La escritura, báculo para abrir caminos de libertad

Entonces, escribo/Damaris Disner

Hay días que son más agotadores que otros, pienso, mientras le confieso a una amiga que escribo tan poco. Eso me hace sentir incómoda, como si ejerciera deslealtad sobre mí. Dice, con la sabiduría que la caracteriza, que escribir no solo se trata de estar frente a un teclado: Es observar, leer, investigar, charlar, empatizar, si no lo hiciera, jamás habría logrado escribir “El Tambor de la Abuela”, me comenta a través de un audio.

Y sí, le creo. Confirma lo que a menudo olvido y trato de compartir en talleres. Escribir se trata de contemplar, de buscar analogías donde parece que no las hay, de buscar formas caprichosas hasta en las manchas más insulsas para iniciar historias donde personajes tan parecidos o lejanos a nosotras, nosotros, tienen la necesidad de existir.

Escribir es tejer y destejer palabras para arropar el frío que nos entume y anula el deseo de avanzar, porque estas últimas semanas han sido caóticas e incluso, en algunos momentos, asfixiantes.

Sostener un espacio cultural independiente por 13 años no ha sido tarea fácil o redituable, pero si aún sigo empeñada en no abandonarlo es porque alberga la Sala de Lectura “Cáscara de Mar”, donde se ha creado un ecosistema idóneo para interesarse por la escritura y lectura; además de todas las satisfacciones personales que me ha dado y ofrece a la niñez y familia que la disfruta.

¿Y por qué sigo de terca? Porque para mí, nuestro país es uno de simulación. Y lo demuestra el mundial 2026. Taparon las casas que desentonaban con la estética urbana que pretenden presumir. El recurso millonario invertido es desproporcional al que deberían invertir en causas sociales y humanas que deben ser prioridad. Expresar lo que nos atraviesa a través de manifestaciones artísticas es liberador y urgente.

Hemos simulado tanto que la sonrisa puede quedarse congelada en cualquier tarde de verano. Golpeará las ventanas como si fueran pequeñas aves que se estrellan en los vidrios relucientes de aparente limpieza, pero son trampas mortales para quien no logra observar lo que se avecina.

Por ello, cuando encuentren un anuncio o escuchen la recomendación de algún centro cultural o cafetería que promueva actividades y productos artísticos asistan o adquieran lo que ofertan, no se imaginan el esfuerzo, a menudo sobrehumano, que realizan para sostenerlo. Si los inmuebles institucionales se están cayendo a pedazos o se convierten encascadas en su interior, imagínense cómo seguimos en pie los que no tenemos seguridad financiera.

También esos espacios gubernamentales tampoco tienen recursos destinados para la rehabilitación de los mismos, y lo digo con conocimiento de causa porque laboré en el municipio tuxtleco y para hacer las intervenciones se requiere cabildear y no, no crean que a los regidores les preocupan esas encomiendas, si yo les contara de profundas tristezas.

Aunque parezca desolador hay una infinita e inspiradora fuerza. Existen personas que creen en el arte, dentro y fuera de instituciones, para seguir sosteniendo el equilibrio emocional y expresivo del mundo. Y por favor, antes que se me olvide, ya no construyan más edificios, rehabiliten los existentes. Si no hay presupuesto para ello trabajen los legisladores para que sea posible. Tal vez no les interesa rehabilitar espacios porque no podrían desviar tantos recursos como cuando hacen nuevos.

Es cansado muy cansado cuando percibes lo que se maquila alrededor y dentro del servicio público. Hay personas valiosas y buenas voluntades, pero muchas terminan como las aves, estrelladas contra ventanales lujosos. O resistiendo al desplome inminente con la espalda destrozada de todo el estrés y horror acumulado.

13 años de la Galería Disner

Aprovecho para mostrar mi gratitud a todas, todos, quienes han asistido y sostenido a la Galería Rodolfo Disner durante los 13 años, ya vamos planeando para el 13 de agosto su festejo entre amistades y público asistente, fecha en que el maestro Rodolfo Disner cumpliría 95 veranos de edad. Pueden irse sumando a las donaciones voluntarias o en especie, para el festejo, si así lo desean.

Y como mi mente es dispersa porque empieza a trenzar infinidad de ideas, regreso a la escritura como el báculo que abre caminos para quienes deseen alzar el vuelo con sus palabras y escuchar el maullido de los gatos como el sonido de la libertad.

Contacto: [email protected]

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