
Andrés Manuel López Obrador, presidente de los Estados Unidos Mexicanos
Letras Desnudas
Mario Caballero
Deseos 2022
Días de temor. Días de incertidumbre. Días de sentir que un mal viento sopla, que duele, que lastima, que quema, que seca todo lo que toca. Así se siente vivir en México a finales de 2021. Así se siente contemplar a este país devastado por la pandemia y la violencia, la carencia de unos y la indiferencia de otros.
Por eso quiero despedir este año deseando un mejor 2022 para todos. Que el 2021, en el que muchas familias sufrieron la pérdida de un ser amado, o vieron frustrados sus anhelos, sus sueños, sus ilusiones, o perdieron el empleo con el que lograban sostener sus hogares o tuvieron que bajar la cortina de sus proyectos personales, no sea más que un triste recuerdo que al paso de los siguientes meses quede superado.
Así, deseo no leer, ver o escuchar noticias de que otro niño con cáncer murió por falta de medicamentos.
Que las autoridades de salud sean más sensibles al dolor de estos niños y sus padres, pero sobre todo que sean competentes, honestas y hagan su trabajo porque en sus manos está la vida no de una, ni de dos, ni de tres, sino de millones de mexicanos que merecen un servicio digno.
Sé que por el tiempo que le queda a este gobierno, es difícil que el sistema de salud sea igual al de Noruega o Dinamarca, tal como lo ha prometido el presidente Andrés Manuel López Obrador. Pero sería muy gratificante que por lo menos ya no haya más quejas de los pacientes por que le cancelaron una cirugía por falta de insumos, o que no le hicieron los estudios por no haber reactivos o que no le surtieron sus medicamentos para la diabetes, para la presión o de cualquier otro padecimiento crónico.
Deseo que deje de prevalecer ese clima peleonero, esos ríos de insultos, esa polarización que a todos nos tiene confundidos y aturdidos. Muchos nos preguntamos cómo es posible mantener latiendo el corazón de la esperanza cuando por todas partes no hay sino sólo odio e incluso resignación a que esto no va a cambiar.
Hoy por hoy, salvo algunas excepciones, cuesta mucho trabajo distinguir la transformación de la destrucción, el avance del retroceso y la verdad de la mentira pregonada desde el asqueroso púlpito de la política.
Por lo mismo, deseo que todos asumamos el papel que nos corresponde, de procurar aquello que advertía Eleanor Roosvelt: ser velas y no sólo maldecir en la oscuridad. Armar un mapa de nuestras convicciones compartidas y tender puentes de entendimiento que trascienda a los responsables de la política, del gobierno, del poder. Armar eso que une en lugar de dividir. Eso que sana en lugar de herir. Eso que nos motiva a actuar, a proponer, remediar, crecer, a entender el porqué de tanta rabia y a creer en México.
Deseo que las cientos de mujeres que buscan a sus hijos y familiares desaparecidos, encuentren también en el camino de su búsqueda el apoyo, la comprensión y la solidaridad de los funcionarios y gobernantes. Para que no pasen más hambre, frío, sed; para que no sigan estando desamparadas, sin ningún factor de seguridad; para que no sigan siendo amenazadas por los grupos criminales; para que no se les muera la esperanza. Ellas, todas, son ejemplo de valor, coraje y amor. Hacen lo que nadie más ha querido hacer. Y buscan lo que muchos estando en la comodidad de sus oficinas ya han dado por perdido.
Igual que como muchos otros, también deseo que esta maldita pandemia se termine de una vez por todas. Que, así como llegó, se vaya. Pero sabemos que esto no es así. No basta con desearlo. Necesita la cooperación de todos. La empatía de todos. El trabajo de todos. Nunca un eslogan gubernamental había tenido tanta razón: “Al cuidarte tú, nos cuidamos todos”.
Por tanto, no hay que bajar la guardia, ni quitarnos los cubrebocas y sí hay que atender los llamados a vacunarse.
Deseo, asimismo, que las autoridades sanitarias como Hugo López-Gatell y el secretario de Salud, Jorge Alcocer, dejen de hacer política de esta catástrofe mundial. Ya entendimos que el presidente los seguirá sosteniendo en el cargo a pesar de los malos resultados, a pesar de los casi trescientos mil muertos por Covid. Pero deben ser más responsables. No por querer quedar bien con su jefe, minimicen el peligro de la enfermedad y sigan poniendo en riesgo la vida de niños, mujeres y hombres por igual.
Deseo que desde el presidente de la República y hasta el último elemento encargado de la seguridad de los mexicanos comprendan que los programas del bienestar, la negación de las estadísticas de homicidios dolosos y los abrazos y no balazos, no están resolviendo el problema de la inseguridad en el país y la violencia criminal que ya ha superado los 100 mil asesinatos durante los pasados tres años de gestión gubernamental.
Ojalá se piense en una verdadera estrategia porque es hilarante querer combatir la delincuencia con buenos ejemplos o acusar a los criminales con sus mamás y abuelitas. La terrible situación que padece el país no necesita de abrazos ni de chanclazos, sino de eficientes políticas de seguridad.
En cuanto al presidente de la República, deseo que sea más tolerante a la crítica. Que, en lugar de insultar, debata; que, en lugar de polarizar, explique. Porque si dice ser un creyente y defensor de la democracia debería entender que ésta no sólo es electoral, sino es el mejor vehículo para garantizar los derechos a la salud, a la educación y a la vida digna. La democracia debe y tiene que ser el ambiente propicio para las libertades, como la libertad de expresión y el libre pensamiento.
También que escuche, delibere y se deje asesorar por los que entienden cómo funciona la economía, por los que saben cómo fomentar la inversión y que comprenden que el crecimiento de la inflación se debe en gran parte a las malas decisiones que se tomaron desde el poder con respecto a la economía, y que ello traerá como consecuencia falta de desarrollo, más desigualdad, mayor número de pobres y será difícil mantener los programas sociales.
De igual manera, deseo que su equipo económico le dé cátedra de lo dañinos que también pueden llegar a ser los monopolios públicos, y resucitarlos. Como él está haciendo con CFE y Pemex. Lo cual, según han declarado los expertos, no producirá más soberanía, sino peores productos a precios más altos para los consumidores.
Deseo que combata el capitalismo de cuates, eliminando el favoritismo, la opacidad, las adjudicaciones directas y las licitaciones al margen de la ley.
Que barra la corrupción, pero con una escoba pareja, con la que sean investigados sus hermanos, sobrinos, hijos, primos, primas, etcétera, y que ese barrido sea sin politizar las instituciones del Estado, como ha ocurrido con el SAT, la Unidad de Inteligencia Financiera y la Secretaría de la Función Pública.
Por último, y espero que no sea demasiado tarde, que se repiensen las obras costosas, faraónicas, con poca planeación, estudios ausentes, presupuestos que suben y suben y de vialidad cuestionable, como son el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto de Santa Lucía.
Me despido agradeciéndole por haberme acompañado con su amable lectura a lo largo de este año. Nos leemos el 11 de enero para aplaudir lo que se haga bien y criticar lo que sea criticable. Feliz año nuevo.
@_MarioCaballero









