluso se tiene la mala experiencia de que algunos renombrados comunicadores que se han adelantado en el camino de la vida, dejaron a su familia en el desamparo, en la orfandad, sin un seguro de vida para que los hijos de éstos, pudieran salir adelante.
Hoy resalta que el candidato del partido en el poder se haya comprometido a gestionar que los comunicadores tengan acceso a los servicios de salud y principalmente, se les brinden las garantías para desempeñar sin peligro sus actividades diarias.
Ojalá que su compromiso de tener una relación de respeto y de amistad con los medios, y con los que no se pueda, no actuar como el peor enemigo, dice mucho, no porque lo diga el mismo Ramírez Aguilar, sino porque en los sexenios pasados, los gobernantes no tuvieron la delicadeza de respetar la comunión que debe existir entre autoridades y trabajadores de la información.
Qué bueno que los episodios de desprecio como los que ejerció Juan Sabines Guerrero, que llegaba 10 horas después a sus eventos, hayan quedado para la historia y sea el propio candidato el que tienda los puentes de unidad y trabajo coordinado con los representantes de los medios de comunicación.










