Letras desnudas
Mario caballero
He visto la entrevista que un medio de comunicación local le realizó a Roberto Albores Gleason de manera virtual. Omitiré el nombre de esta empresa por motivo de que se me hace poco ético y elegante tratándose de que es la competencia de la casa periodística para la cual laboro desde hace varios años.
A la verdad, es bastante ridícula, por decir lo menos. Por un lado, las respuestas del ex candidato al gobierno del estado, y ahora también ex priista, representan la típica práctica del autoelogio. Además que Roberto Albores no tiene la mínima capacidad de hilar una sola oración sin proferir una muletilla cada cinco segundos y sin repetirse constantemente. Fueron ocho preguntas en total y en casi todas ellas se dedicó a decir una y otra vez el contenido de su carta de renuncia al PRI. En pocas palabras, es desbordante su falta de ideas.
Por otro lado, sus entrevistadores estuvieron a modo, nunca lo rebatieron y se esforzaron por no importunarlo con sus cuestionamientos. En lugar de cumplir con su función de periodistas, fungieron como sus apologistas, sus propagandistas. En casos como éste, donde el entrevistado es un personaje cuestionable, siempre es preferible cuidar el prestigio que servir de tapete.
LA ENTREVISTA
En este espacio trataré de hacer lo que mis colegas no hicieron: objetar las respuestas del “cachorro”, como también le llaman al hijo del exgobernador Roberto Albores Guillén.
La primera pregunta fue: ¿qué motiva a Roberto Albores Gleason en la política?
Respondió: “Mi motivación es porque creo que la política es el instrumento para transformar a la sociedad, para mejorar la calidad de vida de la gente, para generar empleo, para combatir la pobreza”.
Estoy de acuerdo con su apreciación de que la política es el instrumento para transformar a la sociedad y mejorar la calidad de vida de la gente, pero miente al decir que es su motivo de participación política.
Durante los años que fungió como secretario de Estado en la administración de Juan Sabines Guerrero, no impulsó ninguna acción, ni ninguna política pública en aras del obtener el bienestar de los chiapanecos. Todo lo contrario, como mencionamos en una entrega anterior, se dedicó a favorecer las empresas de su familia y a impulsar sus proyectos políticos. (Se puede leer aquí: https://diariodechiapas.com/opinion/letras-desnudas/la-patetica-renuncia-de-albores/).
Por si fuera poco, en el tiempo que se desempeñó como diputado federal y senador de la República, tampoco se le conoció alguna iniciativa de ley, propuesta o gestión para atender el tema migratorio, fortalecer la actividad turística del estado o promover oportunidades para el desarrollo integral de los jóvenes de Chiapas, y eso que en el senado fue integrante de las comisiones de Relaciones Exteriores, de Turismo y de Juventud y Deporte.
Es más, siendo presidente de la Comisión de la Medalla Belisario Domínguez, buscó siempre entregar el galardón a personalidades que tenían alguna relación con el PRI, con el presidente Peña Nieto o con su padre.
Vayamos a la segunda pregunta, en la que lo cuestionaron sobre la decisión de marcar distancia después de la elección de 2018.
Su respuesta fue: “Decidí dos cosas. La primera, seguir preparándome porque yo creo que debemos de aprender de las experiencias de otros lugares, de otros países, ver qué políticas públicas se están haciendo bien y ese ha sido un caminar de mi trabajo privado. He estado enfocado en prepararme para Chiapas, en traer propuestas para encabezar causas. La segunda, fue estar más cercano a mi familia, a plenitud de mi paternidad. Principalmente, mi objetivo es proponer y también generar con las y los chiapanecos propuestas y encauzar causas, pero también retos que debemos sacar adelante”.
Su respuesta suena más a pretexto y excusas que a una verdadera razón. Sobre todo, porque su distanciamiento de la política fue abrupta, inmediatamente después de perder la elección. Y no sólo se fue de Chiapas, sino del país. Se respeta que haya querido seguirse preparando académicamente y pasar más tiempo con su familia, pero todo el mundo sabe que huyó.
Confiesa, también, que lo que siente tras esa derrota es “un profundo agradecimiento a los simpatizantes del PRI, del Verde y de los electores independientes”. Pero, en honor a la verdad, nadie vio que le agradeciera a alguien. Por ejemplo, no hizo ninguna gira de agradecimiento a toda esa gente que lo apoyó y votó por él. Simplemente, los abandonó. Dejó tirado el partido. Como se dijera en términos boxísticos: se fue por piernas.
Respecto a la pregunta “¿qué lección de aprendizaje te dejó haber participado en un proyecto a la gubernatura de Chiapas que no te favoreció?” (sic), respondió:
“En términos personales, soy una persona más madura. Las derrotas a veces uno piensa que son determinantes y a veces te dan muchísimo aprendizaje, mucho crecimiento. De entrada, estoy a plenitud con mi familia, estoy aprendiendo, estoy disfrutando mi paternidad con mi hijo y con mi hija. Tengo la oportunidad de estar más sereno, de atender las problemáticas de Chiapas desde otra perspectiva y eso me ha dado mucha madurez. Estoy agradecido de todos estos años porque también soy optimista, hay que salir adelante, hay que hacer alianzas, nos debe empujar, a todos los que nos dedicamos a la política en Chiapas, que Chiapas se transforme”.
¿Dónde está su madurez? Si, nada más como ejemplo, las entrevistas que ha concedido para algunos medios locales las ha realizado vía remota. No tiene el valor civil de presentarse en el estado. Además, ¿puede llamarse madurez el hecho de que se hizo presente hasta ahora que están por arrancar los tiempos electorales? De ninguna manera, eso se llama oportunismo.
Aparte, aquello que sugiere de que a él como político lo empuja la transformación de Chiapas, es una farsa. Chiapas nunca le ha interesado. Lo menosprecia. Prueba de ello es que nunca trajo a su familia a vivir aquí, su lugar de residencia lo intercala entre la Ciudad de México y Mérida. Y las veces que ha vuelto al estado lo ha hecho en calidad de bohemio, por decirlo suave, ya que sólo ha venido a emborracharse con su círculo cercano de amigos.
LA PREGUNTA FINAL
Por cuestión de espacio, no abordaré todas las respuestas de Roberto Albores Gleason, pero cerraré este artículo con la que dio a la pregunta de por qué dejó al PRI.
Dijo: “No veo en el partido que sean interlocutores válidos con la sociedad”.
Antes había dicho en ese mismo sentido: “Lo que yo veo es que no hay un interés (del PRI) por acercarse a la gente, de acercarse a los liderazgos genuinos… han recaído en contradicciones de proyectos…”.
Por lo mismo, afirma que su objetivo es “impulsar un movimiento de propuestas de causas por crear empleos, y esto es lo que voy a estar caminando estos meses”.
Pregunto, primero, si dice que el PRI no es un interlocutor válido con la sociedad, ¿lo fue acaso estando él al frente de este instituto? No. Testimonio fiel es que durante su dirigencia el partido perdió decenas de municipios y pasó a ser la cuarta fuerza política en el estado, cuando antes era la primera.
Segundo, ¿cuál movimiento de propuestas?
Que se engañe el que quiera dejarse engañar. Si ni siquiera tiene el valor de poner un pie en Chiapas, ¿cómo encabezará dicho movimiento? ¿De manera virtual, así como hace con sus entrevistas? Y si no pudo con el PRI, menos que pueda con Chiapas. Patético.
Twitter: @_MarioCaballero










