Este desarrollo tecnológico es resultado del trabajo conjunto de Carlos Alberto Megchún Ruedas, Rubén Grajales Coutiño y Jorge Luis Camas Anzueto

Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas

Carlos Alberto Megchún Ruedas, quien actualmente realiza una estancia académica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), dio a conocer el desarrollo de un innovador sensor óptico de pH, basado en una película compuesta por PEDOT:PSS/PVA, un material con alta sensibilidad a variaciones químicas.

El dispositivo emplea una fibra óptica afinada, donde el material sensible actúa como medio transductor frente a cambios en la concentración de iones de hidrógeno, permitiendo una medición rápida y precisa del pH.

La medición del pH es un parámetro fundamental para determinar qué tan ácida o básica es una sustancia, lo cual influye directamente en campos como la química, la salud de los organismos vivos, la calidad del agua y los alimentos, así como en el correcto funcionamiento de procesos industriales y biológicos. En este contexto, el sensor desarrollado representa una herramienta clave para garantizar seguridad, estabilidad y desempeño en diversos sistemas naturales y tecnológicos.

Uno de los principales impactos sociales de este dispositivo radica en su aplicación para el monitoreo de la calidad del agua en comunidades rurales. Gracias a su alta sensibilidad y respuesta inmediata, el sensor permite detectar contaminantes ácidos en ríos y pozos de forma rápida y confiable, incluso en zonas que no cuentan con acceso a laboratorios especializados, contribuyendo así a la prevención de riesgos para la salud pública.

Asimismo, su potencial en el ámbito biomédico es significativo, ya que puede integrarse en dispositivos portátiles para el monitoreo de fluidos corporales como sangre, saliva u orina. Esto facilitaría diagnósticos tempranos y un seguimiento clínico más eficiente. En el sector productivo, especialmente en la industria alimentaria, el sensor resulta útil para supervisar procesos dependientes del pH, como fermentaciones y la elaboración de productos lácteos, ayudando a garantizar la calidad del producto y a prevenir pérdidas económicas.

Entre las principales ventajas del dispositivo destacan su respuesta ultrarrápida, capaz de detectar cambios de pH en cuestión de segundos; el uso de materiales de bajo costo y fácil disponibilidad; su alta estabilidad temporal, que asegura mediciones confiables durante largos periodos; así como una fabricación sencilla y reproducible, accesible para laboratorios sin infraestructura avanzada. Además, el sensor es biocompatible y no tóxico, lo que lo hace seguro para aplicaciones ambientales, biomédicas y educativas.

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