Gilbertto de los Santos Cruz
- Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio
18 de junio
En un mundo cada vez más conectado por la tecnología y las redes sociales, las palabras tienen un alcance sin precedentes. Un mensaje puede cruzar continentes en segundos, inspirar esperanza, generar solidaridad o, por el contrario, sembrar división, discriminación y violencia. Consciente de esta realidad, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó en 2021 el 18 de junio como el Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio, una fecha destinada a promover el respeto, la inclusión y la convivencia pacífica entre los pueblos.
El discurso de odio no es solamente una opinión negativa o una crítica. Se trata de expresiones que promueven el rechazo, la discriminación o la violencia contra personas o grupos por motivos de origen étnico, religión, género, discapacidad, orientación sexual, nacionalidad, condición social o cualquier otra característica que forme parte de su identidad. Aunque muchas veces inicia con palabras, sus consecuencias pueden traducirse en exclusión, marginación e incluso conflictos sociales de gran magnitud.
La historia de la humanidad ofrece dolorosos ejemplos de cómo los discursos de odio han contribuido a justificar persecuciones, guerras, genocidios y violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Por ello, la comunidad internacional ha reconocido que combatir estas expresiones no es únicamente una cuestión de cortesía o educación, sino una tarea fundamental para preservar la paz, la democracia y la dignidad humana.
Un desafío global
En la actualidad, el crecimiento de las plataformas digitales ha multiplicado la velocidad con la que circula la información. Esta capacidad extraordinaria de comunicación también ha permitido que mensajes cargados de intolerancia alcancen audiencias masivas en cuestión de minutos.
Las Naciones Unidas han advertido que el discurso de odio representa una amenaza para la cohesión social y para los valores universales de respeto y diversidad. Cuando una sociedad normaliza la discriminación verbal, se abre la puerta a formas más graves de exclusión y violencia.
Por ello, organismos internacionales, gobiernos, instituciones educativas y organizaciones civiles impulsan campañas permanentes para fomentar el diálogo, la empatía y el respeto mutuo. El objetivo no es limitar la libertad de expresión, sino promover una comunicación responsable que reconozca la dignidad de todas las personas.
La construcción de sociedades pacíficas comienza con algo aparentemente sencillo: aprender a escuchar, comprender y respetar las diferencias. La diversidad cultural, lingüística, religiosa y social no debe ser vista como una amenaza, sino como una riqueza que fortalece a las comunidades.
México: diversidad que exige respeto
México es una nación caracterizada por su enorme pluralidad cultural. En nuestro territorio conviven pueblos indígenas, comunidades afromexicanas, personas con distintas creencias religiosas, formas de pensar y estilos de vida. Esta diversidad constituye uno de los mayores patrimonios de nuestro país.
Sin embargo, también persisten expresiones de discriminación y prejuicio que afectan a miles de personas. Comentarios racistas, burlas por el origen étnico, ataques contra mujeres, personas con discapacidad o integrantes de grupos históricamente vulnerables continúan siendo una realidad que lastima el tejido social.
De acuerdo con diversos estudios nacionales, muchas personas han experimentado algún tipo de discriminación a lo largo de su vida. Estas situaciones suelen comenzar con palabras que parecen inofensivas, pero que terminan reproduciendo estereotipos y fomentando la exclusión.
Frente a este panorama, la educación desempeña un papel esencial. Las escuelas son espacios donde niñas, niños y jóvenes pueden aprender el valor del respeto, la tolerancia y la convivencia democrática. Formar ciudadanos capaces de dialogar y reconocer la dignidad de los demás es una de las mejores herramientas para prevenir el discurso de odio.
La familia, los medios de comunicación, las instituciones públicas y la sociedad en general también tienen una responsabilidad compartida. Cada palabra que pronunciamos o escribimos contribuye a construir el tipo de país en el que queremos vivir.
Chiapas: una tierra de diversidad y encuentro
Hablar de respeto a la diversidad tiene una relevancia especial en Chiapas. Nuestro estado es reconocido por su riqueza cultural, lingüística y étnica. En su territorio habitan pueblos originarios que han preservado durante generaciones sus tradiciones, conocimientos y lenguas, formando parte esencial de la identidad chiapaneca y mexicana.
Esta diversidad representa un motivo de orgullo, pero también plantea el desafío permanente de garantizar la inclusión y el reconocimiento de todos los sectores de la población. Combatir cualquier forma de discriminación es una condición indispensable para construir una sociedad más justa y equitativa.
Las expresiones de odio, los prejuicios y los estigmas no sólo afectan a quienes los reciben directamente; dañan a toda la comunidad porque debilitan la confianza, la convivencia y el sentido de pertenencia. Cuando una persona es excluida por su lengua, su cultura, su apariencia o su condición social, se vulneran principios fundamentales de igualdad y dignidad humana.
Por ello, resulta especialmente importante fortalecer acciones educativas y culturales que promuevan el diálogo intercultural, el respeto a los derechos humanos y la valoración de nuestras diferencias como una fortaleza colectiva.
Desde las aulas, los espacios comunitarios y las instituciones públicas, es posible sembrar una cultura basada en el entendimiento mutuo. Cada gesto de respeto, cada palabra de inclusión y cada acto de solidaridad contribuyen a construir un Chiapas más unido.
Las palabras que transforman
El Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio nos invita a reflexionar sobre el impacto que tienen nuestras palabras. En ocasiones, una frase puede herir profundamente; pero también puede inspirar, reconciliar y transformar vidas.
La empatía consiste precisamente en reconocer que detrás de cada persona existe una historia, una identidad y una dignidad que merecen ser respetadas. Cuando elegimos el diálogo en lugar de la confrontación, la comprensión en lugar del prejuicio y el respeto en lugar de la discriminación, contribuimos a crear comunidades más fuertes y humanas.
En un contexto global marcado por desafíos sociales, económicos y culturales, la promoción de la paz comienza en los espacios más cercanos: el hogar, la escuela, el trabajo y la comunidad.
Este 18 de junio recordemos que las palabras tienen poder. Pueden dividir o unir; pueden herir o sanar. Que nuestra voz sea siempre una herramienta para construir puentes, fortalecer la convivencia y defender la dignidad de todas las personas.
Porque una sociedad libre de odio no se construye únicamente con leyes o instituciones: se construye cada día, a través del respeto, la educación y la voluntad de reconocer en los demás a un ser humano con los mismos derechos, sueños y esperanzas.










