Falta inclusión con la comunidad TEA

  • A pesar de contar con un marco legal que respalda sus derechos, la falta de datos precisos y de formación especializada sigue siendo un obstáculo para su inclusión efectiva

Cinthia Ruiz/ Diario de Chiapas

En México, más de un millón de personas viven con Trastorno del Espectro Autista (TEA), de acuerdo con estimaciones derivadas del Censo 2020. A pesar de contar con un marco legal que respalda sus derechos, la falta de datos precisos y de formación especializada sigue siendo un obstáculo para su inclusión efectiva. Con base en información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se estima que alrededor de 1 millón 095 mil 774 personas presentan esta condición en el país. Sin embargo, esta cifra corresponde a una aproximación, ya que el autismo no se mide de forma específica dentro de los instrumentos censales.

Del total estimado, cerca del 15 por ciento corresponde a niñas, niños y adolescentes menores de 18 años. En estados como Chiapas, la ausencia de registros desagregados impide conocer con claridad la dimensión del fenómeno, lo que limita la planeación de políticas públicas focalizadas. El Trastorno del Espectro Autista es una condición del desarrollo neurológico que influye en la manera en que una persona comprende su entorno, se comunica y construye vínculos sociales. Sus manifestaciones son diversas y pueden incluir dificultades en la interacción, conductas repetitivas y formas particulares de aprendizaje, lo que hace indispensable una atención individualizada y oportuna.

En el país, la Ley para la Inclusión y Garantía de los Derechos de las Personas con la Condición del Espectro Autista reconoce el acceso a diagnósticos tempranos, atención médica especializada, terapias y servicios orientados al bienestar integral. No obstante, en la práctica persisten brechas importantes. Aunque instancias como la Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER) brindan acompañamiento en el ámbito escolar, especialistas advierten que gran parte del personal docente carece de herramientas suficientes para atender a estudiantes con esta condición.

A esta situación se suma la falta de orientación dirigida a madres y padres de familia, quienes en muchos casos enfrentan el proceso sin acompañamiento institucional, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la capacitación tanto en el sistema educativo como en el entorno familiar. Más allá de las cifras, que hoy se mantienen como estimaciones, el reto radica en garantizar atención digna, información precisa y una inclusión real. Visibilizar esta condición es fundamental para avanzar hacia una sociedad más consciente, preparada y equitativa.

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