Valeria Córdova / Tapachula
Uno tras otro, los cuerpos de gatos han ido apareciendo en el fraccionamiento Buenos Aires de Tapachula. Aunque podrían parecer casos aislados, todos comparten un elemento en común: han sido envenenados.
Vecinos del fraccionamiento, ubicado al sur de la ciudad, han denunciado a través de redes sociales que estos hallazgos se han registrado en distintos puntos del área durante los últimos días. Los cuerpos de los felinos yacen inmóviles y rígidos sobre las aceras, bajo árboles o en medio de las calles por donde circulan los automóviles.
“Ellos no pueden defenderse ni hablar. ¿Por qué hacerles daño a unos animalitos, si también son creaciones de Dios? “Ayúdenme a difundir esto para que alguien venga y nos ayude a dar con los responsables de esta atrocidad”, escribió una usuaria, que acompañó su mensaje con imágenes de tres animales sin vida.
Esta acción de crueldad animal no se limita a una sola colonia, ni a una sola especie. En distintas zonas de Tapachula, pobladores también han alzado la voz en torno a la matanza de gatos y perros, especialmente aquellos que viven en situación de calle.
Algunas personas aún creen que la forma más “rápida” de controlar la sobrepoblación es colocando veneno en la comida, como si estos animales no fueran seres sintientes.
“La gente no entiende que ellos no eligieron vivir así. Es una muerte extremadamente dolorosa. Además, en ocasiones, el veneno también es ingerido por mascotas que pasean junto a sus dueños”, señaló una rescatista local.
Pese a la recurrencia de estos actos de violencia, Chiapas sigue siendo el único estado del país que no ha tipificado el maltrato animal como delito. Y a las autoridades municipales poco les interesa enfrentar y detener esta alarmante situación.










