Juan Toledo / Diario de Chiapas
Con el sol matutino marcando el inicio de una jornada cargada de espiritualidad y fervor, las calles principales de la capital chiapaneca se transformaron en el escenario de una de las manifestaciones de fe popular más concurridas de la región, el festejo a San Judas Tadeo, caminando, reunidos en núcleos familiares o avanzando en nutridos contingentes integrados por vecinos de distintas colonias, cientos de devotos acudieron puntuales a la cita anual a la iglesial. Portando en los brazos coloridas figuras religiosas, veladoras encendidas cuyos destellos iluminaban el trayecto, y ostentosos arreglos florales de elaboración artesanal, creyentes avanzó con paso firme hacia el recinto sagrado.
Para los habitantes de Tuxtla Gutiérrez, la asistencia a esta emblemática fiesta patronal no representa únicamente el seguimiento inerte de una costumbre heredada por generaciones; se trata de una cita ineludible orientada al cumplimiento de una promesa sagrada. Cada veladora encendida y cada ramo depositado a los pies de la efigie representan el agradecimiento directo por favores recibidos durante el año: desde la sanación de enfermedades complejas y la estabilidad laboral, hasta el bienestar general del hogar y la protección personal en tiempos de incertidumbre. A las afueras del recinto religioso, el fervor de los rezos se entrelazó armónicamente con un ambiente festivo que inundó el atrio y las calles aledañas. Al compás de las notas interpretadas por agrupaciones de mariachi, las cuales entonaron composiciones tradicionales y alabanzas, la convivencia comunitaria se convirtió en la verdadera protagonista de la jornada. Los vecinos y organizadores locales abrieron las puertas de sus hogares y puestos provisionales para compartir gratuitamente platillos típicos, agua fresca y relatos con cada uno de los visitantes que continuaban arribando al lugar.
Esta dinámica de compartir sin esperar nada a cambio consolida una jornada caracterizada por la solidaridad orgánica y el espíritu de servicio. La festividad no solo atrae a feligreses locales, sino que rinde homenaje al santo más representativo y venerado no solo dentro del territorio chiapaneco, sino a nivel nacional, cuya figura trasciende fronteras como un símbolo de identidad cultural y amparo espiritual para millones de personas.










