Por la Conciencia
Dr. Roger Heli Díaz Guillén
Los ciudadanos somos testigos de cómo fuerzas políticas observan y hacen público los movimientos de funcionarios en la estructura de gobierno como señales de debilidad, de desorganización, de falta de cuadros y falta de gobernabilidad. De lo que, ciertamente, en dos años del gobierno hemos visto cambios en las áreas de turismo, salud, educación que atendieron reclamos sociales en medios y evidencias, mandando mensajes estas determinaciones de la prioridad a la política interior y orden político; no tolerancia al uso indebido de funciones y; no tolerar la corrupción. Que deben ser analizadas con más realismo y al amparo de la historia para observar que los movimientos en las estructuras de gobierno ha sido una práctica necesaria basada en diversos contextos.
Por ejemplo en el tema de los secretarios de gobierno la historia nos indica que en el gobierno de Julio Cesar Ruiz Ferro (1995 a enero 1998), tuvo como secretarios a Eraclio Zepeda Ramos y Homero Tovilla Cristiani. Por su parte Roberto Albores Guillen (1998 al 2000) nombró a tres secretarios de gobierno: Jorge Mario Lescieur Talavera, Carlos Rodolfo Soto Monzón y Luis Alfonso Utrilla Gómez. El gobernador Pablo Salazar Mendiguchia (2000 al 2006) nombró como secretarios a Emilio Sebadúa González y Rubén F. Velázquez López. Correspondiendo al gobernador Juan Sabines Guerrero (2006-2012) designar como secretarios a Jorge Antonio Morales Messner y Noe Castañón León
Destaca en este listado el gobernador Manuel Velasco Coello (2012 al 2018) que nombró a cuatro secretarios de gobierno: Noe Castañón león, Eduardo Ramírez Aguilar, Juan Carlos Gómez Aranda y Mario Carlos Culebro Velazco. El gobernador Rutio Escandón Cadena (2018-2024) cuyos secretarios de gobierno fueron Ismael Brito Mazariegos y Victoria Cecilia Flores Pérez. Siendo el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar que en los dos primeros años de gobierno lleva nombrados a tres secretarios de gobierno: Paty Conde Ruiz, Dulce María Rodríguez y Jorge Enrique Hernández Bielma.
Hoy el análisis de la vida política en Chiapas siempre exige una mirada profunda, despojada de simplismo. Al cumplirse dos años de la actual administración estatal, el balance de su gestión no puede mirarse únicamente en cifras de infraestructura; lucha política o indicadores macroeconómicos; debe evaluarse en la sofisticación de sus movimientos de gobernabilidad y en la claridad de sus mensajes de Estado en un territorio históricamente complejo. Su evaluación debe considerar parámetros referenciales para observar la existencia o no de Crisis de gobernabilidad y política; Falta de pericia o perfil inadecuado; Estrategia política electoral y; el Uso de personajes políticos como fusibles políticos.
Chiapas es un mosaico de realidades donde la gobernabilidad no se decreta; se construye día a día. En este bienio, el ejecutivo estatal ha tenido que operar en un tablero de alta intensidad marcado por añejas disputas agrarias, dinámicas migratorias globales, asuntos de desplazamientos de personas y; la legitima exigencia de justicia de los pueblos originarios. Los movimientos tácticos del gobierno para mantener la estabilidad política han oscilado entre la firmeza institucional y al apertura del dialogo directo. Esta dualidad demuestra que la gobernabilidad en Chiapas ya no depende de la vieja política del sometimiento, sino de la capacidad de tejer consensos con los liderazgos regionales y las organizaciones sociales, desactivando los focos de conflicto antes de que escalen a crisis mayores.
Por otro lado, los mensajes de Estado emitidos en este periodo reflejan una narrativa de reconciliación y desarrollo inclusivo. Desde la tribuna pública, el discurso oficial ha sido persistente: Chiapas ya no debe ser visto como el vagón de cola de la federación, sino como el epicentro de la transformación del sureste de México. Este mensaje busca inyectar un sentido de dignidad e identidad compartida alineando los esfuerzos estatales con los grades proyectos de la federación. Sin embargo, el verdadero valor de un mensaje de Estado radica en su concordancia con la realidad del ciudadano de a pie. La insistencia en la transparencia y el combate a la corrupción política nacional se ha replicado localmente como una promesa de orden que la sociedad vigila de cerca.
A la mitad del camino de gobierno los desafíos siguen siendo monumentales. La seguridad en las zonas fronterizas y la pacificación definitiva de municipios y comunidades en tensión son asignaturas que requieren más que discursos elocuentes, demandan la consolidación de un Estado de Derecho pleno. Estos dos años dejan claro que la gobernabilidad en Chiapas es un equilibrio dinámico y frágil. Los cimientos institucionales y los mensajes de paz social están puestos sobre la mesa. El reto para los años venideros será transformar esa narrativa política. en una paz duradera y en un bienestar que se sienta de manera tangible, en cada uno de los municipios de la geografía chiapaneca.










