El Capibara Mexicano que México Ignora

El Capibara Mexicano que México Ignora

Jenner Rodas Trejo

Mientras millones de personas en todo el mundo abrazan peluches de capibara y celebran la tranquilidad zen de este roedor gigante sudamericano, México tiene a su propio «capibara» al borde de la extinción, y la mayoría de los mexicanos no sabe que existe.

Las redes sociales han convertido al capibara (Hydrochoerus hydrochaeris) en el símbolo universal de la paz. Su apariencia bonachona, conviviendo plácidamente con cocodrilos en los humedales desde Venezuela hasta Argentina, ha conquistado corazones y generado una ola de conservación que beneficia a ecosistemas enteros. Es lo que en biología de la conservación llamamos una «especie paraguas»: protegerla significa proteger todo su hábitat que incluyen a muchas otras especies de plantas y animales.

Pero en México tenemos nuestro propio protagonista de esta historia, uno que merece la misma atención y urgentemente necesita la misma protección: el guaqueque negro o serete mexicano (Dasyprocta mexicana).

El guaqueque negro es un roedor endémico, es decir, que solo existe en México habita exclusivamente en el sur del país: Veracruz, Oaxaca, Chiapas y algunos registros aislados en Tabasco. A diferencia de su primo sudamericano que nada en ríos, el guaqueque negro prefiere los pisos de selva húmeda, donde cumple un papel ecológico fundamental como dispersor de semillas. Gracias a su presencia muchos árboles se desarrollan.

En Chiapas habita principalmente en Palenque y la Selva Lacandona, aunque existe una curiosa excepción urbana: una pequeña población prospera en la Reserva Ecológica El Zapotal, en pleno corazón de Tuxtla Gutiérrez. Esta colonia se estableció de manera accidental cuando algunos individuos escaparon del Zoológico Miguel Álvarez del Toro y encontraron en la reserva el hábitat perfecto para vivir. Ahí, los visitantes pueden observar con asombro a estos animales escurridizos que viven en parejas monógamas, protegen juntos a sus crías y cuyas pequeñas tienen la extraordinaria capacidad de correr apenas una hora después de nacer.

La ironía: mientras el capibara sudamericano prospera bajo la protección de la fama mundial, nuestro guaqueque negro está catalogado como «En Peligro Crítico» por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Sin embargo, la legislación ambiental mexicana no lo considera bajo ningún tipo de riesgo. Una especie endémica de distribución restringida, cuyo hábitat se destruye aceleradamente y que es cazada intensivamente para alimento, permanece legalmente desprotegida.

Esta contradicción no es solo administrativa, es ética. Mientras celebramos la biodiversidad como patrimonio nacional, permitimos que una de nuestras especies únicas se desvanezca en silencio. El guaqueque negro no tiene la fortuna mediática del capibara, pero tiene algo más importante: es exclusivamente nuestro.

La deforestación lo ha obligado a refugiarse en lugares impensables como cultivos de palma de aceite. Los pocos estudios existentes revelan que esta especie, además de ser presa fundamental para jaguares, pumas y ocelotes, es un ingeniero ecosistémico cuya pérdida tendría múltiples efectos negativos y que son efectos cascada impredecibles en las selvas del sureste mexicano.

México puede salvar a su capibara endémico. Primero necesitamos reconocer que lo tenemos, valorar por ser único en el mundo, y aceptar que su extinción sería una pérdida irreversible del patrimonio biológico nacional.

El guaqueque negro no necesita volverse viral en TikTok para merecer nuestra protección. Solo necesita que México despierte a la realidad de que algunas especies no tienen segunda oportunidad, y que cuando se van, se llevan con ellas millones de años de evolución que jamás podremos recuperar.

La próxima vez que veas un meme de capibara, recuerda que México tiene el suyo propio. Y que todavía estamos a tiempo de salvarlo.

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