La rata de Sabines y su deuda bursátil que ahoga el desarrollo de Chiapas

EDITORIAL

A escasos ocho meses de haber asumido el poder, es de aplaudir la labor de la Secretaría de Finanzas del Estado, para actuar de manera responsable en el gasto público, con mesura, efectividad y con una reducción considerable a la deuda pública, una herencia bursátil desde el gobierno de Juan Sabines Guerrero en 2007, que ha sido desgastante y ha golpeado la economía de Chiapas al estar hipotecados hasta el 2027.

Manuel Pariente Gavito dio a conocer aspectos importantes, al menos de renegociar la deuda y finiquitarla en 11 años aproximadamente, es decir, que para 2037 será liquidada, lo que demostraría una pérdida económica considerable que los chiapanecos están pagando.

Si bien esta administración está llevando las finanzas con cierta mesura y responsabilidad, blindando contratos y delimitando con transparencia el presupuesto, al final esa factura de endeudamiento, por esa utopía absurda de los “desarrollos del milenio”, el gobierno de Chiapas desde hace más de una década está atado de manos.

¿Cuántas oportunidades Chiapas ha perdido? En infraestructura, educación, cultura y demás ámbitos; la situación más lamentable de este endeudamiento lo vimos en administraciones pasadas que, bajo la excusa de “no hay dinero” muchos buenos proyectos tan sólo fueron una promesa y si vemos el estado en que operan ciertos edificios gubernamentales, da mucha tristeza y coraje, ya que varias instalaciones se caen a pedazos.

¿Y el responsable? Bien gracias, anduvo de parranda y hoy se desempeña como cónsul, como si sus acciones y decisiones que comprometieron el futuro de los chiapanecos, no tuvieran consecuencias; jamás, hubo represalias o castigo hacia sus actos de corruptelas. ¿Por qué será que aún sigue bajo el manto protector de la Cuarta Transformación?

Al igual que el flautista de Hamelin y un hábil encantador de circo, el ex gobernador Juan Sabines Guerrero, con su idea de llevar a Chiapas al nuevo milenio, comprometió su futuro, no sin antes dar atole con el dedo a la población.

El despilfarro fue descomunal, si nos ponemos a pensar Sabines tuvo la premisa del “greenwashing”: su supuesto biodiesel junto con su planta de producción que sólo fue vende humo y jamás entró en operaciones; tampoco dejar de lado esa palma de coco, donde se extraería el aceite y componentes del combustible que sería “ecológico”.

Se nos pasó ¿Aquellas aldeas autosustentables? Sólo fueron el pretexto para dejar “elefantes blancos” y terrenos baldíos que, solo demostraron la poca viabilidad de proyectos ecoamigables. Desde luego, esa idea de alcanzar los supuestos “objetivos del milenio”, empeoraron nuestra situación pues estábamos mejor antes sin las pretensiones utópicas, las cuales más de tres lustros después estamos pagando como si se tratará de un producto inservible y de poco uso que nos ahorca en el buró de crédito de la federación.

Pero eso sí, el flamante cónsul en su último año fue tan cínico que mando a poner bustos, incluso de gran tamaño, como reflejo de su vanidad y ego, que de nada le sirvió para estar a la altura del reto que fue gobernar Chiapas.

Por otro lado, recordemos como Sabines a través de un libro de texto distribuido en los niveles de educación básica y media superior, en los últimos meses de su administración, de manera sesgada, nada imparcial y con cierto afán de mostrar sus irrisorios logros, se autonombró como el “mejor gobernador de Chiapas”: cinismo y prepotencia en su máximo esplendor.

En lo que respecta a las acciones de esta Nueva ERA, las auditorías y los candados que la Secretaría de Anticorrupción establecieron para no cometer los mismos errores del pasado, permitirán que la entidad pueda generar finanzas sanas que, abonen al desarrollo colectivo y no a los bolsillos de unos cuantos.

Es vergonzoso que, por culpa de otros, esta administración esté atada de manos para realizar proyectos; por supuesto, es de aplaudir las medidas de pago por parte del gobierno que encabeza Eduardo Ramírez Aguilar, para no generar intereses y que los proyectos de desarrollo tomen su curso sin contratiempos, pero qué necesidad de pagar las consecuencias de mentes enfermas, que se creyeron superior y resultaron ser unas verdaderas ratas del erario público.

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