Editorial
La intención fue buena, pero el resultado será igual o peor, porque eso de que el Instituto Nacional Electoral (INE) pidió una prórroga al Congreso de la Unión para que la elección de los magistrados, ministros y juzgadores del Poder Judicial Federal, programado para junio de 2025, está tan deschavetado como algunos de quienes nos representan en las cámaras de Senadores y Diputados.
Primero, sorprendió a los propios integrantes de Morena y sus aliados, y segundo, porque simplemente el gobierno no se disparará en el pie para cambiar o prolongar fechas, si lo que hizo desde un inicio fue una lucha contra el tiempo para aniquilar a los juristas.
Por ello ahora que diga la presidenta del INE y “simpatizante” de Morena, Guadalupe Taddei, que deben tener más tiempo para poder organizar la celebración de la elección popular del Poder Judicial, suena ilógico que salga con esa jugada pues no se le autorizará.
Y no se le dará el visto bueno a su propuesta porque, como ya se sabe, habría que hacer cambios en la Constitución y ello no le conviene al propio gobierno. La elección va y lo que es peor, no será con el presupuesto inicial solicitado, así es que el INE tendrá que acogerse al recorte de unos seis mil millones de pesos que le hará el Senado de la República a su proyecto estimado de más de 13 mil millones de pesos.
Cierto es que la jornada electoral judicial se hará en tiempo y forma, pero no será democrática, no tendrá el INE la capacidad para instalar las casillas programadas. Incluso ya adelantó que se trabajará en la conformación de centros de votación, lo que significa que si antes, en una jornada normal un ciudadano tendría que desplazarse tres a cinco cuadras para llegar a su casilla, ahora tendrá que tomar transporte o mínimo, triplicar el tiempo de recorrido para llegar al lugar donde se encuentre el módulo.
La situación es risa, pero, sobre todo, representa un serio problema de credibilidad tanto para el INE como para quienes promovieron esta iniciativa o cambio en la Constitución para celebrar comicios, pues nadie tendrá la mínima intención de ir a votar de entre unos 200 candidatos si ni los conoce ni le interesa.
Si el objetivo es acabar con la corrupción que prevalecía en el Poder Judicial, este punto pasará a segundo término, porque lo que importa ahora es que la gente salga a votar y con ello se refrende el discurso de que fue el pueblo de México, el que, con su sufragio del 2 de junio pasado, pidió a gritos que se eligieran por voto popular a los representantes del Poder Judicial.
La locura será en la cancha del INE, que primero tiene el propósito de crear distritos electorales para concentrar los centros de votación masivos y con ello disminuir el problema de la instalación de casi 170 mil casillas en todo el país.
Además, quienes acudan a elegir a sus jueces, magistrados o ministros, sabrán en el acto que estos representantes sociales seguramente nunca los volverán a ver en su vida y de ellos o ellas no recibirán un servicio judicial, jurídico, económica, comercial, de telecomunicaciones o una asesoría en materia mercantil, penal y demás temas que maneja está especializada institución, los cuales, por cierto, no están al alcance “ni los viene manejando” el grueso de la población.
Si hoy en día a la gente no le interesa lo que hacen los políticos en la Cámara de Diputados o en la de Senadores, menos que les preocupe una elección indeterminada, oscura, imprecisa. La realidad es que será una jornada desinformada, donde los electores no sabrán ni por quién van a votar.
Bajo este contexto, no es que se sea negativo con esta propuesta que se fue tejiendo poco a poco por la anterior administración y que la Cuarta Transformación le da continuidad. Lo que se visualiza es que llegarán a las urnas aquellos que están comprometidos o serán obligados por el gobierno porque reciben los famosos programas sociales.
Se entiende que esa será la respuesta que ya tiene asegurada Morena, pero que no le alcanzará para que la elección tenga el crédito ante la sociedad de que serán una limpias, transparentes y democráticas. Sin embargo, quién cree que a los políticos y actores gubernamentales les importa esto, se equivoca.
Por lo pronto, el tiempo le va ganando la partida al INE para organizarlas, como la que hace en una elección presidencial. A ello agréguele que, sin el dinero para darle certeza a la elección, la que saldrá raspada será Guadalupe Taddei.
Los analistas políticos señalan que la elección judicial tendrá un voto desinformado que conducirá a una elección no democrática, y, por tanto, en este manoseo de la política, se está anteponiendo el capricho de un ejercicio que no tiene pies ni cabeza. En resumidas cuentas, la bravuconada del INE de intentar sorprender al gobierno con la prórroga, los obligará a sacar la chamba, con menos paga y co










