La pobreza en los comicios

La pobreza en los comicios

 

Mtro. Esdras E. Cruz y Cruz.

A unos días de las elecciones denominadas históricas las candidatas y los candidatos construyen sus propuestas las más señaladas son basadas en las críticas y descalificaciones de sus adversarios políticos y otros en la estigmatización de la pobreza; específicamente en si votas por mí los programas sociales, especialmente los dirigidos a la población en pobreza, continuarán y hasta se fortalecerán; o al contrario, si no votas por mí, dichos programas se suspenderán, estas propuestas por demás, indecorosas, inapropiadas y lo más grave, inconstitucionales ya que hoy en día la asistencia social se encuentra resguardada y protegida precisamente para no ser usada discrecionalmente por las y los candidatos que buscan únicamente de manera inmoral usar y abusar de las necesidades de la población más desamparada e ignorada durante más de dos siglos en México.

La pobreza es donde abreva el clientelismo, esto lo han tenido claro todos los gobiernos que han asumido el poder en los últimos 40 años; ¿cómo asegurar esto?: los recursos económicos dedicados a los programas sociales desde su institucionalización han sido cuantiosos, ya que la población objetiva se cuenta por millones y constituyen una porción importante del padrón electoral; el asistencialismo entonces es una actividad política orientada a resolver problemas sociales, en lugar de la generación de soluciones estructurales, esta actitud política nunca ha sacado al país de la pobreza, al contrario pudiéramos afirmar que la ha aumentado, quedando al descubierto sin duda alguna por lo menos de mi parte que hoy en día los programas sociales solo han provocado dividendos o réditos para los políticos, es una práctica que sirve para crear una base de apoyo a los gobernantes que la han adoptado.

¿Vale la pena entonces mantener en México como una prioridad la “política de bienestar” ?, esta pregunta desde la perspectiva del desarrollo no vale la pena, pero si desde la perspectiva electoral, sin embargo, la premisa que todo gobernante quiere es el mantener la popularidad y el apoyo para que su proyecto de nación tenga la mayor aceptación y permanencia posible; en los últimos 6 sexenios no ha sido eficiente la creación de programas de transferencias monetarias a pesar de que en su conjunto cuentan con un padrón de beneficiarios de más de 30 millones de personas y más de un billón doscientos cincuenta mil millones de pesos durante todos los años activos de los programas sociales.

La población que se encuentra en situación de pobreza continúa por encima del 52%, en el país hay más de 20 millones de pobres que en 1992, los niveles de desigualdad han crecido en el mismo periodo; el impacto que han tenido las políticas sociales implantadas de transferencias monetarias en la disminución de la desigualdad por ingresos ha sido nula, es decir, con todas sus letras: HA FRACASADO LA POLÍTICA SOCIAL EN MÉXICO. Mientras que en el promedio de la OCDE la disminución de la desigualdad por ingresos es del 27%, en México ni siquiera el 1% de reducción a la desigualdad se ha obtenido.

Cabe rematar que en los últimos años se han aumentado los recursos de los programas sociales y el poder redistributivo de las políticas gubernamentales, sin embargo, los coeficientes de Gini han disminuido. Es decir, el estado continúa sin responsabilizarse de sus obligaciones como un generador de bienestar para todos y todas los mexicanos, al contrario los grandes problemas de México transitan en la ignorancia flagrante de la deuda histórica del estado mexicano con su pueblo en términos de protección social: ¿cuándo se debatirán en serio las propuestas existentes sobre un sistema universal de salud que acabe con la estratificación a este derecho, cuando se debatirá en serio el problema de la impunidad en México? ¿Cuándo se debatirá en serio la inseguridad provocada por la creciente delincuencia organizada’ ¿cuándo se debatirá en serio la desigualdad y la pobreza social en México?, y ¿cuándo se debatirá en serio un nuevo federalismo con un trato desigual a desiguales que promueva una buena política económica y genere oportunidades de desarrollo y bienestar a todas las regiones del país.

Hay una frase consensada por diversos políticos y académicos, entre estos, algunos de izquierda: “La mejor política social es una buena política económica”; es decir, es sine qua non un buen desempeño de la política económica para generar bienestar, obviamente los gobiernos anteriores a este generaron economía, pero esta no fue suficiente aun cuando esto pudiera entonces parecer contradictorio que aún con crecimiento la política social no ha tenido éxito, significaría en mi opinión que además de un buen desempeño de la política económica el Estado tiene la responsabilidad mas allá del buen manejo económico, tiene la obligación de establecer una política de desarrollo equilibrada del país. Es por eso que vale la pena revisar la política social desde la perspectiva de los próximos comicios y la conformación de la cámara baja o cámara de diputados.

El principal esfuerzo que debe hacerse es la unificación de todas las fuerzas políticas al combate a la pobreza, a la desigualdad y al clientelismo en la política social, dar a la política social el valor supremo de igualdad y justicia para la población más vulnerable y sin regat4eos proponer la conversión de una sociedad igualitaria mediante la igualdad de oportunidades en la generación de desarrollo de infraestructura productiva y de empleo para desplazar de manera gradual la desigualdad y pobreza en México mediante un sistema de administración pública que planee, vigile y supervise el ejercicio del gasto direccionado a estas tareas de bienestar pendientes están lejos de ser universales, como por ejemplo: la educación aun no alcanza los estándares de calidad deseados y resulta muy desigual.

La actual debilidad de las finanzas públicas obligan variantes ingeniosas, pero sobre todo, las que están por encima de los intereses políticos y de proyectos personales a los de interés mayor que es el interés público de todos los mexicanos hoy en día 75 de cada 100 mexicanos que nacieron en hogares en situación de pobreza morirán en la pobreza, la desigualdad económica prevaleciente en nuestro país no es por falta de esfuerzo, ganas, trabajo, dedicación, capacidad o pereza o flojera; los institutos de investigación social, los centros de estudio de movilidad social precisan que al menos 48% de la pobreza se explica por la desigualdad de oportunidades, el 46% por la riqueza del hogar de origen, el 11% por región de origen, 18% por grado de educación de los padres y 11% por la localidad urbana y grado de educación de los pobres.

La narrativa sobre la pobreza implantada en el imaginario del pueblo de México, particularmente en el sur sureste produjeron una imagen estereotipada que define a los pobres como seres inferiores, exageran diferencias entre ricos y pobres y lo que es peor se ha fijado la idea que los pobres deben ser administrados por el gobierno ya que es en beneficio y provecho de ellos, este discurso transmitido desde el poder político y económico ha generado arraigo en la vida social, provocando asimetrías extremas; privilegios basados en el estatus social y polarización entre ricos y pobres, entre gobierno del norte ver los del sur, preocupando pero no por eso ocupándose los políticos a cargo del bienestar democrático de nuestra nación.

Me permito expresar mi hipótesis con mucha puntualidad, el daño y trato injusto, la estigmatización de la pobreza de manera dolosa, perversa y negligente los deméritos que se le hacen al México pobre y al pobre de México; responsabilizar o culpar al pobre por ser pobre es un gran desacierto, error y delito grave. Tipificar a los pobres como ciudadanos de segunda, como lastre y hasta se les achaca e insinúa que la violencia la propician los pobres, no son más que maniqueísmos que tienen un propósito, que estos asuman la culpa de su condición y absolviendo de esta a los poderes políticos y económicos y gobiernos que lo representan y eligieron para su bienestar.

Esta narrativa inmoral y perversa ha reducido a los pobres de México en perdedores de su dignidad, derechos civiles, los ha convertido en cargas económicas de las finanzas públicas y en algunos casos en un pueblo invisible, sin voz; la criminalización de la pobreza le arrebató al pueblo su dignidad y su valor, su importancia y su valentía, eso sí, no logró quitarle su voto, este último ¡caray! No se lo arrebataron porque justifica y fundamenta la asunción del poder del partido triunfador por el voto mayoritariamente proveniente de la pobreza, de la población marginada y rezagada.

Así el paternalismo, el asistencialismo, justifica que los pobres pueblo, bueno o sabio como también se le dice, necesita ser administrado y guiado por el gobierno.

El estigma de que el pobre requiere del gobierno y el gobierno asiste al pobre y para tal efecto es la construcción de programas sociales para apalear y sacar de la pobreza es falso de toda falsedad es un mito que se toma como real por el pueblo, a pesar de ser contrario a la realidad. Que quede claro y que suene fuerte ¡los beneficiarios de los programas sociales especialmente los dirigidos a combatir la pobreza, que son tipificados como personas que no buscan salir adelante, mantenidos por el gobierno, que no quieren trabajar, que se encuentran muy cómodos por estos beneficios, lo digo y lo sostengo, es una percepción equivocada.

La intención de esta nota es la de clarificar y posicionar en la mente tanto del gobierno como del pueblo que es un error creer que se desea, que se busca, que es del interés de la sociedad vulnerable, dependiente del gobierno y concluyo, al contrario, es el gobierno quien desea que el pueblo dependa del estado, para mayor objetividad, chéquese los ingresos per cápita que recibe todo aquel beneficiario de los programas sociales: ningún importe en la historia de los programas en comento combaten a la pobreza; estos han sido insuficientes para desincentivar las ganas de buscar un buen trabajo o no esforzarse para mejorar su situación económica.

Concluyo, la desigualdad económica y social del país no es por falta de ganas o de las capacidades de los mexicanos, la desigualdad se explica por la desigualdad de oportunidades, candidatos a gobernadores, presidentes municipales, diputados federales y locales, no más discursos de ocurrencias, de frases pegajosas, de criterios populistas y asistencialistas; ya no se puede seguir manejando, perdón administrando al país, al estado o al municipio con propuestas fantasiosas e irresponsables no más rollos y promesas. ¡Basta! Basta de pobreza de ideas, es el México del diagnóstico, el México con apetito de propuestas profesionales, serias, institucionales, reflejándose la realidad de las finanzas públicas, de las necesidades claras de infraestructura, de desarrollo, de salud, de educación y de empleo, con pelos y señales, con números escrupulosos y meticulosos, con pronunciamientos serios, debates de ideas y propuestas no con criticas y sarcasmos políticos, es justo redistribuir las oportunidades.

El desafío de estos comicios es romper la pobreza… ¡de ideas!

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