Marco Alvarado / Diario de Chiapas
A pesar de los esfuerzos por integrarse a la vida cotidiana, la actual infraestructura urbana del estado borra sistemáticamente las necesidades básicas de movilidad que tienen las personas ciegas.
Las mediciones oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), del Censo de Población y Vivienda y las actualizaciones de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID), acerca de la “dificultad para ver, aun usando lentes” la sitúa de manera constante como la primera o segunda causa de discapacidad en el país, afectando a más del 44 por ciento de la población con alguna limitación física o cognitiva.
En Chiapas, donde los registros del sector estiman a más de 126 mil personas viviendo con alguna condición de discapacidad o limitación, el grupo de personas ciegas o con severos problemas visuales representa a decenas en cada municipio que deben sortear un entorno hostil todos los días.
La desatención institucional en la materia se evidencia de forma drástica en la capital chiapaneca. Actualmente, en Tuxtla Gutiérrez, solo un punto urbano, ubicado en el lado norte de la ciudad, justo frente a las instalaciones del Sistema DIF, cumple con el requisito mínimo de accesibilidad sensorial al contar con una guía sonora que les permite cruzar la calle de manera segura.
Fuera de ese perímetro, la señalética auditiva y los pisos podotáctiles son prácticamente inexistentes en el resto de las avenidas principales.
Al respecto, la diputada local y representante del sector de la discapacidad en el Congreso del estado, Luz María Castillo, lamentó que este sector de la población sea constantemente invisibilizado por el propio entorno físico, violentando su derecho legítimo a transitar con total autonomía.
La legisladora explicó que, aunque muchos ciudadanos se arman de valor y deciden salir a las calles apoyados únicamente en su bastón guía, las condiciones de las vialidades rompen cualquier posibilidad de inclusión al no estar diseñadas bajo una perspectiva universal.
La movilidad es aún más difícil para aquellos chiapanecos que viven con sordoceguera, una condición múltiple donde el tránsito autónomo se vuelve una tarea titánica ante la falta de guías y un nulo apoyo en el diseño vial.
Ante esta realidad, consideró indispensable que los tres niveles de gobierno volteen a ver a estos grupos que históricamente han sufrido discriminación estructural y que, al igual que cualquier otro ciudadano, tienen derecho a apropiarse del espacio público.
Y esto sólo se logrará con presupuestos que permitan las adecuaciones sensoriales y auditivas, y que se conviertan en una norma común, tal como ha ocurrido paulatinamente con la implementación de rampas para usuarios de sillas de ruedas.










