Francisco Mendoza / Diario de Chiapas
Con una gran celebración, se llevaron a cabo las celebraciones en la parroquia de San Juan en la colonia Chapultepec, en donde cientos de feligreses llegaron a dar gracias por un año más.
La gente iba y venía en el interior de la parroquia; todos a paso lento iban caminando hasta subir cerca del Santísimo, donde se persignaban y, con las flores, hacían pasar cerca del santo para luego llevarlas consigo.
Las veladoras marcaban las luces que se mecían al compás del aire tenue que entraba en una de las puertas de la pequeña iglesia que estaba llena de oraciones.
San Juan el Evangelista, a quien se distingue como “el discípulo amado de Jesús” y a quien a menudo le llaman “el divino” (es decir, el “teólogo”), sobre todo entre los griegos y en Inglaterra, era un judío de Galilea, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor, con quien desempeñaba el oficio de pescador.
Junto con su hermano Santiago, se hallaba Juan remendando las redes a la orilla del lago de Galilea, cuando Jesús, que acababa de llamar a su servicio a Pedro y a Andrés, los llamó también a ellos para que fuesen sus apóstoles. El propio Jesucristo les puso a Juan y a Santiago el sobrenombre de Boanerges, o sea “hijos del trueno” (Lucas 9, 54), aunque no está aclarado si lo hizo como una recomendación o bien a causa de la violencia de su temperamento.
Se dice que San Juan era el más joven de los doce apóstoles y que sobrevivió a todos los demás. Es el único de los Apóstoles que no murió martirizado.










