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El ingreso en la OTAN puede suponer el fin de las socialdemocracias de Finlandia y Suecia

Heikki Patomäki

La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha sido un regalo del cielo para la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que había sido declarada «en muerte cerebral» por el presidente francés Emmanuel Macron en fecha tan reciente como 2019. Ahora, la OTAN no solo ha ganado un nuevo impulso, sino que se espera que crezca, con Finlandia y Suecia próximas a adherirse a la OTAN. De hecho, el criminal ataque de Putin a Ucrania ha conseguido mantener a Europa dentro de la esfera de la hegemonía de los Estados Unidos y, por tanto, frenar cualquier aspiración que los europeos pudieran tener de ver al continente girar hacia una mayor autonomía.

En la siguiente entrevista, realizada por C. J. Polychroniou para la revista digital norteamericana Truthout, el politólogo finlandés Heikki Patomäki ofrece una visión crítica de las razones por las que Finlandia y Suecia han optado por entrar en la OTAN y las posibles consecuencias para la socialdemocracia nórdica. Las opiniones de Patomäki han sido demonizadas por el simple hecho de ir en contra de los frenéticos dictados impuestos por los gobiernos occidentales y los medios de comunicación corporativos en relación a las respuestas adecuadas a la guerra en curso en Ucrania. Patomäki es profesor de política global y director de investigación del Helsinki Collegium for Advanced Studies de la Universidad de Helsinki. Es miembro de la Academia Finlandesa de Ciencias y Letras y autor de decenas de libros y artículos académicos.

Heikki, la invasión rusa de Ucrania ha revitalizado a la OTAN. De hecho, parece estar en marcha una nueva era, ya que Finlandia y Suecia han decidido poner fin a décadas de neutralidad y unirse a la alianza transatlántica. Hablemos de Finlandia, que tiene una larga y singular relación con Rusia debido a su historia. ¿Por qué quiere Finlandia entrar en la OTAN? ¿Existe realmente una preocupación de seguridad? ¿Cuáles son los debates internos en torno a su ingreso en la OTAN?

Una respuesta sencilla, pero muy incompleta, es que las acciones del régimen de Putin han provocado la entrada de Finlandia en la OTAN. El primer pico de apoyo a la adhesión a la OTAN se produjo en 2014-2015, pero sobre todo el impacto de la invasión de 2022 ha sido impresionante. Aunque una parte importante de la élite política lleva favoreciendo la adhesión de Finlandia a la OTAN durante años, ya sea en público o en privado, para el grueso de la población la motivación principal es ahora principalmente el miedo. La mayoría de los defensores profanos de la OTAN parecen pensar que la adhesión disuadirá a Rusia de atacar a Finlandia, lo cual, por supuesto, presupone que dicho ataque es una posibilidad inminente. A sus ojos, la alianza del Atlántico Norte es como un gran padre con grandes armas que viene a protegernos si es necesario. Creo que es un argumento bastante primitivo, aunque algo comprensible dadas las circunstancias.

Los finlandeses -al igual que muchos europeos- parecen relacionarse con esta guerra de una manera muy diferente a la de, por ejemplo, la guerra en Siria o Yemen, o las guerras en Irak (2003-2011, 2013-2017). Hay un aspecto de esto que guarda una clara relación con el eurocentrismo: Ucrania está en Europa, y esta guerra está cerca de nosotros. La distancia de Helsinki a Kiev es más o menos la misma que la de la parte más septentrional de Finlandia. La invasión de Ucrania evoca los recuerdos históricos de la Guerra de Invierno (1939-40) y a Rusia como eterno enemigo. Esta evocación constituye un momento histórico regresivo que implica recurrir a los relatos que prevalecían en las décadas de 1920 y 1930, cuando la derecha definía a Finlandia como el puesto más remoto de la civilización occidental frente a la «barbarie» del bolchevismo ruso. La concepción actual contrasta con la evolución posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando se desarrolló una nueva comprensión cooperativa del vecino oriental de Finlandia, a pesar de que los sistemas sociales eran muy diferentes. Lo que escucho ahora es la mentalidad occidental de la Guerra Fría: los rusos no sólo son intrínsecamente malos, sino que es imposible que volvamos a cooperar con ellos.

A un nivel más profundo, el impacto de la invasión rusa no puede desvincularse de procesos de cambio político a más largo plazo. Las respuestas a la invasión de Ucrania se derivan en gran medida de cambios graduales en el trasfondo de la comprensión social, las representaciones de los medios de comunicación y la retórica política, que han preparado el terreno para lo que puede considerarse un nuevo giro a la derecha que afecta a todos los partidos políticos. En la década de 1990, la identidad de Finlandia se redefinió como país occidental, y como miembro de la UE, para sustituir la idea anterior de país nórdico socialdemócrata neutral, aunque ambas coexistieron durante algún tiempo. La neoliberalización, a su vez, ha cambiado gradualmente los significados, las mentalidades, las prácticas y las instituciones en Finlandia, allanando el camino para el ascenso del populismo nacionalista-autoritario en la década de 2010 que siguió a la crisis financiera mundial de 2008-2009 y sus consecuencias, entre ellas la crisis del euro. Algunos detalles pueden ser propios de Finlandia, pero por lo demás, estos procesos son comunes en todo el mundo interconectado.

Desde 1994, Finlandia y Suecia han participado en el plan de la Asociación para la Paz de la OTAN. En particular, las fuerzas armadas finlandesas se han adaptado a los sistemas de la OTAN, lo que ha culminado en la reciente decisión de comprar a los Estados Unidos 64 cazas F-35 compatibles con las armas nucleares. En las décadas de 2000 y 2010, ambos países participaron en las operaciones de «apoyo a la paz» de la OTAN y cerraron acuerdos de apoyo a las naciones anfitrionas de la OTAN. Por lo tanto, la invasión y el consiguiente giro en la opinión pública no han hecho más que permitir y desencadenar el último paso en el largo proceso de integración en la OTAN, es decir, la adhesión formal.

¿Cómo contribuiría la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN a la seguridad europea?

A pesar del largo proceso de integración en la OTAN, el paso de la adhesión formal no es insignificante. Tiene implicaciones potenciales de gran alcance para las relaciones internacionales en Europa y en el mundo. Es probable que signifique el fin del internacionalismo progresista nórdico, al menos por ahora.

Mientras que durante la Guerra Fría los países nórdicos lograron una comunidad de seguridad pluralista y no militar entre ellos y promovieron la solidaridad y el bien común en sus relaciones exteriores, el paso de entrar en la OTAN va acompañado de la militarización de la sociedad y de la creencia en la capacidad del poder militar para prevenir la guerra mediante una disuasión superior. En última instancia, este paso se basa en la teoría de la disuasión -incluida la disuasión nuclear- que se apoya en una lógica abstracta de cálculo de actores racionales interesados y estratégicos. El cambio tiene resonancias de un cambio conceptual más amplio dirigido a la lógica de la elección racional y la optimización bajo restricciones, que es la base de la economía neoliberal dominante. El concepto de bien común o público ha desaparecido de estos debates, excepto en la forma de estabilidad que se consigue empleando la disuasión. El término disuasión significa asustar e insuflar temor al otro, al que se teme. La última forma de este tipo de disuasión es el MAD [Mutual Assured Destruction], la Destrucción Mutua Asegurada. Mientras que la neutralidad de la época de la Guerra Fría se entendía, al menos en algunos momentos, como un intento de transformar el conflicto mundial que amenazaba a la humanidad, la respuesta actual parte de una perspectiva más bien estrecha y egoísta, comprometida con la teoría de la disuasión. Además, el miedo a Rusia incluye una historia maniquea simplista sobre un héroe que lucha por la libertad y la democracia contra un imperio malvado.

Es evidente que Rusia ha iniciado una guerra altamente contraproducente, entre cuyos resultados colaterales se cuentan ahora la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN. El problema es que esta adhesión es a su vez un paso en el proceso de recrudecimiento del conflicto entre Rusia y la OTAN y, hasta ahora en menor medida, entre Rusia y la UE. La expansión de la OTAN hacia el este ha sido una cuestión clave en el conflicto que ha ido recrudeciéndose paso a paso desde la década de 1990. El problema no es sólo que la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN amenaza con agravar aún más el conflicto OTAN-Rusia. Esta decisión también reforzará la dependencia de la UE de Washington. Un problema más global es que este paso forma parte de un proceso en el que el mundo está cada vez más dividido en dos campos en la economía mundial, caracterizados por guerras comerciales y militarización de la interdependencia. La preocupación por los efectos de la expansión de las alianzas militares occidentales constituye algo ampliamente compartido no sólo en Rusia, sino también en el Este y en el Sur Global. Además, esto no difiere de la preocupación de australianos y estadounidenses por la alianza de las Islas Salomón con China. Las actuales formaciones y reformas de alianzas recuerdan a los procesos que condujeron a la Primera Guerra Mundial. Al final se cierne la posibilidad de una catástrofe militar global. Aunque esto no ocurra inmediatamente, estos acontecimientos forman parte de la evolución hacia una catástrofe en los próximos 10-20 años, a menos que se altere el curso de la historia mundial, por ejemplo, mediante un nuevo movimiento de no alineados.

Rusia ha amenazado con tomar represalias por la adhesión de Finlandia y Suecia. ¿Por qué le aterra a Rusia la entrada de Finlandia en la OTAN y cómo podría tomar represalias?

La perspectiva rusa está relativamente clara. Rusia se ha opuesto a la expansión de la OTAN en todo momento. Por ejemplo, en la década de los 90 el presidente Boris Yeltsin solía considerarse de mentalidad occidental, y sin embargo en la conferencia de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa celebrada en Budapest en diciembre de 1994, se manifestó públicamente en contra de los planes de expansión de la OTAN. En distintos contextos, Yeltsin utilizó con coherencia palabras como «humillación» y «fraude» para describir los planes de ampliar la OTAN a los países de Europa del Este (central). Aunque en 2000-2001 Putin mantuvo conversaciones sobre la posibilidad de que Rusia entrara en la OTAN, lo que parecía tener en mente era la transformación de la OTAN en algo más parecido a la idea de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

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