Naciones Unidas y la disyuntiva civilizatoria II PARTE

Gustavo Buster

Llamamiento final para la Agenda 2030

El balance de la aplicación de la Agenda 2030 esta resumido en el informe del Secretario General Guterres “Un plan de rescate para la gente y el planeta” de 27 de abril de 2023, con un programa de acción de cinco puntos. La documentación ampliada ha sido recogida en el Informe de Desarrollo Sostenible Global, del Grupo Independiente Científico con el apoyo de las agencias de NNUU. Y finalmente, los estados miembros lo habían hecho suyo, con matices y salvaguardias, en la declaración política negociada en la Reunión de Alto Nivel sobre Desarrollo de julio de 2023 y firmada en la Cumbre de la Agenda 2030.

No cabían, por lo tanto, sorpresas sobre la urgencia de la situación, agravada por las consecuencias de la pandemia, la crisis geopolítica de Ucrania y los desastres climáticos que ya azotan sectores importantes del planeta. Las cifras del retroceso son estremecedoras. En la segunda década del Siglo XXI, 575 millones de personas viven en la extrema pobreza y menos del 30% de los países serán capaces de reducirla a la mitad en los próximos siete años. 660 millones de personas viven sin electricidad, 300 millones de niños serán analfabetos funcionales y 2.000 millones de personas carecen de energía sostenible para cocinar su alimentación. Tras la pandemia, la esperanza media de vida retrocede de nuevo.

NNUU ha hecho un llamamiento para un esfuerzo coordinado que permita en estos siete años hasta 2023 recuperar el horizonte de cumplimiento de la Agenda 2030. La clave que lo haga posible es una reforma del sistema financiero internacional que permita parar la sangría de la crisis de la deuda, hacer una ampliación de los créditos a 30 años con bajada de los tipos de interés y proporcionar anualmente 500.000 millones de dólares de crédito y ayudas. Este ingente plan financiero, que supone la superación definitiva del sistema de Bretton Woods, debe ir acompañado de una reforma sustancial de los estados nacionales, que sitúen la Agenda 2030 como el compás de su planificación y permita una transición justa hacia una economía verde y de los cuidados, con la extensión del gasto social en educación, sanidad, igualdad de género y digitalización que sea la base de un nuevo contrato social en el Siglo XXI. Para acompañar y orientar este esfuerzo sin precedentes hace falta también una reforma profunda del sistema multilateral de NNUU y sus agencias, sobre la base de que los problemas globales solo tienen solución posible a partir de la cooperación internacional.

Las razones para la reforma del sistema financiero internacional han quedado recogidas en la iniciativa del paquete de Estímulos para la Agenda 2030, que rompe la fragmentación original en el sistema multilateral entre las instituciones de NNUU y el sistema financiero internacional surgido en Bretton Woods. Se establece así una conexión directa entre los ODS y la base material necesaria para su consecución, que permitiría abrir el horizonte de una ciudadanía global que superase los efectos del neocolonialismo y del neoliberalismo.

«Ante las puertas del infierno»

Sin embargo, cualquier avance en la consecución de los ODS depende no solo de la reforma de la financiación internacional y de la capacidad de ejecución de las administraciones nacionales e internacionales, sino también de una cierta estabilización gestionable de los efectos del cambio climático. Eso es lo que ha querido establecer la Cumbre sobre la Ambición Climática del 20 de septiembre, con independencia de los marcos diplomáticos habituales de las 27 COPs celebradas desde 1995.

Según los informes científicos del IPCC, el umbral difícil pero gestionable se sitúa en un aumento medio global de las temperaturas de 1,5 Cº, que fue el adoptado como objetivo en los Acuerdos de Paris de 2015, y que solo sería posible con el fin completo de las emisiones de CO2 para el año 2050. Pero la predicción actual es que el umbral se sitúe en esa fecha en 2,8 Cº, con consecuencias incalculables en relación con los ODS. Como resultado de la crisis pandémica, la Guerra de Ucrania y la crisis inflacionaria se ha producido un aumento de las subvenciones y de la producción y consumo de las energías fósiles, que son las principales causantes de los gases de efecto invernadero, a pesar de los llamamientos de NNUU a reducir, hasta anular, las subvenciones y financiación de las energías fósiles y la transferencia de estos recursos a las energías renovables.

La disyuntiva unilateralismo / multilateralismo

El sistema multilateral de NNUU ha sido criticado por su ineficacia, en especial en relación con el mantenimiento de la paz. Pero hay que comprender que, desde la adopción de la Carta en 1945, el sistema multilateral surgido de la victoria en la Segunda Guerra Mundial sobre el nazi-fascismo y el imperialismo japonés, se ha estructurado en tres componentes de distinto balance. En primer lugar, un sistema defensivo de gestión de las crisis geopolíticas, que gestiona el Consejo de Seguridad, con derecho de veto de las cinco grandes potencias nucleares para la defensa de sus intereses estratégicos. En segundo lugar, una conferencia diplomática permanente, la Asamblea General, en la que están representados con igualdad de derechos y voto sus 193 miembros. Y en tercer lugar, el Secretariado y las agencias especializadas de NNUU, algunas con sus propias asambleas soberanas, que constituyen la administración e infraestructura de la gobernanza multilateral global.

La larga crisis de la hegemonía de EEUU y Occidental, el colapso de la URSS, y la falta de alternativas más allá de marcos regionales específicos se han proyectado también, aunque de manera diferente, en los tres pilares del sistema multilateral de NNUU. Un sistema que articula la gobernanza del sistema geopolítico y económico capitalista, al tiempo que hace frente a sus contradicciones e intenta articular a través de un programa de urgencia global los intereses de la mayoría de las poblaciones de sus estados miembros ante la crisis civilizatoria a la que nos enfrentamos. Esas contradicciones se reflejan internamente a todos los niveles en NNUU entre los objetivos propuestos, negociados y adoptados por un lado y los medios disponibles y los intereses de las clases dominantes que gestionan a nivel productivo y del estado-nación el sistema capitalista internacional. Pero estas contradicciones son objetivas y, más allá de la imposición unilateral en la gobernanza multilateral, no tiene otra salida que los cambios operados y acumulados en el propio sistema productivo y en la naturaleza de los estados-nación. Una contradicción, esta, que ya fue patente en el debate originario sobre el republicanismo cosmopolita tras la Revolución Francesa.

En un marco de competencia económica y geopolítica por el acceso a recursos escasos, la disyuntiva entre la gestión multilateral cooperativa en base al derecho internacional o la imposición unilateral de intereses mediante la fuerza abre una encrucijada que marca no solo los límites del sistema de producción capitalista dominante, sino las opciones de supervivencia concreta para grupos y sectores de población a corto y medio plazo y del conjunto de la Humanidad a largo. No otro es el mensaje final de Antonio Guterres en esta 78ª Asamblea General de NNUU cuando afirma que “se han abierto las puertas del infierno”.

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