El Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
La novela El mago de Oz tiene un trasfondo existencial donde el ser humano es expuesto a la ausencia de sentido; el viaje de Dorothy, el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León, muestra el tránsito del ser inauténtico a la autoconciencia: ellos abandonaron la búsqueda de la esencia al descubrir que el ser ya estaba presente en el sujeto.
La obra de Lyman Frank Baum se erige desde el existencialismo como el viaje a un vacío marcado por la angustia de no saber quiénes somos y por qué estamos en el mundo; esta búsqueda implica superar el pensamiento metafísico y encontrar al ser verdadero. La travesía de estos personajes caracteriza la confrontación entre el ente y la falta de sentido en un mundo moderno sin respuestas.
Dorothy y sus amigos descubren que el sentido de la vida no se recibe de manera mediatizada, sino que se construye a través de los actos. En esta nueva dimensión ellos superaron su aparente estado de carencia, ya que habían asumido que adolecían de atributos fundamentales como el intelecto, el afecto o el coraje que son característicos del no-ser.
En ese tránsito ellos dejan de ser entes disminuidos e incompletos y se transforman en seres auténticos, porque tomaron conciencia de su vacío existencial y luego definieron sus modos de ser y estar en el mundo. El sistema impone a través de distintos medios que nuestra condición humana está vacía, pero son nuestras acciones las que nos otorgan trascendencia: ya no hay predeterminismo.
Descubrir que ya pensaban, sentían compasión y actuaban con valentía, les permitió desenmascarar la farsa del Mago. La deconstrucción del gran otro, el farsante ontológico, les motivó a develar el mundo de las apariencias; esto es una alegoría de la proyección de un mundo donde predomina el vacío y que son nuestras acciones las que lo llenan.
El Mago representa la figura de la autoridad trascendente, el Dios o el padre protector que aparentemente posee todas las respuestas; Dorothy descubre que tras la cortina solo hay un hombre común que se aprovechaba de la ilusión generada por la fe ciega. El existencialismo filosófico postula que no hay una entidad superior que nos salve o nos defina, sino que esto depende de nosotros.
Al desaparecer la hegemonía del poder del mago, el sujeto fragmentado encarnado por Dorothy y sus amigos, se ve motivado a asumir su propia condición existencial al ser dueño de su destino. Tras desmitificar al Mago, los personajes asumen que el poder residía en ellos todo el tiempo; la autoridad era una mentira necesaria para mantener vigente a ese vacío.
La autenticidad ontológica se alcanza al actuar con plena conciencia y no al reproducir una etiqueta otorgada por un tercero que representa a la autoridad, llámese gobierno, iglesia o filiación política. El viaje al mundo de Oz es un enfrentamiento entre el ser y el absurdo; todo acto autonómico rompe las reglas del mundo aparente.
La metafísica se va a segundo plano cuando Dorothy comprende que el mundo fantástico no ofrece respuestas a su condición desolada; su ser ya se manifestaba con el simple acto de transitar el camino. Más que un viaje iniciático, El Mago de Oz es una alegoría del paso de una existencia inauténtica a la toma de conciencia del ser frente a la nada.
El regreso a Kansas simboliza la aceptación de la propia finitud, la reconciliación con la vida cotidiana y el hecho de que el ser ya no busca la verdad en el simulacro, sino en el goce auténtico. El mundo no es un lugar idílico, sino el espacio propio de la realidad donde el individuo debe hacerse cargo de su existencia sin escapes mágicos.










