La des-subjetivación algorítmica del ser digitalizado

La des-subjetivación algorítmica del ser digitalizado

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

¿Qué significa ser y estar en una era donde la voluntad algorítmica y las inteligencias artificiales han digitalizado casi todas las manifestaciones humanas? Responder a este interrogante implica desentrañar las transformaciones derivadas de ese dominio tecnológico que ha redefinido ontológicamente nuestros comportamientos, aspiraciones y deseos

En su arrojamiento al mundo digital la subjetividad de miles de millones de personas fue absorbida por algoritmos que responden y sugieren en nombre de éstas, así como por inteligencias artificiales que, en apariencia, cumplen órdenes. Pensar, cuestionar, analizar, debatir o retroalimentar información es un simulacro donde no cabe la disidencia; no hay conciencias en desarrollo, solo comportamientos predecibles.

Esta entrega tiene como objetivo analizar la prevalencia de los algoritmos y las inteligencias artificiales en la des-subjetivación, para caracterizar cómo transitamos de una ontología humanista hacia una ontología tecnologizada en el marco de lo que Gilles Deleuze y Felix Guattari acuñaron como sociedades de control. En esta era lo ontológico se transformó en una operación de sistemas que, en su conjunto, sustituyen la subjetividad por un sistema de datos que se actualiza en todo momento.

Este colonialismo digital hace que sea difícil de enfrentar la normalización de la autovigilancia, el consumismo, la dependencia hacia los dispositivos móviles, la dependencia hacia las inteligencias artificiales, la adicción a las redes sociodigitales, a la programación televisiva o los nuevos sentidos otorgados al entretenimiento y al uso del tiempo libre, que son síntomas de la decadencia de la ontología humanista.

En este orden de ideas, la des-subjetivación es un proceso donde el ser humano pierde su cualidad de sujeto, su voluntad de poder, su conciencia e incluso su capacidad de acción; en este tránsito se convierte en un objeto que procesa datos y que opera funcionalmente en el sistema. En esta era tecnocapitalista, los algoritmos no solo nos sugieren qué comprar, qué leer; qué serie maratonear, qué música escuchar; las estructuras de las identidades están siendo moldeadas por el consumismo.

El primer síntoma de la des-subjetivación es la fragmentación del ser; los algoritmos no interactúan con las personas, imponen información a través de una totalidad homogénea acorde con los perfiles personales. Así, la identidad cuantificada es fragmentada en datos que obedecen al tiempo de permanencia en la red y al historial de búsqueda que es como una biografía digital.

Como señala el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, los algoritmos operan bajo una lógica de positividad y transparencia; al “predecir” lo que queremos, se elimina la negatividad del encuentro con lo inesperado. Las inteligencias artificiales dominan los actos de elección y éstos se convierten en una ilusión que es aprovechada por el sistema de producción capitalista para posisionar todo tipo de productos o servicios.

En síntesis, el sistema toma decisiones basadas en lo que conocemos ahora como el doble digital, es decir, sujetos aparentemente autónomos de tienen capacidad de elección, pero que a la vez están condicionados por lo que las IA y los algoritmos les ofrecen. La des-subjetivación algorítmica podría detenerse en cuanto el ser en su totalidad ontológica decida por sí mismo, habite a plenitud su cuerpo y sea impredecible para el sistema.

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