La tormenta que nunca se espera

Entonces, escribo/Damaris Disner

Le pregunté a Isabel si suspenderían la “Velada Nocturna” considerada para ese sábado 9 de mayo enfrente a Palacio de Gobierno, al avecinarse una tormenta, que apareció de la nada sobre Tuxtla Gutiérrez. Isabel, por audio, me respondió que no. Ya había quedado con sus compañeras para estar allí a partir de las seis de la tarde. Iba entrando a la ciudad capital, viajaba desde Berriozábal.

Después de escucharla pensé en mi torpeza, cómo preguntarle a una madre que busca a su hija desde hace tres años, si desistirá de hacer visible una realidad que la atraviesa día y noche. También me llegó como revelación, que la tempestad que nadie esperaba para ese día, era la metáfora de las familias que nunca pensaron buscar, bajo el sol, la lluvia, a un ser amado. Y así, de pronto, el cielo más luminoso puede volverse una bóveda siniestra.

Llegué más de las seis de la tarde, esperé que la tos, que no me ha dado descanso desde varias semanas, se calmara un poco. Al estar frente a Palacio, mi amiga Marisol estaba entregándoles un donativo en especie para la velada que se prolongaría hasta las seis de la mañana.

Eran cinco familias reunidas, las que casi siempre están, me dijo Isabel. No todas vienen, excusas siempre hay, añade con esa voz pausada que ha templado con los años de búsqueda de su hija Cassandra, quien fue secuestrada por un comando armado, justo el día que Isabel se casaba.

Entre el aturdimiento por mi tos y la lluvia que se divisaba como una cortina transparente, me percaté que éramos pocas personas reunidas y ninguna lona o templete que nos protegiera de las inclemencias.

Las Madres Buscadoras de Chiapas es una colectiva que surgió por iniciativa propia de mujeres, cansadas de una búsqueda real y efectiva por parte de las autoridades, decidieron ir al frente. Hace poco subieron un cerro, más de 14 horas de camino, y sí encontraron restos de extremidades, que asumieron eran humanas, pero las autoridades al hacer las pesquisas resolvieron que no: pertenecían a animales. La duda surgió porque no tardaron ni 24 horas para el dictamen.

En las pocas horas que pude acompañarlas llegó una mamá acompañada de una amiga. Su hijo tenía meses de estar desaparecido, no podía salir a buscarlo con sus propios recursos porque cuidaba de su madre, una mujer ciega de 91 años, dependiente total de su presencia. Aunque hizo la denuncia correspondiente no tenía la certeza si realmente lo estaban buscando, por eso se acercaba a ellas.

Isabel y Edith la atendieron de inmediato. Efectivamente ya estaba en su página oficial la ficha de búsqueda.

Edith, es una mujer valiente y sorora, a pesar que el cuerpo de su hijo ya le fue entregado, sigue acompañándolas, tiene un abrazo sincero y palabras llenas de fe cuando alguna madre lo necesita al quebrarse la calma.

Por fin, las nubes grises se llevaron las gotas dulces de lluvia, pero quedaron las saladas, las que no se van, son más persistentes que la propia familia; algunas les han dado la espalda e insisten que dejen de buscar.

Varios periodistas de medios nacionales llegaron a hacerles entrevistas, también llegó Alejandra, que recién conocí ahí. Madre de dos hijos, a menudo les lleva apoyo en especie, gorras, o velas para iluminar un poco las noches oscuras.

Si las miras pegando fichas de sus seres amados, ojalá puedas decirles algunas palabras de aliento o tal vez, el respeto de no despegar o arrancar la esperanza que tienen de volver a abrazarles. Ellas no reciben donativos económicos, para evitar especulaciones, solicitan herramientas como machetes, botas, guantes de trabajo rudo, para continuar las búsquedas, porque hay tormentas que son interminables.

Contacto: [email protected]

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