Históricamente, la situación se ha caracterizado por una alta incidencia de rezago educativo, falta de acceso a la seguridad social, precarias condiciones en la calidad y espacios de la vivienda, y una grave inseguridad alimentaria
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) confirman que más de un millón de personas viven en condiciones de pobreza extrema, un bloque duro que las administraciones estatales no han logrado mitigar.
La pobreza extrema en Chiapas no es sólo una falta de dinero; es una condición multidimensional de alta vulnerabilidad. De acuerdo con el criterio del CONEVAL, este sector padece simultáneamente de insuficiencia de ingreso crítica, a tal punto que no es suficiente para adquirir la canasta alimentaria, ni siquiera dedicando todos sus recursos a este fin.
A la falta de ingreso se suman carencias severas en, al menos, tres derechos sociales.
Históricamente, la situación se ha caracterizado por una alta incidencia de rezago educativo, falta de acceso a la seguridad social, precarias condiciones en la calidad y espacios de la vivienda, y una grave inseguridad alimentaria.
Estos factores cimientan el ciclo de la pobreza y limitan severamente las oportunidades de desarrollo.
La cifra de la pobreza extrema es un subconjunto de una realidad aún más amplia.
Actualmente, la población en situación de pobreza en Chiapas alcanza el 67 por ciento del total de habitantes, lo que se traduce en aproximadamente 3.8 millones de personas que viven esta condición.
+Este índice coloca a Chiapas en 2025 como la entidad federativa con el mayor porcentaje de población en pobreza y pobreza extrema del país, manteniendo un contexto de alta vulnerabilidad social y un desafío estructural para las políticas públicas.
La persistencia de más de un millón de personas en la pobreza extrema subraya la necesidad de reorientar las estrategias de desarrollo social, enfocándose no solo en la transferencia de recursos, sino también en la inversión en infraestructura básica, educación, salud y generación de ingresos dignos que permitan a la población superar el umbral de la canasta alimentaria










