En Chiapas, la educación perdió la brújula

En Chiapas, la educación perdió la brújula

Dr. José Antonio Ramírez Díaz

La educación no es un proceso administrativo

Lejos de atender las orientaciones y enfoques del proyecto educativo del gobierno de la cuarta transformación, que concibe a la educación como un proceso de formación integral, que promueve el aprendizaje de excelencia, inclusivo, pluricultural, colaborativo y equitativo; en Chiapas, existe un error de percepción, al concebirla con una visión reduccionista, de corte administrativo, sin sustento científico, que de cuenta y fundamente la complejidad de las realidades educativas chiapanecas,  que se gestan en un contexto diverso, pluricultural y disperso, con un presente desafiante y un futuro que se visualiza incierto.

La educación como fenómeno social complejo, es multifactorial; condición que requiere y exige, congruencia y pertinencia; en tal sentido, lo complejo y multifactorial del fenómeno educativo a escala social, se traslada al plano institucional, donde en Chiapas, no se cuenta con los perfiles adecuados y la experiencia necesaria, para entender la educación que necesita la entidad para transformar la realidad de las regiones y comunidades que integran la geografía estatal.   

Durante su comparecencia ante la Comisión de Educación y Cultura de la LXVIII Legislatura del estado de Chiapas, como parte de la Glosa del Sexto Informe de Gobierno, el día jueves 26 de septiembre del presente, la titular de la Secretaría de Educación en Chiapas, de acuerdo a la reseña de los principales diarios locales, destacó que durante su gestión, los principales logros fueron, saldar deudas económicas con el magisterio estatal (habría que preguntarle a los más de 12 mil profesores interinos de los diversos niveles educativos que argumentan que la Secretaría de Educación en el Estado, no ha cubierto los salarios devengados en al menos, todo el ciclo anterior); la supuesta regularización laboral de la relación contractual con alguna parte del magisterio; la construcción de un edificio anexo a la Secretaría de Educación del Estado y la entrega de 1,112 lotes de mobiliario a 983 escuelas de las 18,194 existentes, beneficiando a 44 mil 875 estudiantes, de 1’346,338 que cursan el nivel básico.

Los resultados informados, reflejan la pobreza de la gestión en un sector tan sensible como el educativo.

Mientras tanto, la sociedad sigue en espera de una rendición de cuentas que refleje, qué acciones se han emprendido para enseñar a leer y escribir a los más de 500 mil chiapanecos analfabetos; qué se ha hecho para disminuir el rezago educativo y el abandono escolar; qué, para capacitar, actualizar y profesionalizar a los profesores de los distintos niveles educativos; para reducir la reprobación, para incrementar los niveles de escolaridad; lamentablemente, al parecer, en Chiapas, la educación ha perdido el rumbo.

Más allá de lo que significan administrativamente los datos señalados, en la comparesencia de la titular del sector educativo, lo que se devela, es una ausencia de conocimiento del campo de la educación.

Desde luego que el pago (de ser así), de los emolumentos devengados por los profesores, es uno de los aspectos que favorecen el desarrollo de los procesos educativos, pues el salario, representa el sustento de éstos y sus familias. Pero, para transformar los procesos educativos, es necesario que el magisterio chiapaneco, tenga un efectivo acompañamiento técnico pedagógico, procesos de capacitación, actualización y profesionalización de la práctica docente, así como materiales didácticos pertinentes para el desarrollo de los procesos de enseñanza y aprendizaje en las aulas.

La educación debe ser vista, como un proceso transformador de una realidad desigual e injusta, donde la acción educativa, genere y desarrolle un proyecto de cambio social.

Es preciso señalar, que la educación de los pueblos, dista mucho de ser un proceso administrativo.

EDUCACIÓN SIN RUMBO

De acuerdo a cifras del Censo General de Población y Vivienda (2020), en Chiapas, el 89% de las niñas y niños de 06 a 14 años de edad, asisten a la escuela (la más baja en el país), a nivel nacional, la asistencia es de 94%; mientras que, 14 de cada 100 personas de 15 años y más, no saben leer y escribir (el índice de analfabetismo más alto a nivel nacional); 45% no tienen la educación básica terminada (el mayor índice de rezago educativo en educación básica a nivel nacional); sólo 18 terminan la educación media superior y 13 concluyen la educación superior. El grado promedio de escolaridad es de 7.8 grados, equivalente a primer año de secundaria (el más bajo del país); mientras que a nivel nacional es de 9.7 grados, esto es, algún grado de la educación media.

Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), indica que producto de la pandemia del Covid-19, a mediados del mes de marzo del año 2020, la autoridad educativa en México, ordena el cierre de escuelas de diversos niveles educativos, instrucción que permaneció alrededor de 250 días para evitar la propagación del virus. El cierre temporal de los planteles educativos, agravó la situación de rezago educativo que históricamente ha existido en las entidades con menor índice de desarrollo humano del país, sobre todo, en estados del sureste mexicano como Chiapas.

En el marco de la emergencia sanitaria, la autoridad educativa optó por implementar una estrategia de desarrollo de contenidos educativos a distancia, en línea, con apoyo de la televisión, otros dispositivos electrónicos y aplicaciones de las plataformas en la red informática; dejándo al margen del conocimiento y aprendizaje, a grandes grupos poblacionales que no tienen acceso al internet, computadoras, telefonos moviles y en no pocos casos, a la energía eléctrica.

Ante la pérdida de aprendizajes y el abandono escolar, producto de la aplicación de una estrategia tecnológica para hacerle frente a los retos que representaba desarrollar los contenidos educativos, en Chiapas, las autoridades educativas estatales, fueron incapaces de desarrollar estrategias en función de los contextos locales, dejando en el abandono y exclusión a un gran número de niñas, niños y jovenes chiapanecos, sobre todo, aquellos pertenecientes a zonas rurales y contextos indígenas. Una vez terminada la pandemia, no se impulsaron estrategias que permitieran reincorporar a los estudiantes a las aulas, la indicación para los docentes fue “tenemos que regresar a clases presenciales”, como si no hubiera pasado nada.

Evidentemente, los índices de rezago educativo, abandono escolar y reprobación en los diferentes niveles educativos, crecieron de manera significativa. Los indicadores educativos estatales, reflejan los siguientes datos:

  • 14.8% de los habitantes mayores a 15 años, no saben leer y escribir.
  • El 6.9% de la población de 06 a 14 años, no asiste a la escuela.
  • 14.4% de adolescentes chiapanecos, de 12 a 14 años, se encuentran fuera del sistema escolar.
  • 53.25% de la población de 15 años o más, tiene la educación básica incompleta
  • 72% de las instituciones de educación preescolar y primaria son multigrado (rurales e indígenas).
  • 3.8% de estudiantes de secundaria abandonan la escuela.
  • 14.3% de estudiantes que concluyen la secundaria, no son atendidos por los planteles educativos existentes en la educación media.
  • 5.5% de estudiantes en la educación media reprueban algún grado escolar.

La situación descrita no parece preocuparles a las autoridades educativas estatales, lejos de emprender acciones y gestiones institucionales para revertir la dramática situación por la que atraviesa la educación en Chiapas, escudan su ineptitud e inoperancia bajo el débil argumento de “ordenar administrativamente los procesos educativos en la entidad”.

El sistema educativo chiapaneco, necesita perfiles adecuados con la experiencia necesaria para impulsar intervenciones transformadoras, que permitan romper con estructuras organizacionales obsoletas y prácticas educativas ineficientes, que no lo han consolidado como el instrumento para dar respuesta a una de las demandas más sentidas de la sociedad, como lo es, recibir una educación integral, con equidad, para superar las desigualdades y alcanzar mejores niveles de desarrollo.

Al respecto, Eduardo Ramírez, en su Plan Chiapas Transformador 2024, señala “…Resulta prioritario sumar esfuerzos, movilizar recursos y poner en práctica soluciones innovadoras para garantizar el derecho a la educación, sobre todo en el contexto posterior a la pandemia que vino a agravar los ya altos niveles de rezago educativo.

Hay que afinar los diagnósticos y definir más acciones que favorezcan el ingreso y la permanencia de niñas, niños y jóvenes a la escuela con la finalidad de que su desarrollo intelectual y cognitivo les permita incorporarse en mejores condiciones a la vida social y al mismo tiempo propicien opciones laborales superiores…”

Es impostergable, generar propuestas que fortalezcan y consoliden una infraestructura educativa inclusiva, la conectividad de los planteles, el desarrollo profesional docente, la enseñanza y el aprendizaje, materiales educativos actualizados, oportunos e inclusivos, así como la capacitación y actualización docente contemplando la interacción escuela-comunidad.

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