Las universidades, un baluarte para el cambio social

Las universidades, un baluarte para el cambio social

 

Dr. Gilberto de los Santos Cruz

Las Instituciones de educación superior públicas de nuestro país han sido baluartes de las luchas contra el autoritarismo gubernamental y en favor de la democratización y el cambio social en México. A sus contribuciones permanentes en los ámbitos de la generación y transmisión de conocimientos y de la extensión de la cultura, se suman intervenciones de carácter político que han venido marcando la historia de México desde las luchas por la autonomía en 1929.

Recordemos sólo algunas de las más importantes. Desde los años cuarenta se dieron las luchas encabezadas por la FECSM, en las normales rurales, y las del Instituto Politécnico Nacional en resistencia contra el desmantelamiento de la educación superior popular. En los sesenta, las estudiantiles universitarias de Sonora, Michoacán, Sinaloa, Oaxaca y Puebla. en defensa de las universidades, apoyo a luchas sociales y contra la represión, casi todas estas luchas, reprimidas por el ejército. Destaca por supuesto el movimiento estudiantil por las libertades democráticas de 1968 y la diáspora de movimientos sociales y proyectos democratizadores y revolucionarios a los que dio lugar.

Entre ellos estuvieron también los intentos de democratización de escuelas, facultades y universidades en los años sesenta, así como la construcción de sindicatos democráticos e independientes del corporativismo mexicano, en casi todas las universidades del país; el apoyo a luchas sindicales y movimientos campesinos; y por supuesto las luchas por la defensa de los derechos humanos, contra la represión, la tortura, las desapariciones forzadas y los asesinatos políticos.

Una de las primeras acciones de resistencia contra el ajuste estructural y las incipientes políticas neoliberales se dio en la UNAM, con el movimiento del Consejo Estudiantil Universitario, en defensa de la gratuidad, la ampliación del acceso y la permanencia de los estudiantes en la Universidad. Desde entonces se rechazó con gran fuerza el uso de conceptos empresariales como la excelencia y la calidad, discurso que dio marco a las políticas eficientistas y privatizadoras en el ámbito de la educación superior.

La participación masiva de los universitarios ha marcado los procesos electorales, desde 1988,1994 y 2000. Las preferencias electorales de estudiantes y profesores masivas a favor de Andrés Manuel López Obrador en 2006, 2012 y de manera especialmente contundente en 2018. En este contexto se dieron también nuevas luchas en defensa de la gratuidad, en 1999, y por la equidad electoral, con el #yosoy132, en 2012.

Por supuesto, es necesario dar cuenta de las grandes luchas contra la represión en Iguala, por justicia y la presentación con vida de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, que ha tenido su base principal en las normales rurales y las universidades públicas. Muy recientemente tenemos los movimientos estudiantiles en la UNAM, y en otras universidades en contra de la violencia y la inseguridad, por la equidad de género, por la democratización de las universidades y en favor de la ampliación de la matrícula universitaria y la gratuidad.

 

 

Ajuste estructural y neoliberalismo

Desde los años ochenta, las universidades públicas han sido objeto de fuertes presiones y limitaciones presupuestales impuestas por los gobiernos neoliberales. Con la excepción de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México no se ha creado ni una sola universidad pública autónoma. Se castigaron los salarios de los académicos y se instalaron sistemas de pagos por méritos (estímulos y SNI) que han estratificado profundamente a las plantas de profesores y han generado efectos perversos en la actividad académica de las instituciones.

Las universidades públicas mexicanas no han sido nunca espacios homogéneos y monolíticos. En ellas se ha reproducido el autoritarismo y la antidemocracia que ha caracterizado al sistema político mexicano. Muchas han sido controladas durante décadas por grupos de poder y familias bien identificables. Históricamente, a su interior, se han dado disputas permanentes por la democratización, la rendición de cuentas, la transparencia y el acceso a la información, con avances diferenciados en cada una de las instituciones. Miles de universitarios han levantado estas exigencias y han luchado por transformar a las universidades desde adentro, haciendo un pleno ejercicio de nuestra autonomía y exigiendo el cese de la complicidad o la intervención gubernamental.

Con todas sus contradicciones internas, las IES públicas mexicanas, los estudiantes, profesores y trabajadores que las hacen posibles, han sido precursores y actores permanentes del cambio democrático en México. No es posible olvidar que cualquier intento de transformación del país tiene que apoyarse en estas instituciones. Por un lado, es necesario revertir la contención neoliberal impulsando proyectos de expansión de la matrícula, pública y autónoma, en las instituciones existentes y en otras nuevas, que ofrezcan a miles de jóvenes más las mejores condiciones y los más altos niveles de formación. Por otro lado, es importante asumir que las universidades públicas autónomas son hoy unas de las instituciones más sólidas, preparadas y progresistas del país. Que tiene que aprovecharse su potencial para hacer propuestas y construir alternativas, pero sobre todo aceptar y promover su enorme capacidad crítica, fundada en el conocimiento que generan y transmiten y también en la gran autoridad que la sociedad les confiere.

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