Erick Bustillos/ Diario de Chiapas
Desde hace 15 años, Roselia Luna Vázquez ha convertido el bordado tradicional en mucho más que un oficio: es la herencia que recibió de su madre y su abuela, el sustento de su familia y una forma de mantener viva la identidad textil de los pueblos originarios.
Ella es originaria de la comunidad de Acteal, en el municipio de Chenalhó, Roselia elabora a mano blusas, huipiles, bolsas y diversos artículos textiles, todos confeccionados con técnicas ancestrales que han pasado de generación en generación.
“Mi mamá y mi abuelita me enseñaron a bordar. Ellas también sabían tejer y gracias a ellas aprendí este oficio”, relata la artesana, quien actualmente comercializa sus piezas en el Museo de las Artesanías de Chiapas, donde encuentra un importante escaparate para dar a conocer su trabajo y el de su comunidad.
Además de sostener económicamente a su familia, Roselia también aprovecha para transmitir el conocimiento a su hija de siete años, quien ya comienza a realizar sus primeros bordados y con ello continuar el legado familiar.
Las prendas son confeccionadas principalmente sobre manta, aunque actualmente también trabaja textiles elaborados en telar de cintura, una técnica completamente artesanal que requiere paciencia, precisión y muchas horas de trabajo.
Aunque el alza en el precio de los insumos representa un desafío constante para su trabajo, la mayor inquietud recae en el desgaste de su vista. Consciente de que cada puntada exige precisión y largas horas de concentración, teme que el esfuerzo continuo termine afectando su capacidad para seguir desempeñando el oficio al que se ha dedicado gran parte de su vida.
El trabajo de Roselia forma parte de un esfuerzo colectivo integrado por 23 mujeres artesanas, quienes elaboran alrededor de 70 piezas cada mes. Para reducir gastos de transporte, concentran la producción y realizan una sola entrega mensual al museo, donde pueden colocar sus mercancías a la venta antes de regresar con un nuevo surtido.
La buena aceptación de los textiles demuestra el creciente interés por las artesanías chiapanecas y confirma que el bordado tradicional sigue siendo una fuente de ingresos para decenas de familias, además de representar un valioso patrimonio cultural que continúa fortaleciéndose gracias al trabajo y dedicación de mujeres como Roselia Luna Vázquez.










