Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas
Las vistosas flores amarillas que cubren la avenida Central cada año son un símbolo inconfundible de la ciudad durante esta temporada, no obstante, Manuel Rivera Jaramillo, director del Jardín Botánico “Dr. Faustino Miranda”, señaló que el árbol de primavera no representa la alternativa más adecuada para adornar las aceras públicas.
El especialista detalló que el inconveniente principal proviene del vigoroso desarrollo de sus raíces, el cual termina por destruir la infraestructura de la ciudad, afectando especialmente a los pavimentos y las banquetas.
Por esta razón, recomienda que este tipo de vegetación sea plantada en parques o zonas despejadas, donde sus raíces logren expandirse libremente sin generar afectaciones materiales.
La base de estos árboles posee un crecimiento sumamente extenso que destruye el cemento, levanta los adoquines y puede llegar a dañar los cimientos de construcciones aledañas. Un reflejo de esta situación se evidencia en la misma Avenida Central, donde es común observar ejemplares notoriamente ladeados en su intento por abrirse paso entre las estructuras urbanas.
Con el objetivo de mitigar estos daños, el Jardín Botánico ofrece asesoría a la población para que aprendan a mejorar la estética de sus calles de forma responsable, este centro de conservación cuenta con un catálogo de más de 130 variedades vegetales que funcionan perfectamente como sustitutos en entornos urbanizados.
Entre las recomendaciones destaca el árbol de mulato, una planta con una corteza muy llamativa y una floración sutil, lo que la vuelve perfecta para generar sombra en banquetas sin causar destrozos; asimismo, el árbol de piojo es otra excelente alternativa gracias a su follaje perenne, el cual permite una poda estilizada en forma de sombrilla y produce frutos muy atractivos a la vista.
Otra opción idónea es la “flor de mayo”, caracterizada por su resistencia, su diversidad de colores que van del blanco al rojo, amarillo y rosa, y un tamaño moderado ideal para superficies reducidas. Para concluir, Rivera Jaramillo enfatizó que los espacios públicos no requieren obligatoriamente de árboles colosales, sino de especies adecuadas que convivan en armonía con el concreto de la ciudad.










