Cinthia Ruiz/ Diario de Chiapas
Dormir en una casa de campaña, endeudarse y dejar el trabajo: la otra batalla de las familias con hijos hospitalizados
Mientras sus hijos luchan por recuperar la salud dentro de un hospital, afuera comienza otra batalla que pocas veces se cuenta: la de madres y padres que dejan su hogar, su empleo y a parte de su familia para permanecer junto a ellos durante semanas o incluso meses, sin saber cómo enfrentarán los gastos del día siguiente.
La enfermedad no solo transforma la vida de los pacientes. También cambia por completo la de quienes los acompañan.
Rosa Gómez Pérez, originaria de Benemérito de las Américas, conoce esa realidad. Su hija permaneció un mes y medio internada en el Hospital de Especialidades Pediátricas de Tuxtla Gutiérrez, donde incluso estuvo intubada por varias semanas. Durante ese tiempo, ella vivió en una casa de campaña instalada en las inmediaciones del hospital, soportando lluvias, noches sin descanso y la incertidumbre de no saber si su hija lograría recuperarse.
Aunque el tratamiento médico continúa y deberá regresar cada quince días durante los próximos tres años para recibir quimioterapia, asegura que el mayor desafío no termina al salir del hospital.
Viajar desde su comunidad hasta la capital implica recorrer entre diez y once horas, además de cubrir gastos de transporte, alimentación y medicamentos que no siempre están disponibles. Para sostener esos costos ha tenido que pedir dinero prestado, acumulando deudas mientras permanece lejos de casa.
Su historia no es un caso aislado. En los alrededores del hospital, decenas de familias provenientes de distintos municipios de Chiapas improvisan refugios temporales mientras esperan la recuperación de sus hijos. Muchas dejaron de trabajar porque su prioridad es permanecer junto a ellos, otras tuvieron que separarse del resto de sus hijos, quienes permanecen al cuidado de abuelos o familiares.
María Alejandra Hernández Gómez también enfrenta esa realidad. Su hija de siete años estuvo hospitalizada durante semanas y ahora deberá regresar periódicamente para continuar con su tratamiento. Mientras permanece en Tuxtla, su otro hijo quedó bajo el cuidado de su madre, pues le resulta imposible trasladar a toda la familia.
Además del desgaste físico y emocional, ambas madres coinciden en que permanecer fuera de casa representa un fuerte golpe económico. Aunque parte de la atención médica es cubierta por el sistema de salud, los gastos diarios continúan acumulándose y obligan a muchas familias a sobrevivir con préstamos o apoyos de conocidos.
Detrás de cada cama de hospital hay una historia de sacrificio que pocas veces aparece en los expedientes médicos: madres que pasan las noches en una silla, padres que dejan de percibir ingresos y familias enteras que ponen en pausa su vida para acompañar a sus hijos en la esperanza de verlos regresar a casa.










