Este gigante se mueve entre sueños, prueba de ello son los casi cinco mil sismos que ha provocado desde mediados de 2025 a la fecha, la mayoría imperceptibles para los seres humanos
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Han pasado 44 años desde aquel violento despertar del volcán Chichón, un gigante que no es de fiar.
En 1982 sorprendió con su hálito de fuego y ceniza a los habitantes de la localidad Francisco León, que no tenían idea de la furia contenida en aquella montaña.
Unas dos mil personas murieron. Francisco León fue borrado del mapa, y el miedo quedó instaurado en la memoria de los sobrevivientes, que aún cuentan la impresionante transformación del día en noche.
Hoy el escenario es distinto. Hay un monitoreo de 24 horas para que los vulcanólogos y sismólogos puedan alertar con tiempo a la población cercana, y que se alejen lo más pronto posible.
El sueño del volcán
Como lo precisa el vulcanólogo Miguel Ángel Alatorre Ibargüengoitia, en los escenarios actuales no se prevé que pronto ocurra una erupción similar a la de 1982. Pero es un hecho de que volverá a despertar, y esta vez lo hará con un importante monitoreo a su alrededor.
A diferencia de hace 44 años, hoy sabemos que los sismos y el “crujido” en el suelo que recuerdan los sobrevivientes en los poblados cercanos, eran avisos de una catástrofe inminente.
Nadie lo relacionó porque habían pasado unos 500 años desde que el Chichón había escupido ceniza y fuego.
También sabemos algo más: vulcanólogos como Ibargüengoitia cuentan con información que, en los últimos tres mil 700 años, el volcán Chichón ha erupcionado al menos 11 veces, y por el momento sólo está dormido.
“No podemos decir que está en calma. El monitoreo actual nos permite seguir en tiempo real su actividad, ya que en algún momento volverá a despertarse”.
Este gigante se mueve entre sueños, prueba de ello son los casi cinco mil sismos que ha provocado desde mediados de 2025 a la fecha, la mayoría imperceptibles para los seres humanos.
Los esfuerzos actuales se centran en la prevención: el semáforo preventivo está en amarillo fase 1.
No está permitido bajar al cráter, debido a la recurrencia de los sismos, y principalmente por los vapores que exhala.
Todo alrededor del Chichón está vigilado en una red de siete sensores y tres cámaras, que apuntan a la montaña desde distintos ángulos, vigilando el sueño del portentoso Chichón, que habrá de rugir de nuevo, algún día.










