Penetrando la Oscuridad enfrenta incertidumbre

26 personas en situación de calle podrían quedar sin resguardo

Cinthia Ruiz / Diario de Chiapas

Durante casi 18 años, la asociación civil Penetrando la Oscuridad ha realizado una labor que pocas instituciones asumen en Chiapas: rescatar, alimentar y brindar refugio a personas en situación de calle, muchas de ellas sin familia, sin documentos de identidad y con problemas de salud mental. Hoy, esa labor enfrenta uno de sus momentos más difíciles.

Durante una entrevista en el programa Tiempo de Mujeres, Manuel Arévalo Espinosa, director de la asociación, e Hilda Espinosa Tercero, fundadora de Penetrando la Oscuridad, expusieron la situación que atraviesa el albergue luego de una revisión realizada por la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios (Dipris), dependencia que emitió observaciones sobre las condiciones de operación del centro asistencial.

Sin embargo, más allá del procedimiento administrativo, la principal preocupación de la organización es el destino de las personas que actualmente viven bajo su cuidado.

“Nos dicen que entreguemos a las personas, pero nadie nos dice quién las va a recibir”, expresó Manuel Arévalo.

Una labor construida durante casi dos décadas

Hilda Espinosa recordó que el proyecto nació hace casi 18 años, cuando ella y su familia llegaron a Chiapas y encontraron una realidad que los llevó a actuar: personas viviendo en las calles, alimentándose de la basura y completamente abandonadas.

Lo que comenzó como una acción solidaria terminó convirtiéndose en una asociación dedicada a atender a quienes pocas veces reciben apoyo institucional. A lo largo de los años llegaron a operar siete casas de asistencia y atender a cerca de un centenar de personas.

Actualmente mantienen dos espacios de atención: una casa para hombres y otra para mujeres, donde las personas reciben alimentación, atención básica, acompañamiento y un lugar digno para vivir.

La asociación se ha sostenido principalmente mediante donaciones ciudadanas, apoyo de comerciantes, mercados y colectivos sociales que durante años han contribuido con alimentos, ropa y otros insumos para mantener el funcionamiento del albergue.

El futuro de 26 personas en la incertidumbre

Actualmente, Penetrando la Oscuridad alberga a 26 personas: 10 mujeres y 16 hombres, muchos de ellos rescatados de las calles hace varios años.

De acuerdo con Manuel Arévalo, algunos no cuentan con documentos oficiales, otros desconocen su edad o lugar de origen y varios presentan afectaciones mentales que dificultan localizar a familiares o reconstruir su identidad.

“Son personas que necesitan atención todos los días. Necesitan comer, bañarse, tener un lugar donde dormir y alguien que esté pendiente de ellas”, señaló.

La organización explicó que, ante los requerimientos de las autoridades, acudieron a distintas dependencias gubernamentales para buscar una alternativa que permitiera garantizar la atención de estas personas. Sin embargo, aseguran que hasta ahora no han encontrado una institución que acepte hacerse cargo de ellas.

Un problema que va más allá del albergue

Para los responsables de Penetrando la Oscuridad, la situación evidencia una problemática más profunda: la falta de espacios especializados para atender a personas en situación de calle que no cuentan con familia ni redes de apoyo.

Durante años, señalaron, distintas corporaciones policiacas, fiscalías y organismos gubernamentales canalizaron personas hacia el albergue al reconocer su trabajo con este sector vulnerable. Hoy, aseguran, enfrentan dificultades para encontrar una instancia que pueda asumir esa responsabilidad.

“Son seres humanos que necesitan vivir con dignidad. No pueden simplemente regresar a las calles”, enfatizó Hilda Espinosa.

Llamado al gobernador

Ante este panorama, Manuel Arévalo hizo un llamado directo al gobernador Eduardo Ramírez Aguilar para establecer una mesa de diálogo que permita encontrar una solución para las 26 personas que permanecen bajo resguardo de la asociación.

“Queremos hablar directamente con el gobernador para que escuche de nuestra propia voz la problemática que estamos viviendo y podamos encontrar una solución”, sostuvo.

Mientras no exista una respuesta clara sobre el destino de estas personas, la incertidumbre continúa. Más allá del futuro de Penetrando la Oscuridad, el caso ha abierto una discusión sobre quién debe atender a uno de los sectores más vulnerables e invisibles de la sociedad chiapaneca: aquellos que no tienen hogar, familia ni un lugar al cual regresar.

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