Por la Conciencia
Roger Heli Díaz Guillén
En tiempos de elecciones emergen formas y conductas ciudadanas y de políticos que definen la cultura democrático del pueblo mexicano en la responsabilidad de definir la integración de dos poderes públicos, el ejecutivo y el legislativo, observando como se prepararon en las elecciones 2024 los grupos políticos apoyados por grupos económicos para contender, donde las propuestas políticas que deben mover la conciencia ciudadana no fueron relevantes para determinar el manejo de votos, sustantivamente en el ámbito municipal y diputaciones; centrando el trabajo en el control político de las esperanzas y promesas y la capacidad de respuesta económica y espacios en el gobierno que son partes de los acuerdos en este propósito. La ideología política, los mensajes y proyectos de gobiernos no son materia sustantiva en el quehacer que observamos en lo general, donde las redes sociales y la tecnología digital no es explotada como herramienta, sirviendo únicamente como instrumento a través del Facebook y tik tok para comunicar día a día los recorridos de campaña y mensajes en videos de candidatos; destacando intervenciones de mensajes de seguidores que utilizan la libertad de expresión para agredir y demostrar a enemigos políticos o personajes en campaña; donde además existe población que tanto aplaudió a un candidato como también lo hizo para otros. Donde a nivel municipal se pudo observar en el mundo de la comunicación digital la falta de paginas donde se contenga información básica de proyectos de gobiernos que se proponen, donde se encuentren respuestas a preguntas recurrentes como ciudadanos y en ciencia política. Un factor que define a la democracia es la cultura electoral que deviene de la práctica del manejo de masas como se hacía en los viejos gobiernos, desde donde se creó una industria proveedora de insumos electorales como impresos, playeras, gorras entre otros; que para su control se establecieron topes presupuestales de campañas y; una industria electoral como forma de vida de ciudadanos que han hecho de la acción democrática de la elección un trabajo que ha logrado sostenerse después de muchas elecciones; refiriéndonos a los “operadores políticos” y/o “movedores ciudadanos”. Es a partir de ellos que sirven como puentes entre los candidatos y la ciudadanía en que se forman las bases de datos ciudadanos de partidos que denominan “estructura”, que es el parámetro donde basan su esperanza de triunfar en las elecciones. En esta rama de la industria electoral un componente y tema determinante es el presupuesto para atender la movilidad ciudadana bajo responsabilidad de los “operadores políticos” y/o “movedores ciudadanos” que los partidos actualmente no cubren las necesidades reales económicas que fluctúa en millones de pesos en toda la campaña y precampaña del que derivan eventos de masas sociales ciudadanas; siendo un secreto a voces la existencia de inversionistas “solidarios” (proveedores de insumos, servicios y constructores sustantivamente) que participan en las elecciones como casas de apuestas, con la diferencia que ellos hacen estudios y sondeos previos para su inversión, promoviéndose los acuerdos necesarios para tales efectos, suministrando el recurso económico que en gran parte determina el rumbo de las elecciones ante el nivel existente de una democracia ciudadana y un factor determinante; la existencia de la pobreza, exclusión e ignorancia de mucha población.
La práctica electoral en sus tres niveles de gobierno en la historia dan muestra de lo que se expone, precisando que no responde a una critica de la actuación política en sí, sino a una observancia de nuestra democracia y cultura electoral existente; donde lo sustantivo se transforma en adjetivo; donde se hace necesario mejorar la comunicación optimizando las redes sociales con información integral e incluyente que motive el pensamiento, la reflexión y converjan las razones humanas que busquen el bien común, bienestar social y vida armónica con la naturaleza a partir de la intervención social en la vida pública como forma de vida. Una sociedad informada sabrá tomar mejores decisiones en ejercicios continuos de convergencia de intereses en democracia.
La crítica busca llamar a la conciencia ciudadana y política destacando una realidad que podemos mejorar evitando confundir el objeto humano y social de la democracia, donde hoy hablamos de la democracia en la perspectiva de que sea ciudadana y critica para que la cultura electoral no sea movida por el dinero sino por la conciencia, que sin lugar a duda fortalecerá el sistema democrático de gobierno e incentivará la debida intervención social en la vida púbica de México.
Ante la falta de subsidios suficientes para las campañas otorgados dentro del sistema de partidos, la existencia de la industria electoral se hace un mal necesario como aportación social y ciudadana para financiarlas que debe hoy regularse en el ejercicio democrático que transparenten los recursos a partir de su procedencia, que busquen aportar como sector social de forma regulada para fortalecer la libre participación por el voto y no la compra de conciencias. Que los subsidios de grupos sociales sirvan para fortalecer el capital humano de la democracia trabajando en la comunicación, información y educación, fomentando la libertad y los derechos humanos políticos para hacer de nuestro México espacios de disertación y acuerdos sociales que funden los acuerdos políticos y de gobiernos.
La cultura electoral dentro de nuestra democracia se estancó en la burbuja de la manipulación cerrando espacios al voto secreto y libre a partir de la falta de información objetiva y suficiente; a partir de que el bienestar social es agradecimiento y no un derecho humano; a partir que la pobreza es un mal necesario en procesos electorales; a partir que la necesidad facilita la voluntad; a partir de seguir creyendo que la ignorancia es eterna y necesaria para el manejo de las conciencias ciudadanas.
Este estancamiento de nuestra cultura democrática electoral no es de normas sino de intervención con conciencia ciudadana, que únicamente podrá modificarse en la medida que la cultura democrática como sistema de gobierno lo promueva y lo considere como estrategia del fortalecimiento de la vida pública; de lo contrario, el proceso tendrá que ser generacional a parir de la puesta en marcha del modelo educativo comunitario del nuevo gobierno para aspirar a una cultura democrática ciudadana integral e incluyente.










