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Ni Pemex ni CFE han respondido a Chiapas

Editorial

Mientras en el norte del país no hay agua debido al impacto global que se le ha dado al medio ambiente, en la zona norte de Chiapas, casi un millón de habitantes sufren desde hace una semana, los estragos de la falta del líquido por la contaminación que hace Petróleos Mexicanos de los mantos acuíferos.

Sin ningún pronunciamiento oficial a las acciones delictivas de ordeña clandestina, hoy municipios del estado de Tabasco y otro sector más de Tabasco, padecen las consecuencias del abandono en el que se tiene la tubería de Pemex, donde los huachicoleros hacen de las suyas, provocando un derrame de combustible afectando los ríos Mezcalapa, Platanar y Carrizales, tres de los principales afluentes que suministran el agua a comunidades y cabeceras municipales de Chiapas.

El bombeo del agua que realizan los municipios como Pichucalco, en Chiapas, y Huimanguillo, en Tabasco, está suspendido y la gente sólo se está apoyando del agua de lluvia que, en esta zona, afortunadamente, ha caído en esta temporada.

Nueve días del siniestro y Pemex aún no logra, primero, limpiar los afluentes que dominan la ranchería La Batería, en territorio chiapaneco, donde se presentó el robo de combustible, lo que generó una ruptura en la tubería con las lamentables consecuencias citadas.

En la operación para controlar la fuga del hidrocarburo tuvo que intervenir Protección Civil, aunque no se ha logrado sanear los ríos, pues el gas continúa estancado en las orillas de los afluentes.

A esta calamidad, los habitantes de la zona zoque y diversas organizaciones ambientalistas exigieron a la paraestatal y a la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente, reparar los daños.  Los pobladores han externado en redes sociales su malestar, ya que desde hace varios años se ha reportado a Pemex el mal estado de los gaseoductos, pero ésta trabaja en la omisión.

Desde hace más de cuarenta años, Petróleos Mexicanos opera 129 pozos petroleros en los municipios de Reforma, Juárez, Pichucalco, Ostuacán y Sunuapa. Más de la mitad de éstos se localizan en Reforma y a pesar de la riqueza que se obtiene por la explotación del subsuelo, esta jurisdicción mantiene a la población en la pobreza extrema.

Si bien existen proyectos y programas sociales que la paraestatal impulsa, éstos son apenas un paliativo a la fortuna que se obtiene. El dinero se va, como se ha documentado en la historia de Petróleos Mexicanos, en financiar campañas o sirve como caja chica del gobierno federal.

Incluso el pago de impuestos no llega a las arcas del gobierno estatal, sino que tienen como destino el centro del país. En ello, por más que se diga lo contrario, sigue igual que hace medio siglo.

Basta con recorrer estos municipios y constatar que el desarrollo no llega. Lo que se da no es recíproco. La buena política no llega para compensar a los habitantes de estos municipios. La sustracción del petróleo y sus derivados debería ser la clave para impulsar la política pública de casi un millón de habitantes de los seis que tiene Chiapas.

El subsuelo le ha dado a México todo para conservar su estatus de un desarrollo que no es compatible con Chiapas. Por lo menos así lo declaran los que sufren en carne propia los excesos del gobierno federal en el manejo de los recursos.

Lo mismo sucede con la Comisión Federal de Electricidad, a quien Chiapas –esta tierra pródiga con abundante agua que los estados del norte añoran tener por lo menos en una tercera parte–, le aporta energía eléctrica al centro del país. La Ciudad de México es una de las bendecidas por el trabajo que realizan las cinco hidroeléctricas que operan desde esta tierra sureña.

Aun así, las tarifas son de las más elevadas que en el propio centro del país. Por ello, muchos pueblos rurales de Chiapas se han negado a pagar el suministro de luz, y en esta acción, las grandes urbes chiapanecas, sufren las consecuencias. Aunque habría que aclarar que, con el pago estratosférico del servicio en las ciudades grandes de la entidad, en buena parte se aliviana CFE en sus pérdidas.  En consecuencia, tanto Pemex y la CFE deben poner mayor atención en responder con creces a los daños colaterales que le han ocasionado al pueblo de Chiapas.

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