Kilo de tortilla a 10 pesos provoca largas filas para comprar este producto que en el mercado normal tiene un precio de 22 hasta 23 pesos
Cinthia Ruiz/ Diario de Chiapas
En la colonia 27 de Febrero, colidante con Patria Nueva, en la parte alta de la zona norte oriente de Tuxtla Guytiérrez, no hay calles pavimentadas ni señal de celular, pero sí hay algo que convoca, una fila larga, silenciosa y paciente frente al Tortimóvil, un camión que llegó desde temprano a vender tortillas a 10 pesos el kilo, en una ciudad donde ese mismo kilo cuesta hoy entre 22 y 23 pesos.
El Tortimóvil se instaló en un punto sin cobertura telefónica, donde ni mensajes ni llamadas entran. Aun así, la noticia corrió de boca en boca.
Las subidas son empinadas, el polvo se levanta con cada paso. Aun así, la gente llegó desde cuadras lejanas, caminando con bolsas vacías y la urgencia cotidiana del ahorro. Nadie preguntaba cuánto tiempo faltaba, pues debido al precio, todos sabían que valía la pena esperar.
El olor de las tortillas recién salidas marcaba el ritmo de la fila. Calientes, suaves, recién hechas, iban apilándose en las hieleras. Las tapas se cerraban rápido para conservar el calor, mientras los kilos se acumulaban: tres, cuatro, cinco, lo suficiente para que rindiera varios días.
La producción no se detenía. Ahí mismo, frente a todos, la masa se convertía en tortilla, una tras otra, mientras la fila avanzaba lentamente. Había adultos mayores, amas de casa, niños esperando con paciencia, observando cómo el vapor salía de las tortillas como una promesa breve pero necesaria. La escena tenía algo de celebración doméstica, casi navideña, pero sin luces ni villancicos, solo harina, fuego y necesidad.
La ironía estaba justo enfrente. A unos pasos del Tortimóvil, una vendedora de tortillas tradicionales miraba el movimiento con resignación. “Hoy no voy a vender”, dijo. ¿Cómo competir cuando el precio baja a menos de la mitad? Ese día, la economía popular se reorganizó sola: la fila eligió.
El Tortimóvil permanecería hasta la una de la tarde, pero el tiempo parecía medirse distinto. En Patria Nueva, donde no hay señal ni pavimento, el valor real está en el kilo barato. Poco importa si la tortilla se endurece después, si se recalienta o se transforma en chilaquiles, tacos o tostadas. Lo importante es que alcance.
Más que un programa, el Tortimóvil exhibe una realidad incómoda, cuando el precio baja, la gente camina más, espera más y compra más. La fila no es casualidad, es un síntoma. En colonias donde lo básico escasea, una tortilla a 10 pesos se vuelve un acontecimiento, una urgencia colectiva, una fila que se forma incluso donde el celular no funciona, pero el hambre y el ahorro sí.










