Editorial
Las denuncias contra José Luis Díaz Selvas no son de ahora. En otras entregas se ha dado cuenta que el gran negocio de su vida, su mina de oro, es nada menos que manejar a su antojo las cuotas sindicales de la Sección 50 de Salud.
Toda su vida ha estado incrustado en esta dependencia, de donde se ha hecho millonario. No hay trabajador sindicalizado de la Secretaría de Salud que desconozca el modus operandi de este sujeto, aunque también no ha habido secretario de dicha dependencia que le haya hecho mella a sus ambiciones de poder.
Cuando así fue, organizaba a la base trabajadora y con engaños, los obligaba a protestar, a manifestarse, a realizar paros y bloqueos en detrimento de la salud de la población, la que al final quedaba en el desamparo al limitarse los servicios que el Estado debería brindar.
En la Secretaría General de la Sección 50 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud el abuso de poder, el tráfico de influencias, son el pan de todos los días. Los negocios en la distribución de plazas han hecho que este sujeto se despreocupe por el resto de su vida y la de su familia más cercana.
Las denuncias de corrupción y nepotismo están documentadas y no sólo se practican a nivel central, sino que en todas las áreas y jurisdicciones sanitarias se cuecen habas.
Quién se atreverá a transparentar los años de corrupción en los que incurre el vitalicio dirigente que tiene una de sus plazas en el hospital “Gilberto Gómez Maza”, donde no llega a trabajar porque su función como líder sindical se lo impide.
Por lo que sabemos de los propios trabajadores, este dirigente no hace otra cosa que transar y descuidar la defensa de los derechos laborales de las enfermeras, enfermeros, doctores, doctoras y demás plantilla que está adscrita a cualquiera de las áreas o departamentos del sector salud.
El hartazgo y la impotencia parece que está por desbordarse, aunque los hombres y mujeres que han alzado la voz de forma anónima, tienen miedo de ser despedidos o relegados en sus funciones, sin derechos que valgan para hacer valer su condición que le brinda la ley.
Estos hombres y mujeres se mueren de vergüenza que su líder sea un bueno para las transas y con pruebas, demuestran que las ventajas que da ser líder sindical se reflejan en la nómina y en uno que otro negocio que, tras bambalinas, se opera para beneficio de quienes están dentro de las carteras que tiene el sindicato.
El que Díaz Selvas cobre 113 mil 250 pesos divididos en dos plazas que tiene como médico general C del IMMS-Bienestar, con un valor de 55 mil 999 pesos y la segunda como doctor general C en el Hospital “Dr. Gilberto Gómez Maza” con la módica cantidad de 57 mil 251 pesos con 50 centavos, es en verdad, sin que se preste a juego, una reverenda mentada de madre.
Claro, el negocio no para ahí. La denuncia abarca que su parentela esté incrustada en la nómina de la Secretaría de Salud con plazas que se extendieron con el beneplácito de anteriores titulares de la Secretaría.
Los hermanos José Juan, Rafael y Juan Nangusé Díaz, sobrinos del dirigente, hacen honor al nepotismo. El artículo 63 Bis de la Ley General de Responsabilidades Administrativas, en materia de combate al nepotismo y fortalecimiento del Sistema Nacional Anticorrupción, lo prohíben y lo castigan.
Esto en teoría, porque en la práctica, los jóvenes se burlan de la autoridad pues mientras haya el respaldo del jerarca sindical, no hay nada que preocuparse, dicen los trabajadores que vociferan los sobrinos por toda la dependencia.
Un trabajo profesional del reportero del Diario de Chiapas, Ainer González, detecta y confirma que José de Jesús Nangusé Díaz cuenta con una plaza de Apoyo Administrativo en Salud A6 en la Subdirección de Recursos Humanos, con un sueldo mensual bruto de 21 mil 337 pesos con 67 centavos; en tanto que Juan Nangusé Díaz cuenta con una plaza como técnico en programas de salud en el área del Departamento de Operación y Sistematización de Nómina en la Oficina Jurisdiccional de Tuxtla Gutiérrez, plaza por la que recibe un sueldo mensual bruto de 21 mil 085 pesos.
Pero ahí no acaba el nepotismo, toda vez que Rafael Iván Nangusé Díaz, tiene una plaza de Apoyo Administrativo en la Unidad de Atención a la Salud del Hospital General “Dr. Rafael Pascasio Gamboa”, puesto por el que recibe un sueldo mensual bruto de 21 mil 609 pesos.
Tres hermanos, tres casos de nepotismo, mismos que deben tener la inmediata atención de las autoridades anticorrupción y que la Secretaría de Salud debe transparentar, pues estos son solo un ejemplo de la infinidad de situaciones adversas que le dan bofetadas implacables a quienes en verdad luchan a brazo partido, todos los días, para ofrecer un mejor servicio a la población y que por su trabajo reciben migajas.
Hace falta dar la cara por la base trabajadora, por aquella que confían en que se aplicará la ley para transparentar la labor de quienes sí tienen puesta la camiseta, pero que la vida no ha sido benévola con ellos.










