El SKA, un género musical en resistencia

El SKA, un género musical en resistencia

Para abordar el tema retomé el concepto de habitus de Pierre Bourdieu, que expresa una estructura sociocultural que integra experiencias pasadas y funciona como una matriz de percepciones que puede devenir en acciones colectivas. El habitus se relaciona con la historicidad de cada actor social cuyas prácticas se rigen por esquemas de percepción y nuevas representaciones que dan paso a formas particulares de ser y estar en sociedad.

El ska es un género musical que caracteriza a una identidad en resistencia y el habitus fue importante para identificar qué influye en las intersubjetividades y las prácticas socioculturales de jóvenes que gustan de canciones que plantan cara al neoliberalismo, el consumismo o la globalización. Esas son las partes visibles de un sentido contrahegemónico promotor de la libertad, pero detrás hay una historicidad en la que el rastafarismo, el reggae y el punk sentaron las bases de una autonomía que no es perceptible en otros géneros musicales.

Sobre el rastafarismo, Serbin (1986) sostiene que “surge como un movimiento mesiánico en las barriadas marginales de la capital de Jamaica, Kingston, y en las zonas rurales adyacentes, en la década del treinta, como una expresión de la desesperanza y la frustración de los sectores populares negros de la sociedad jamaiquina”. Ontológicamente el rastafarismo transmite paz, espiritualidad, resistencia y lucha; pese a ser visto como un movimiento rebelde, lo que busca es fomentar la paz y la empatía colectiva.

Otro género que motivó a los jóvenes a comprenderse a sí mismos para luego tomar un posicionamiento ante la superficialidad del sistema fue el reggae, y una figura destacada fue Bob Marley, ícono pacifista y defensor de los derechos civiles de Jamaica. Garzón (2014) expone que “durante la primera parte de su desarrollo, muchos jóvenes de los ghettos de Jamaica, hicieron suyos la filosofía de este movimiento, aportándoles su herencia social, espíritu emprendedor y ansías de rebeldía resultantes de haber crecido en condiciones de franca pobreza”. Igualmente, los discursos de intelectuales y activistas negros y afrodescendientes de diversos países, influyeron en la creación de letras promotoras de ideales de libertad para constituirse como una memoria histórica que enaltece el valor de las luchas contrahegemónicas.

En tercer lugar, está la cultura punk y aunque su aparición es posterior al ska, la rabia expresada en canciones llenas de explosividad que hablan de desigualdad, racismo, fascismo, imperialismo cultural, pobreza, exclusión, abusos policiales, injusticias sociales, etc., fueron fusionándose en el ska punk, el ska core, el grind core, entre otros sub géneros que trascendieron la clandestinidad para convertirse en parte de una industria alternativa.

El ska es una contracultura con una posición política clara que describe la opresión, los modos de dominación o las desigualdades propiciadas por el neoliberalismo; así mismo reivindica cultural, política, social y económicamente con su memoria histórica a los de “abajo” y traza imaginarios de confraternidad, progreso, religiosidad y paz. Lozano (2019) afirma que en el ska hay letras “que dibujan la vida cotidiana de las clases trabajadoras en los entornos urbanos; muchas otras que también se asocian con la lucha que a diario sostienen los campesinos para sobrevivir; una más, reflejan el malestar ante el gobierno y la policía, denuncian la represión, la corrupción, la pobreza, la desigualdad”.

El habitus en el ska se traza con el legado que hicieron el rastafarismo, el reggae y el punk, que son sumados a las experiencias asimétricas que tienen los jóvenes con diversas partes del sistema. A nivel local, las tensiones políticas y movimientos de corte autónomo como el del EZLN, influyeron para que diversos problemas socioculturales y económicos como el racismo, la desigualdad, la aporofobia, la pigmentocracia, la violencia de género, el crecimiento del crimen organizado, entre otros, estén en las letras de canciones que promueven una toma de conciencia para pasar a infinidad de formas de resistencia.

El devenir histórico de este género en la entidad, principalmente en San Cristóbal de Las Casas, también viene de la mano del entretejido que se hace de los mensajes de los grupos que irrumpieron en esta escena musical desde los años ochenta como Panteón Rococó; de la aparición del EZLN, de hechos dolorosos como la masacre de Acteal, y de las manifestaciones contraculturales o el arte alternativo impulsado por los foros independientes locales.

Apreciar este movimiento desde la perspectiva del habitus, fue interesante para caracterizarlo como distintivo de una identidad en resistencia. Este género musical se refuerza con las viejas estructuras provenientes de los géneros ya mencionados y fomenta la creación de nuevos imaginarios que hacen que esta identidad musical siga vigente en las canciones y otras artes.  

Es a partir de la música y sus implicaciones socioculturales donde estos jóvenes hacen sus percepciones, intercambios y nuevas prácticas para asumirse como antineoliberales o globalifóbicos; la interiorización de las estructuras elaboradas desde su devenir histórico influye en la elaboración de patrones autonómicos y de diversas formas de resistencia que se desmarcan del consumismo, la política totalitaria y de cualquier forma de imposición.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *