El rejuego político en las dependencias

Este jueves quedó para la historia el registro de la desaparición de siete organismos autónomos, sí, aquellos que en los tiempos en que el hoy gobierno era oposición, exigía que se crearan y se fortalecieran para que acabase la corrupción que imperaba en las administraciones del régimen priista.

Ahora se eliminan estos organismos porque no combaten la corrupción y por ser muy onerosos al erario público, dice la Cuarta Transformación, y en esta transacción resulta incomprensible, que el mismo Congreso de la Unión haya aprobado la creación de nuevas dependencias.

Entonces, ¿en qué quedamos? Se trata de ahorrar recursos o de eliminar lo que se es incómodo. Por lo menos en apariencia parece que a la Cuarta Transformación no le gusta ni tantito que algunos de estos organismos hasta ayer autónomos -falta sólo los procedimientos jurídicos para que sea oficial, como el que se publiquen las resoluciones en el Diario Oficial de la Federación-, hayan sacado a relucir algunos temas de corrupción como el gran fraude de Segalmex o el conflicto de interés en que se cayó con la famosa Casa Gris de Houston, sólo por citar un par de ejemplos.

El Senado avaló la propuesta de crear la Secretaría de las Mujeres; la de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación; así como la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones. Si es así entonces parte del recurso que tenían los órganos autónomos se redireccionarán hacia estas nuevas instituciones oficiales.

Morena, el PT y el PVEM decidieron apoyar con 347 sufragios a favor la eliminación de siete instituciones no gubernamentales sin que los 128 legisladores de oposición pudieran hacer algo para impedirlo, sólo registrar en el Diario de los Debates sus posturas de rechazo.

Significa ello que pasan a mejor vida el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y el Consejo Nacional de Evaluación de Políticas de Desarrollo Social (Coneval), como entes autónomos.

Además de desaparecer a los órganos reguladores coordinados en materia energética como la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y adicionalmente el organismo público descentralizado Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu).

De qué sirve que las instituciones referidas se hayan bajado los sueldos o disminuido sus programas de trabajo. Eso no quería ni le importaba a la 4T. Si sumamos los 266 millones de pesos que se bajó Mejoredu; los 123 del Coneval; los 85 delo CRE 85; la CNH redujo a 32.9 y los 18.1 millones de pesos del INAI, son una buena lana que no interesan. Es más, no está a discusión lo que representan en recursos, aunque ello sea el argumento principal presentado de que son onerosos, sino los resultados que no le agradaban al gobierno en el poder porque no eran compatibles a su proyecto, al contrario, los evidenciaban.

Dicen en el pueblo que estas maniobras con las que se para el cuello Morena y sus aliados es “la misma gata solo que revolcada”, aunque ya encarrerados y viendo que “fue santo y voluntad” de los morenos las modificaciones a la ley y en la desaparición de las dependencias autónomas, habría que esperar si la transparencia será respetada para darle certeza a las denuncias de los ciudadanos.

México se encuentra en un proceso de cambio que está experimentando en carne propia su población y será ésta la que vaya paso a paso experimentando si la política interior les es benéfica o si fueron tomados como conejitas de indias.

La redistribución de las actividades que se hacían en estas dependencias que han dicho adiós se pondrán a prueba en los próximos meses, aunque ya los especialistas, los grupos contrarios al gobierno, así como los partidos opositores, han dado a conocer que tarde se ha dado cuenta el pueblo de México que el gobierno ha manipulado la intención del voto que obtuvo en las urnas.

Mientras sean peras o manzanas, hay que tener la esperanza de que los postulados e instrucciones dictadas por el anterior jefe de Estado, no fueron dedicados con “dardos somníferos”, sino basados en una política transformadora de lo que México requiere para salir adelante en su desarrollo.

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