Mde R / Diario de Chiapas
En América Latina, millones de personas aún no pueden realizar una de las acciones más simples y efectivas para cuidar su salud: lavarse las manos. Aunque el lavado de manos con agua y jabón puede prevenir hasta el 40 % de las enfermedades diarreicas y el 21 % de las respiratorias —según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS)—, la región sigue enfrentando serias carencias de acceso, infraestructura y cultura de higiene.
El panorama es alarmante. De acuerdo con el estudio Higiene Global del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y UNICEF, 462 millones de niños en el mundo no tienen acceso a instalaciones para lavarse las manos en la escuela. En América Latina y el Caribe, el 40 % de los centros educativos carecían de agua y jabón incluso antes de la pandemia, afectando a 61 millones de estudiantes.
La higiene olvidada que afecta la salud y la productividad
La falta de acceso a instalaciones adecuadas no solo compromete la salud pública: también golpea la economía.
El IMSS calcula que una correcta higiene de manos puede reducir hasta en 57 % el ausentismo laboral, lo que representa un impacto directo en la productividad de las empresas. En entornos donde la higiene es deficiente, las enfermedades infecciosas se multiplican y las jornadas laborales se pierden.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha demostrado que cada dólar invertido en mejorar la higiene de manos puede generar un ahorro de hasta 16.5 dólares, una relación costo-beneficio que pocas políticas públicas o empresariales igualan.
En el ámbito público, el desafío también toca la puerta de los negocios.
De acuerdo con un estudio de Tork, especialista en higiene profesional y parte de Essity, 8 de cada 10 personas en Latinoamérica expresan preocupación por la limpieza de los baños públicos, y solo 1 de cada 5 considera que estos espacios cumplen con estándares adecuados de higiene.
Esta percepción afecta directamente la reputación de los establecimientos: un baño sucio o mal equipado puede ser suficiente para que un cliente no regrese.










