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La nueva cargada en Palacio Nacional

Comentarios Políticos

Armando Domínguez

Para comenzar… El teléfono celular de Enrique Peña Nieto no ha dejado de recibir llamadas en los últimos días, (mayormente de Palacio Nacional), y algunos otros de excolaboradores que despacharon como mandamases del tricolor. El tema: la permanencia o no de Alejandro Moreno en la cúspide del PRI. Y es que la idea de que el campechano es respaldado por las distintas organizaciones priístas se cae a pasos agigantados. No sólo los extitulares del partido lo quieren fuera, también Miguel Ángel Osorio Chong y hasta el expresidente radicado cómodamente en España. Las llamadas que AMLO ha efectuado a Peña tienen como finalidad de solicitarle apoyo para no remover a Alito, pues de sobra sabe el tabasqueño que su presencia al mando del tricolor abona (y continuará abonando), al crecimiento de su movimiento rumbo al 2024. El presidente busca “cobrarle” a EPN (de buena manera), alguno de los tantos favores que le han dado tranquilidad para estar en Europa. Y lo anterior no quiere decir que López Obrador busque ayudar a Alito (pues lo repudia desde lo ocurrido con su reforma eléctrica), sino que un PRI con otro liderazgo (alguno lejano a la desgastada y cuestionada figura del actual), podría significar mayores contratiempos para Sheinbaum, Adán Augusto o Ebrard. De igual forma, AMLO evitará presionar de más a Peña con su petición, pues no debemos olvidar que el mexiquense cuenta (en su colección personal), con 12 videos que comprometería (seriamente) la lucha anticorrupción que tanto defiende el presidente en su discurso, (y no tanto en los hechos). La autorización a Layda Sansores para manejar los videos sobre Moreno en su programa de radio vino de Palacio Nacional. El plan del tabasqueño consiste, justamente, en desprestigiar cada vez más, pero intentar evitar (a su vez), que deje la dirigencia, y así robustecer su movimiento a costa de una oposición débil: “jugada de tres bandas, cortesía del campechano”, dicen.  Los únicos que quieren a Alito en el PRI son los propios morenistas (y el presidente López Obrador), y no porque le tengan algún tipo de agradecimiento, sino porque es, prácticamente, un “morenista” más por su forma de conducir al partido, y de paso, hacerlo pedazos.

Los medios de comunicación, las charlas de café, las fiestas familiares y, en general, la sociedad, hablan de la sucesión presidencial, de las tres corcholatas preferidas y del que ya no lo es. Ese es el tema que puso en la mesa el presidente de la República y del que quiere que se hable todos los días, es así como ya nadie habla, o muy pocos, del desastre en la economía, de los altos índices de inseguridad en el país, del nuevo papel que juega el crimen organizado, del aumento en los contagios de Covid-19, de la lamentable situación en la que se encuentra la educación, entre otros temas de interés nacional. Hemos caído todos en la trampa de López Obrador, estamos metidos en el proceso electoral, y dejamos de un lado los problemas fundamentales de México. Lo peor del caso es que la oposición ya cayó en el juego, no ha construido el modelo de país que quieren los mexicanos y mucho menos ha formado una candidatura, ya sea mujer u hombre, que aglutine las preferencias de los electores. El Producto Interno Bruto (PIB) apenas sale de un estancamiento económico y crece un 1% trimestral en 2022. Sin embargo, para alcanzar una recuperación de los ingresos promedio se requiere un crecimiento que compense el aumento demográfico. La Secretaría de Hacienda prevé un crecimiento del 3.4% para 2022, un pronóstico optimista en comparación con la estimación del Fondo Monetario Internacional, organismo que espera que México se expanda 2.8% en todo el año. La inflación sube a 7.88% en la primera quincena de junio, lacerando el bolsillo de todos los mexicanos. La inseguridad atraviesa por un momento de crisis, ya que constituye uno de los grandes problemas de México. La población se ve afectada por el aumento de los delitos, y un auge del narcotráfico, además de que la impunidad aumenta al no denunciar por la desconfianza hacia las autoridades. México ha registrado los periodos más violentos de su historia en los primeros tres años del mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador, con 34,690 víctimas de asesinato en 2019, 34,554 en 2020 y 33,410 en 2021. En materia de Covid-19 no son mejores las noticias, simplemente en este mes se registraron 13,752 casos nuevos de esta enfermedad, atribuidos principalmente a la variante Ómicron, por lo que el acumulado de contagios es de 5 millones 891,589. La última ocasión que se reportaron más de 13,000 contagios diarios fue el pasado 1 de marzo de 2022, cuando se registraron 13,115 nuevos casos. En cuanto a la educación, durante estos primeros tres años queda claro que no ha sido uno de los asuntos prioritarios para el gobierno, las desigualdades en el ámbito educativo son cada vez más profundas, se habla de primero los pobres, pero no se les ofrece una educación de calidad. No ha habido cambios estructurales en la materia y en el discurso hay un silencio ominoso de los sindicatos y de la oposición. De la corrupción, no hay mucho de qué hablar, diría el clásico: “lo que se ve no se juzga”, y quien diga que ya erradicamos este flagelo, miente. En lugar de debatir estos temas con seriedad y proponer en los mismos un cambio, seguimos hablando de las corcholatas, quienes ya están, según algunos, en actos anticipados de campaña. Falta mucho tiempo para el 2024 y paradójicamente poco tiempo para resolver los graves problemas que aquejan al país.

Para finalizar… Las primeras lecturas se dieron entre el morenismo sobre el nombramiento de César Yáñez como subsecretario de Desarrollo Democrático, Participación Social y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, cuyo titular, Adán Augusto López, es una de las corcholatas presidenciales rumbo a la sucesión de 2024.  La primera interpretación ve en la designación de Yáñez un fuerte espaldarazo del presidente Andrés López Obrador a su paisano.  Porque el mandatario levanta a Yáñez el “castigo” que le había impuesto, en octubre de 2018, por hacer pública en una revista del corazón su suntuosa boda, y lo coloca en el equipo de Adán Augusto, después de que éste manifestó al Presidente, según fuentes de Palacio Nacional, su intención de contender por la candidatura presidencial de Morena. Es decir, López Obrador le cede a quien quizá es su más fiel escudero, pues desde 1997, cuando se conocieron, Yáñez le ha demostrado ser más que un funcionario: es un amigo de esos invaluables, que lo ha acompañado como un Sancho Panza, incluso sin cobrar un sólo centavo en sus tiempos de opositores. Ha estado con él en las estrepitosas derrotas electorales de 2006 y 2012, con su lealtad firme, ha estado en las duras y en las maduras, y en aquellas épocas de vacas flacas fue su único elemento de seguridad, además de vocero. Y, no sobra decirlo, Yáñez es de aquellos con cero protagonismos, que sabe manejar un bajo perfil, pues su proyecto y agenda siempre han sido y son López Obrador.  Además, César Yáñez tiene en sus manos la relación con gobernadores, liderazgos de Morena en los estados, lo cual es oro molido para un aspirante presidencial como Adán Augusto.  Los morenistas tampoco pasaron por alto que el nombramiento de Yáñez se dio el mismo día en que La Jornada, el periódico favorito del Presidente, publicó en primera plana una amplia entrevista con el secretario de Gobernación, que se pronuncia “por un Presidente que consolide la transformación”. Es decir, se enviaron dos fuertes señales desde Palacio Nacional a favor de Adán. La otra interpretación también deriva del perfil de Yáñez. Porque, si bien es cierto que el Presidente pone a su mejor soldado al lado de Adán, también lo es que la lealtad de ese soldado seguirá en manos de López Obrador, a quien informará, como jefe y amigo, de todos y cada uno de los movimientos del secretario. En otras palabras, Yáñez será los ojos y los oídos de López Obrador en Segob, con todo lo que ello implica para la aspiración de Adán Augusto. Aunque lo más seguro es que el nombramiento de Yáñez responda a una mezcla de esas dos intenciones.

¿Cómo ve?

Así las cosas…

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