Marco Alvarado/Diario de Chiapas

Es una casualidad, pero de ninguna manera se puede afirmar que septiembre sea el mes de los sismos en México. La reconocida directora del Instituto de Investigación en Gestión de Riesgos y Cambio Climático, de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), Silvia Ramos Hernández, desestimó esta creencia, afianzada en el hecho de que a cuatro años del último terremoto registrado en Chiapas, un 7 de septiembre, volvió a temblar el mismo día, esta vez con epicentro de Acapulco, Guerrero.

Lo cierto y lo que sí estudian los sismólogos es una falla que se ubica en la costa guerrerense, de unos 280 kilómetros de extensión, una “brecha” que no ha producido un terremoto fuerte desde el año de 1911 “y se cree que ahí podría ocurrir, en cualquier momento, un terremoto de hasta ocho grados magnitud de momento”, explicó.

Eso explica la red sísmica que tiene ahí el Servicio Sismológico Nacional (SSN), que sirvió este 7 de septiembre para alertar de forma oportuna a los habitantes de la Ciudad de México, que tuvieron 15 segundos de anticipación a la llegada de la primera onda sísmica.

Ramos Hernández, afirmó que este último sismo, que generó más de 200 réplicas en un lapso de 24 horas, será objeto de más estudios para determinar la energía liberada, y el riesgo de que ocurra, en algún momento, un movimiento más fuerte.

Pero que los sismos más fuertes de los que haya memoria en México hayan ocurrido en septiembre, en 1985, en la Ciudad de México, y en 2017, en Chiapas y nuevamente en la capital del país, es más una casualidad, afirmó la científica.

Sin embargo, destacó que desde aquel terremoto de 1985 ocurrieron cosas positivas, como una mayor conciencia de que vivimos en un territorio con muchos riesgos, y los sismos están entre los principales; también la población comenzó a tomarse en serio las acciones preventivas y los gobiernos hicieron cumplir nuevos códigos de construcción.

La prueba de que hay un cambio es lo visto el pasado 07 de septiembre, opinó: “Vimos que la gente ubica las salidas de emergencia, los puntos donde debe concentrarse y a buscar protegerse desde que inicia el alertamiento, y no esperar a que lleguen las segundas ondas, que suelen ser más fuertes”.

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