Así qué chiste!

A lo largo de su historia, México ha sido un país que no se dobla, que ha resistido con estoicidad los embates del poder político y económico que han dominado al país. Las crisis económicas provocadas por el mal manejo de la política social de los gobernantes en el pasado no le han hecho mella a la población, que, aunque sufre, se levanta de las zancadillas que la vida le pone en el camino.

Mucha de éstas, provocadas por los pésimos gobiernos donde los mexicanos han visto como los presidentes de México se van forrados de dinero para vivir el resto de su vida, al lado de sus familias, como virreyes.

Historias son innumerables y donde también entran los funcionarios de primera y segunda clase, por llamarlos de alguna manera. Los mexicanos aguantan vara y las transas de quienes se ven evidenciados en los medios periodísticos lo toman, al final de cuentas, con buen humor que se refleja en las sobremesas y hoy, generalmente, en las redes sociales donde se desahogan.

En el pasado y en el presente, la misma situación prevalece. Antes con el descaro del mundo no se responsabilizaba a los que cometían fraudes, a los que acuñaban fortunas. Su vida de placer, paseando por el mundo, disfrutando de los mejores vinos, fue y ha sido, el mejor reflejo de que han sabido sacarle raja a sus empleos gubernamentales o de líderes sociales.

Líderes partidistas, religiosos, de organizaciones, secretarios de Estado, diputados, senadores y presidentes de la República, por citar unos ejemplos, se han dado el lujo de desaparecer de la vida pública, disfrutando de sus fortunas hechas a costa de la confianza ciudadana a quien defraudaron con sus acciones.

Esta situación no ha cambiado. La gente sigue dándole el apoyo a quien le va a prometer mejorar sus condiciones de vida en sus pueblos. La esperanza es la única que no muere pues a pesar de los pesares que la historia registra, el voto sigue siendo útil para quienes han sabido aprovechar la labia para convencer a incautos.

O mejor aún, muchos se alían con los verdaderos líderes, y bajo su sombra, ya en el poder, se dedican acumular fortunas a través de negocios fraudulentos que no tienen la aplicación de la ley, justo porque los jefes son funcionarios de primer nivel y hasta representantes del poder Ejecutivo, ya no se diga si intervienen el Legislativo o el ya subordinado Judicial.

Sin ir muy lejos en este gobierno se ha difundido reportajes donde se detallan las corruptelas de los hijos de Manuel Bartlett, las comprobaciones sobre que Amílcar Olán, joven “empresario” de Tabasco, se ha hecho super millonario a costa de las obras que se realizan en el Tren Maya y otras más que el gobierno federal ha impulsado; o las acusaciones que un empresario hizo contra Rocío Nalhe, la hoy gobernadora electa de Veracruz, a quien acusan de enriquecerse, tener propiedades al por mayor, producto de sus “gestiones” que hizo al frente de la Secretaría de Energía, y principalmente durante la construcción de Dos Bocas, en Tabasco.

La negativa gubernamental de que no hay pruebas, es la respuesta a los testimonios y registros documentales en video y audios que usted puede encontrar en las redes sociales, pero que no son suficientes para iniciar una investigación. Quizás esto último porque la que emprendió las querellas fue la candidata presidencial derrotada, Xóchitl Gálvez.

Justo todo este panorama que ensombrece la política la padecen los mexicanos, pero lo que es mejor, lo toma con humor, con resignación. Se vuelven chistes, se componen canciones, corridos y lo que usted mande, diga e imagine.

Las tertulias son el mejor antídoto a la depresión, a las flaquezas que se padecen todos los días, a la lucha frontal que los padres de familias realizan para lograr tener unos pesos para darle de comer a sus hijos.

Todo esto forma parte del folklor cotidiano y que la sociedad mexicana, en su gran mayoría lo vive, discute y se mofa, pero que hoy, en los últimos años, también se le coarta al negarles ponerse de buen humor para dar el Grito de Dolores la noche del 15 de septiembre, al negarles la compra de su chela o trago preferido al lado de la familia, de los amigos.

Esta práctica de no fomentar el “vicio” para no generar momentos de inestabilidad producto del consumo del alcohol, no se asimila ni se entiende cuando el país vive momentos álgidos de violencia por el control de plazas entre grupos armados. En sondeos realizados por esta casa editorial, la ciudadanía lamenta la decisión política pues, asegura, así qué chiste.

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