A petición de tregua, unir voces para que pare el sonido de las balas asesinas

Las masacres registradas en los últimos meses en México han puesto en tela de juicio la eficacia que debería haber demostrado la autoridad judicial para poner un hasta aquí a la barbarie. Hoy en México los esfuerzos que ha realizado la súper poderosa Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana no han sido suficientes, aunque habría que aclarar que, a dos meses y días de la actual administración, los resultados que se han ventilado públicamente son, por mucho, mejores a lo realizado en todo el sexenio anterior.

La violencia, pese a ello, no tiene descanso y en varios estados del país, ha puesto en jaque a las autoridades que no han podido controlar la vorágine de enfrentamientos que solo han traído muerte y desolación.

Esta situación preocupa y ocupa al gobierno, pero éste no ha podido restablecer el orden. De ahí que una situación que parece fuera de control o que sea considerada una barbaridad o incluso un hecho poco probable, es que la Iglesia Católica, con la fuerza moral que tiene, se haga presente para “rogar” a los cárteles de la droga, a hacer a un lado su ego de poder para que haya una tregua en el “cese al fuego” para este 12 de diciembre, fecha en que la mayoría de los mexicanos se vuelcan a los templos, a celebrar a la Virgen de Guadalupe.

Sin ir muy lejos, la intervención de la Iglesia en el conflicto zapatista fue eficaz, ayudó, a través de la Diócesis de San Cristóbal, para no más derramamiento de sangre. Su vocación pacificadora ha tenido intervenciones cruciales, aun a costa de su propia investidura, pues ha sido señalada de que al interior se han cometido delitos graves en detrimento de los propios feligreses, pero eso tiene otra connotación donde se sindica a los párrocos o jerarcas con otro puesto dentro de la grey católica.

La petición de la Iglesia tiene fecha de caducidad, pues ésta lo ha solicitado para mañana jueves 12 de diciembre y para los días 24 y 31 de diciembre. En el primer caso se pide para no exponer a los creyentes que arriban a los templos donde se venera a la Virgen de Guadalupe, y en los dos siguientes por la Navidad y la festividad de Año Nuevo.

Apelar a la misericordia de quienes están involucrados en los grupos delincuenciales tiene una importancia relevante. De antemano ninguna de estas organizaciones saldrá a dar la cara para fijar su postura de que acata o no la petición, pero ojalá no sólo se solidaricen con este llamado, sino que empiecen a considerar que es un buen inicio para empezar a ver que las cosas pueden volver a la normalidad, donde la convivencia social y pacífica sea el arma vital para sanar heridas.

La Arquidiócesis Primada de México pide tregua, una pausa, una interrupción en sus metas de avasallamiento a los grupos del crimen organizado. México en verdad que requiere respirar paz, tranquilidad, pero esta no sólo compete tomar en cuenta a los que llaman los malos, también nuestro sistema político mexicano está en terapia intensiva.

El control desmedido de las instituciones, el buscar tener el dominio, el hacer lo que esté a su alcance para someter a la oposición, debe ser el reproche generalizado del pueblo de México para quienes creen que gobernar bajo este esquema es lo mejor que le puede pasar a México.

No estamos para más equivocaciones. Hoy lo que sucede alrededor del mundo es un claro ejemplo de que lo que empieza mal, termina peor, sino que se le consulte al gobernante de Siria, quien después de 50 años de sometimiento a su pueblo, tuvo que huir.

De ahí que pedir que las armas no sean accionadas y se frene la violencia y como dice el Episcopado mexicano, ojalá sea también un paso a la reflexión para que la grey política “dejen de lado la polarización y entrar en un periodo en el que prevalezca el respeto y el diálogo”.

Ojalá que esto sea el despertar de un largo sueño para que la paz duradera sea el siguiente paso para recomponer la justicia social. Entendemos que sea un “sueño guajiro”, pero al fin de cuentas, una esperanza a la que no debemos dejar de acogernos. 

Ahora que, si no se le hace caso al llamado reflexivo de la Iglesia Católica, ojalá que el ídolo del boxeo mexicano, Julio César Chávez, tenga la suerte de que los cárteles que luchan entre sí y sin piedad en Sinaloa, y que lleva más de tres meses de enfrentamientos, se acojan a la petición de que las armas ya no disparen más.

También creemos que son gritos desesperados que retumbarán en las ondas sonoras que deambulan en el limbo, pero también hay que reconocer que no hay peor lucha la que no se hace.

Ojalá que estos esfuerzos hagan eco en la sociedad mexicana para juntar sus voces y gritar a los cuatro vientos que pare el sonido de las balas para siempre.

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