Editorial
Recuperar los contrapesos
El gran reto en las elecciones del 6 de junio será lograr que la Cámara de Diputados represente un verdadero contrapeso constitucional del Poder Ejecutivo. De lograrse, se pondrá un alto a la deriva autoritaria, se recuperará el pluralismo y el equilibrio de poderes que tanta falta nos hace.
Es importante constatar que más allá de los errores, los fracasos legislativos, la corrupción y las complicidades, el Congreso ha jugado durante las pasadas cuatro décadas un papel importantísimo de contrapeso frente a los presidentes de la República y sus reformas.
Es cierto que en 1993 aprobó eliminar la gratuidad de la educación pública superior, que en 1995 aprobó subir la tasa del IVA del 10 al 15%, provocando una escalada en los índices de desempleo y significó una reducción importante en el consumo y la productividad nacional.
También es cierto que en 1995 aprobó el Fobaproa para que el gobierno mexicano comprara con dinero de los contribuyentes la deuda de los bancos por 552 mil millones de pesos, pero que al final el manejo de este fondo se prestó a un alto nivel de corrupción que benefició principalmente a los banqueros y a los grandes empresarios. Con ello, el Congreso dio su visto bueno para que el gobierno de Ernesto Zedillo terminara comprando “basura financiera” con los impuestos de la gente para rescatar de la quiebra a unos pocos.
En ese sentido, durante los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto el Congreso fue cómplice en el creciente endeudamiento del país. En ese entonces los diputados se dejaron seducir por el dinero fácil. Podríamos decir que los compraron. No es que les hayan dado dinero en efectivo por sus votos, lo que sería ilegal, sino que los “compraron” haciéndolos partícipes del reparto presupuestal. Es decir, les subieron los sueldos, bonos, prestaciones, coches, choferes, secretarios, viajes, entre otros.
Sin embargo, restituir el contrapeso de la Cámara de Diputados nunca había sido tan fundamental para el futuro de la República y del país.
Hay que saber que la importancia del sistema de pesos y contrapesos consiste en la salvaguarda de la estructura y existencia del Estado, además que controla a los actores políticos para anular cualquier intento de supremacía.
Esto lo vimos muchas veces durante la presidencia de Donald Trump, cuyas locuras y arrebatos fueron frenados por los congresistas estadunidenses. Ellos diseñaron este sistema con toda la intención de que sirviera para evitar los abusos de poder. Gracias a ello pudieron detener las iniciativas y decretos presidenciales por temas de impuestos, endeudamiento, determinación de aranceles punitivos, disposición de fondos para proyectos caprichosos, entre otros.
La tendencia absolutista que estamos viviendo hoy en México por eliminar los contrapesos, nada tiene que ver con las ganas de poner orden en las instituciones y en los organismos autónomos, a los que sin fundamentos el mandatario ha calificado de corruptas y mezquinas.
La realidad es muy diferente. La eliminación o inhabilitación de un sistema de contrapesos lleva inevitablemente a la destrucción de la democracia, a la instauración de un gobierno totalitario fuera del marco de la ley y el orden constitucional.
Sólo para darnos cuenta del peligro que existe por la falta de equilibrios en el poder, está la enorme facilidad con que los legisladores afines al presidente de la República aprobaron el nombramiento de gente a modo en los organismos autónomos, para poder controlarlos; la cancelación de programas del llamado periodo neoliberal y la reducción del presupuesto a instituciones que no sirven a los propósitos presidenciales.
Asimismo, la ampliación de presupuestos a dependencias como Pemex y CFE, a proyectos como el Tren Maya y a los distintos programas que el mandatario usa para alimentar sus clientelas electorales. Sin olvidar la extensión del periodo del magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Si los ciudadanos no toman consciencia de esta situación y de las consecuencias gravísimas que se crearían por no recuperar el contrapeso de la Cámara de Diputados, podríamos caer en una situación muy complicada, frente a un totalitarismo al que nadie desea regresar, pues ya lo vivimos a principios y finales del siglo antepasado y a finales del pasado.










