El Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
¿Qué significa ser y estar como docentes o alumnos universitarios en un sistema abarrotado de redes y plataformas digitales, narrativas mediáticas, un consumismo exacerbado y la cada vez mayor dependencia hacia los dispositivos móviles y las inteligencias artificiales? Es vital, ontológicamente hablando, que la comunidad académica analice los efectos de la digitalización de la subjetividad en el ámbito educativo.
El empuje tecnológico transformó las experiencias de los universitarios a través de infinitud de contenidos digitalizados en formato PDF, aplicaciones móviles, clases en línea o video conferencias que, en apariencia, fortalecen su capacidad de aprender. Sin embargo, ese entorno digital está repleto de imágenes y narrativas que debilitan el análisis o el pensamiento crítico.
Ante este panorama es pertinente analizar las consecuencias del impacto de la tecnología en la formación profesional; la información en la red es infinita y eso influye para que no sea procesada con calma. Los estudiantes acceden a fuentes de información no confiables y es común que copien y peguen datos en sus textos sin que vaya de por medio el análisis o el pensamiento crítico.
En la web existe una amplia gama de repositorios académicos como Dialnet, Redalyc, Agora, Scientific Commons, Scielo, entre otras, que albergan libros, capítulos de libros o artículos arbitrados. Sin embargo, las navegaciones, consultas y descargas son hechas en su mayor parte por investigadores o por estudiantes de posgrado que se están formando para tal efecto.
La prevalencia de lo tecnológico abrió mi interés desde hace más de una década por analizar no solamente su impacto en el aprendizaje, sino identificar los usos de los dispositivos móviles donde prevalece principalmente un marcado interés por el entretenimiento. El acceso a las redes sociodigitales, las plataformas musicales, los canales de videos o el consumo de series y películas marcan el ritmo del uso del tiempo libre.
El ente digitalizado es síntoma del desdibujamiento de la parte ontológica en la dimensión educativa, el acto formativo tiene por delante un sistema que ofrece más opciones de entretenimiento que educativas. Este modo de alienación influye en el desinterés de los jóvenes por aprovechar los recursos educativos existentes en la web; hay una pérdida de conciencia en cuanto a cómo es ser y estar en un sistema que opera a través de la manipulación de los deseos y la exacerbación del consumo.
En este orden de ideas, el poder del capitalismo lega a tal grado que ya no es percibido como un sistema, porque simple y sencillamente es parte de la vida cotidiana, ya no hay ni siquiera la necesidad de nombrarlo. Lamentablemente la educación superior transitó del carácter disciplinario al de sociedad de control: docentes y estudiantes reproducen por sí mismos estos patrones impuestos algorítmicamente.
Herramientas como el Google Classroom estandarizan los modos de vinculación entre docentes y alumnos a través de un pretendido sentido de orden y sistematización de la información; la comunidad académica en su conjunto queda sometida a un orden al que Michel Foucault denominó Tecnologías del yo. Los consumidores de esa gama tecnológica quedan fragmentados debido a que lo prevaleciente es el consumo de productos e ideologías.
Los estudiantes se nutren de fragmentos de información emanados del orden imperante; lo que conocemos como capital-nube supedita a la educación superior y los posgrados mediante parcelas donde predominan posverdades matizadas como contenidos confiables. Hay un desaprovechamiento de los recursos digitales para la formación profesional; estos son sustituidos por el goce del tiempo libre en la red.
No es posible separar el aspecto técnico del social, porque estamos ante un fenómeno individualizador que absorbe el tiempo libre y que impone sutilmente el predeterminismo del sujeto. Por si fuera poco, el sistema recaba todos los datos biométricos y psicológicos posibles para hacer entrar a los universitarios en un régimen cuyo ritmo es marcado por la meritocracia.
Este régimen bio y psicopolítico privilegia la satisfacción instantánea que otorgan el entretenimiento y el acceso a las redes sociodigitales; estamos ante un sistema alienante donde hemos sido despojados de formas enriquecedoras de educarnos y de pasar el tiempo. Es necesario consolidar colectivamente estrategias para que ese mundo digital sea una herramienta y no un sistema que instituya cómo debemos ser en todos los ámbitos.










