El Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
¿Hasta qué punto las redes y plataformas sociodigitales influyen para que un personaje adquiera rasgos mesiánicos y que sus ideas sean tomadas como verdades incuestionables? Parte de la respuesta está en la cada vez más creciente dependencia hacia la internet y los dispositivos móviles, así como en la falta de criterio y pensamiento crítico hacia la información a la que se accede regularmente.
Un mesías digital es un constructo del capitalismo de tercer orden y puede concebirse como una figura real o incluso ficticia que se vale de todo tipo de estrategias en las redes sociodigitales para posicionarse como alguien con respuestas para todos los problemas, con la capacidad de salvar, guiar o transformar a una comunidad entera.
Lo mesiánico no tiene necesariamente una connotación religiosa, ya que puede enmarcarse en los ámbitos político, económico o cultural; pero este concepto puede ayudarnos a analizar el liderazgo de influencers, periodistas, youtubers, líderes de opinión o el devenir de movimientos digitales que atraen millones de seguidores. Su nombre, rostro, frases o estilos se convierten en una marca personal.
En el mundo digital, un personaje de esta índole se presenta como un salvador y vende la idea de que sus contrapartes no tienen su calidad moral o conocimientos. Estos personajes encajan a la perfección dentro de lo que se conoce como tecnopopulismo, ya que ofrecen soluciones simples a problemas complejos y reducen los asuntos sociales, políticos o económicos en fábulas con moralejas.
En esos entramados construyen una narrativa llena de fronteras culturales: ellos contra nosotros, y dividen su mundo entre quienes entienden sus “verdades” y los que son hechos aparecer como enemigos, ignorantes o causantes de los problemas. Un mesías digital se asume poseedor de una verdad oculta que circula en los canales donde se venera su imagen.
Esta división deviene en la consolidación de una comunidad de seguidores que han perdido el criterio propio para convertirse en militantes digitales siempre prestos al linchamiento en las redes sociodigitales. Estas huestes comparten publicaciones, defienden a su líder, responden a críticos e incluso llegan a expresar tonos amenazantes. La credibilidad del mesías en cuestión deja de depender de evidencias y comienza a fortalecerse solamente por su palabra.
Para hacerse virales, estos personajes se valen de la polémica, la indignación, el humor negro, la propagación del miedo, la construcción de un sentido artificial de la esperanza o la manipulación de las emociones intensas para alimentar una relación asimétrica con sus seguidores, ya que la palabra de éstos no cuenta. Un mesías digital ofrece pertenencia, identidad, esperanza, reconocimiento y la sensación de formar parte de la transformación de la historia.
El mesías en su versión digital no necesariamente es quien tiene más conocimientos, experiencia o valores, sino quien consigue mediante su carisma que una comunidad crea que él posee un don especial y que, además, necesita seguirlo para luchar contra los enemigos reales (políticos, periodistas, académicos, iglesias, comunidades LGTB, etc.) o imaginarios.
Para ello se vale de una estética de autenticidad; y siempre busca parecer cercano, espontáneo y “diferente” de sus adversarios. Generalmente se presenta como alguien que dice lo que otros no se atreven. En este sentido, puede convertir la crítica como prueba de su superioridad moral. Cuando es cuestionado acusa febrilmente a sus oponentes de estar acosándolo digitalmente,
En síntesis, un mesías digital necesita mantener permanentemente la atención de sus seguidores y de sus enemigos; su apoteosis depende de su presencia permanente a través de publicaciones, transmisiones, videos, polémicas y hasta mentiras que mantengan su presencia. Lamentablemente, el mesianismo quedó por encima del liderazgo.










