Juan Pablo Zárate Izquierdo*
Este miércoles 15 de octubre la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral visitará Chiapas, luego de desarrollar foros en distintos estados del país y, este hecho nos obliga a confrontar una profunda polémica democrática: Contamos con un sistema electoral sofisticado, con instituciones electorales adecuadas y procedimientos que garantizan certeza y legalidad en los comicios, pero a la vez vivimos una crisis de representación política sin precedentes.
El problema actual de fondo no está un asunto técnico-jurídico electoral, sino en la fractura estructural que existe entre los partidos políticos y la ciudadanía.
La celebración de estas consultas ciudadanas, que se desarrollan, en las instalaciones de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas, nos brinda una posibilidad de hacer llegar las propuestas que fortalezca una reforma.
Los partidos, que deberían ser agentes de mediación, han perdido su capacidad de conectar con la gente. Las cifras lo confirman a nivel nacional: según el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados (CESOP), el 45% de los mexicanos declara tener «nada» de confianza en los partidos, colocándolos entre las instituciones con menor credibilidad. Este porcentaje de desconfianza contrasta muy marcadamente con los más de 7,000 millones de pesos anuales en financiamiento público que reciben tan solo para el 2025.
Los mexicanos confían muy poco en los partidos.
Esta desconfianza es resultado de la oligarquización partidista y las lógicas clientelares con las que operan las estructuras. Las dirigencias se han vuelto élites cerradas que distribuyen el poder mediante negociaciones cupulares, sin procesos democráticos internos genuinos. En lugar de proyectos programáticos, prevalece la dinámica de los partidos cártel, organizaciones que se coluden para mantener privilegios, como el financiamiento público desproporcionado.
A nivel nacional, mientras los líderes debaten reformas y repartos de poder, la ciudadanía exige lo esencial para la supervivencia y la mejora de la vida: seguridad, empleo digno, y servicios de salud y educación de calidad.
La reforma que se discute debe ser el camino hacia un «Sistema de Partidos de Representación Sustantiva», centrado en la gente y no en las cúpulas.
Agradezco a la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, que haya aceptado mi participación en el Foro que se desarrollará en Chiapas para presentar una ponencia con una propuesta orientada en dos ejes:
Democracia Interna Obligatoria y Certificada: Exigir que los partidos elijan candidaturas y dirigencias mediante métodos verificables, como primarias abiertas o cerradas, con observación ciudadana del INE. Esto debe ser una norma innegociable.
Financiamiento Condicionado a Representación: Rediseñar la fórmula de financiamiento público. Mantener un piso básico (60% del actual), pero condicionar el 40% restante a indicadores de representatividad , como el número de afiliados activos y verificables , la participación en consultas internas , o el cumplimiento efectivo de cuotas de acciones afirmativas. Los partidos deben ganarse el dinero, no solo heredar el porcentaje de votos.
Como señaló el politólogo Giovanni Sartori, la democracia es impensable sin partidos, pero se refería a partidos representativos, no a maquinarias electorales vaciadas de contenido. La ciudadanía no ha perdido la fe en la democracia, sino en sus partidos. México requiere pasar del «partido-franquicia» al «partido-colectividad».
La reforma electoral que se desarrolla en Chiapas, resulta entonces esa oportunidad para que se presenten las propuestas que logren una solidez democrática que garantice hacer visibles, legítimos y representativos a nuestros actores políticos y a la ciudadanía.
Esperemos que los resultados, una vez que se formalice la reforma y se presente ante los órganos legislativos, incluyan la voz de quienes buscan mayor participación y sentirse representados por los partidos políticos.
Considero que el tema no se debe agotar en una sola fecha, como la que ocurre en esta ocasión en Chiapas y, si debe ser motivo de discusión permanente en la que puedan participar todas las voces.










