Editorial
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nos trae en jaque, bueno, a las autoridades federales que llevan el destino de nuestro querido México, quienes ya no ven lo duro sino lo tupido por las quejas de que la política financiera y de combate a los grupos terroristas le afecta directamente al país vecino del norte. Es decir, llanamente nos pasan a traen hagan lo que hagan.
Para el magnate, los grupos delincuenciales están coludidos con políticos pesados, que niegan tener relaciones fuera del orden constitucional. Lo cierto es que esa verdad o mentira, tarde o temprano se sabrá la realidad que tanto se pregona en redes sociales y en medios informativos conservadores, sí, donde esa minoría son tachados de traidores a la patria.
Cada que amanece, en México en lugar de ver por cualquier cosa que rodea el desarrollo del país, se está monitoreando qué dirá o con qué jalada saldrá el presidente Trump y lamentablemente, todo, o casi todo lo que diga, repercute, le pega a México, y principalmente, lanza el mensaje de que hay confabulación.
Para nadie es un secreto que el gobierno del considerado dictador Nicolás Maduro, de Venezuela, tiene una relación muy cercana con algunos políticos de izquierda, o los llamados transformadores de la nación, y justo ahora que Estados Unidos lanzó la grave acusación de que el presidente venezolano tiene nexos directos con el Cartel de Sinaloa, la situación se pone pesada y a muchos no les gustaría que su nombre se relacione con este personaje que domina en la producción de petróleo en el mundo.
Esa defensa a ultranza que se ha hecho de la política que se aplica en Venezuela salta como anillo al dedo porque si Estados Unidos señala que hay conexión de Maduro con el crimen organizado de México, entonces muchos de los aludidos querrán que se los “trague la tierra”.
El que los Estados Unidos haya ofrecido 50 millones de dólares por la cabeza del dictador abre la pausa para pensar en por lo menos una pregunta directa, ¿quién sería el enlace que tuvo el presidente con los que mandan en el Cártel de Sinaloa?
Claro, en el hipotético caso de que lo que asegura el país norteamericano sea verdad, pues ya se conoce como se las arreglan para castigar a sus adversarios que afecten sus intereses.
El anuncio de la recompensa lo hizo la fiscal general estadounidense, Pam Bondi, en un video publicado en la red social X, quien acusó que Maduro recurre a “Organizaciones Terroristas Extranjeras, como el Tren De Aragua, el Cártel de Sinaloa y el Cartel de los Soles para traer drogas mortales y violencia” a Estados Unidos.
El tema es por demás interesante y toca fibras muy delgadas que podrían dar a pensar que en este entramado de los conectes, debe haber alguno que ya debió haber puesto sus barbas a remojar, no para que lo culpen, sino por haber reconocido públicamente que es amigo del dictador, en cuyo país, por cierto, las elecciones recientes le dieron un triunfo avasallador que nadie cree haya obtenido de forma legal en las urnas.
Todo un ejemplo de corrupción lo que pasa con la dictadura venezolana, pues los hechos así lo evidencian.
En el fondo, Estados Unidos busca acabar con el gobierno de Venezuela no porque Maduro este coludido con algún grupo criminal de su país o como lo acusa, de México, sino porque es el pretexto perfecto para que «ruede» la cabeza del dictador y con ello provocar la caída de dicho imperio y aprovecharse de los recursos de dicho país.
Según la fiscal, el jueves, la Agencia Antidrogas (DEA), “confiscó 30 toneladas de cocaína ligadas a Maduro y sus socios, con casi 7 toneladas ligadas al propio Maduro”, lo que, dijo, representa “una fuente principal de ingresos para los cárteles asentados en Venezuela y México”. Son 700 mil millones de dólares en activos ligados a Maduro, incluyendo dos jets privados, nueve vehículos, y más”, según
Bondi.
Hoy Maduro es considerado por los Estados Unidos “uno de los narcotraficantes más grandes del mundo y una amenaza para la seguridad nacional”.
Será el sereno, como dicen en México, pero de esta ya va estar difícil que se libre el ‘cae bien’ de Nicolás Maduro.










