El cinismo filosófico de Stewie Griffin

El cinismo filosófico de Stewie Griffin

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

La crisis de creatividad de las caricaturas norteamericanas a finales de los años ochenta exteriorizada por el repunte de las producciones japonesas en la década siguiente, generó la aparición de producciones disruptivas como los Simpson o Padre de Familia, que trajeron consigo críticas profundas sobre la familia y la sociedad de ese país.

La consagración de estas series en la primera década de este siglo se debió, entre otras cosas, por cuestionar a través del humor negro y la irreverencia temas tabús en ámbitos como la religión, la política, la educación, la diversidad sexual, el racismo o la discriminación. Sus narrativas exageradas incomodaron a los sectores conservadores quienes intentaron censurarlas a toda costa.

Padre de Familia fue creada en 1999 por Seth Mac Farlane en 1999 para la cadena Fox; las historias se centran en la figura de Peter Griffin, un hombre glotón, inmaduro, impulsivo y propenso a situaciones absurdas. En la familia sobresalen Brian, un perro alcohólico, con problemas existenciales y dotes de escritor; y Stewie, un bebé genio, cínico, megalómano y malvado.

Stewie representa el núcleo intelectual de la serie por sus inclinaciones liberales y por expresar cínicamente la crisis de valores de la sociedad estadounidense y la consecuente búsqueda de sentido en un contexto marcado por el consumismo y la hiperrealidad. Sus expresiones nihilistas desvalorizan la vida convencional y desnudan las convenciones sociales mediante la búsqueda de valores propios.

El también llamado “cabeza de balón” se niega a reproducir los valores de lo respetable y denuncia la inautenticidad de esa supuesta respetabilidad que se legitima socialmente mediante el costumbrismo y la comodidad. Este ente perverso probablemente está inspirado en la complejidad de la mente de un genio maquiavélico y existencialista atrapada en el cuerpo de un bebé indefenso.

En sus narrativas confluyen el existencialismo filosófico, el nihilismo y la voluntad de poder nietzscheana; su cinismo ante temas cotidianos es una manifestación de la mentalidad de los incorregibles, de los inadaptados, de los anormales, o de aquellos que son capaces de identificar toda forma de simulación.

La enorme cabeza de Stewie pareciera simbolizar a un ser con un intelecto superior que es capaz de viajar en el tiempo inventando sus propios artefactos; este bebé perverso nos recuerda que no importa cuán inteligente sea uno si continúa atrapado en la mundanidad y el materialismo.

Como encarnación de la voluntad de poder, Stewie no duda en exteriorizar la fuerza que impulsa a los individuos a dominar su entorno, crear sus propios valores y transmutar las limitaciones impuestas por la sociedad. Él está desprovisto de la moral tradicional y su potencial intelectual se contrapone con su inmadurez biológica: «Sé que soy un bebé, pero tengo el alma de un poeta del siglo XIX atrapado en un cuerpo que no puede controlar sus esfínteres», sentenció.

Su cabeza también es una metáfora de la soledad del genio; pese a estar en un núcleo familiar, él se siente solo debido al desarrollo precoz de su conciencia y raciocinio. El único que comparte estos valores con él es el perro de la familia, con quien aborda temas que muestran la ignorancia y la superficialidad con que vive la sociedad contemporánea.

A través de sus diversos viajes en el tiempo acompañado del perro, Stewie, como si hubiese leído a Jean Baudrillard no solamente pretende destruir el tejido de la simulación social, sino comprenderlo; él no es un villano inmaduro de caricatura posmodernista, es un observador nihilista de la condición humana.

Al darse cuenta de la imposibilidad de que el mundo y los demás sean eliminados, él empieza a buscar el sentido en lo absurdo de la vida; su amistad con Brian es la base de su existencialismo. Stewie transita de un nihilismo que desea la destrucción a un cinismo donde lo más preciado son los deseos propios.

El perro es su compañero intelectual y figura paterna, incluso por encima que la del padre biológico que por lo general pasa el tiempo libre tomando con sus amigos en un bar; él es capaz de calmar las tendencias homicidas del bebé y lo motiva a hacer buen uso de su alto coeficiente intelectual.

Con más de dos décadas de historia, el lazo intelectual entre el bebé y su perro traspasaron los estereotipos de las caricaturas tradicionales, consolidándose como un referente existencialista en la era del streaming.

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