Migración, rebasada; caravanas con sentido político
El gobierno federal enfrascado en sus pleitos políticos con el Poder Judicial o distraerse en quién se llevó a los Estados Unidos al narcotraficante Ismael “Mayo” Zambada, pidiéndole explicaciones al gobierno norteamericano, ha perdido el rumbo en el tema migratorio, un fenómeno que no sólo tendrá serias repercusiones con quien haya resultado triunfador en la elección presidencial del país vecino del norte, sino porque todo parece indicar que la política se endurecerá conforme pasen los días y el ganador o ganadora se asiente en su silla a aplicar su plan que ya debe estar afinado.
Al expresidente Andrés Manuel López Obrador le resultó benéfico a medias utilizar las caravanas como punto de partida para negociar los apoyos del país norteamericano para contener la entrada de miles de personas a dicho país.
El mismo Donald Trump ha evidenciado al gobierno mexicano de cómo lo obligó a blindar la frontera norte cuando estuvo de presidente. La instrucción del ex mandatario de resguardar la frontera con cerca de 5 mil elementos de las fuerzas castrenses fue el claro ejemplo de que había que actuar.
A cuatro años la situación se visualiza más delicada pues es indudable que Joe Biden fue, al final de cuentas, complaciente en sus medidas migratorias, aunque no dejó de expulsar un solo día de su administración a miles de extranjeros, los cuales se dejaban a la deriva en la frontera sur o incluso en la misma frontera mexicana del norte.
Que ayer hayan salido dos caravanas desde las ciudades de Tapachula y Tuxtla Gutiérrez, las cuales se anexan a tres que actualmente están atravesando el territorio oaxaqueño, no es nada casual pues lo que se infiere es que se quiere aplicar el mismo modelo Obradorista, para tener el argumento de poder negociar las bravuconadas de Trump y Kamala Harris, quienes no perdieron la oportunidad de fijar una dura postura en el tratamiento del tema migratorio para con México.
La contención de miles de personas que “invadieron” Chiapas tenía este propósito, aguantar lo más que se pudiera para que llegado los tiempos electorales de Estados Unidos, permitirles caminar por el país, en tanto las autoridades de Relaciones Exteriores se sientan a negociar con las nuevas autoridades.
Lo que no se vale es que el Instituto Nacional de Migración (Inami), principal institución que debe enfrentar las políticas migratorias, desaparezca y permita a los migrantes se rieguen como hormigas por todos municipios de la costera y ahora también la capital chiapaneca.
Si intervinieran en resolver los problemas sociales, económicos y hasta sanitarios que provoca la estancia de números grupos en las ciudades, su funcionamiento como institución sería menos cuestionado, pero deja solas a las autoridades locales, las que tienen que medio intentar resolver las condiciones de insalubridad en las calles.
No se diga, además, de las pérdidas económicas que han provocado en cientos de negocios que han tenido que cerrar por seguridad y por qué las familias se apropiaron de las banquetas e incluso de las entradas principales de los hogares.
Un lugar con plusvalía que han tomado por asalto ha sido instalarse en la parte baja del puente a desnivel, recién construido sobre el Libramiento Norte Oriente, a la altura de la Torre Chiapas, el cual cuenta hasta con espacios infantiles, mismos que son el “deleite” de la niñez, mientras sus padres se dedican a pedir “limosna” limpiando parabrisas o vendiendo dulces a los automovilistas.
En Tuxtla, la zona comercial de Plaza Sol, la Cuarta Oriente, mejor conocida como la carretera a Villaflores, el Parque Santo Domingo, y las colonias Lomas del Venado y otras más que se localizan en las inmediaciones de las oficinas del Instituto de Migración, tienen ríos de gente que espera pacientemente que les extiendan sus visas o documentos temporales para cruzar el país.
Sin embargo, esta es una trampa por todos conocida, debido a que los migrantes son bajados, arrestados y deportados, de los camiones que utilizan para transportarse, simplemente porque no le hacen válido su “documento oficial” que les extiende el Inami.
A ello agréguele que tarde se han dado cuenta que estaban mejor en sus países de origen, pues en su aventura por transitar México, se encuentran con organizaciones criminales que les quitan el poco dinero que tienen, y les “ofertan”, bajo amenazas, entrar a sus grupos.
Se podría decir que Tuxtla respirará de la presencia de cientos de migrantes, tomando en cuenta que mañana sale otra más de la capital, aunque el mismo viacrucis se traslada a las poblaciones que encuentren a su paso rumbo al norte del país, donde seguramente no llegarán, pues la autoridad se encargará de irlos disolviendo. Por ahora el propósito es presionar. Veremos qué sucede y cómo actúa la presidenta de México en este tema tan controversial.










